14 sept. 2013

Ideas sobre la Música, a partir de Queen

Queen es una de esas bandas que uno no puede escuchar sin pensar, mientras tanto, en su magnitud, calidad, importancia, trascendencia, etcétera. Es una bestia musical que derriba a cualquier oyente que quiera disfrutar de su arte. Esto está fuera de discusión.

Hace unos días mi mente se centró en Freddie por un lado, y en Brian, John y Roger por el otro. De este pensamiento surgió surgió en mi una idea acerca de una particularidad que posee la música, ausente en el resto de las artes o disciplinas. Se trata de la posibilidad de escisión entre la composición y la interpretación, entre la preparación de la obra y la demostración de lo que se ha logrado componer. No he descubierto la pólvora, pero comprender la música de esta manera, nos permite valorar con justicia a los artistas.

Comencé hablando de Queen, porque es una de las bandas en las que más se habla de la grandeza de Freddie por un lado, y de los otros miembros, por el otro. Y si bien es cierto que Freddie, como se dice en la jerga, "se comía el escenario". También lo es que tenía a su lado a tres verdaderos talentos de la composición y, también, de la interpretación.

Acá es donde surge la comparación entre la Música y las otras artes o disciplinas. En la pintura, el artista, una vez finalizada la creación, no debe hacer más que mostrarla a su público. El arquitecto, terminada la obra, la presenta y somete a la crítica. En otras palabras, todos son artistas o profesionales, pero en el músico, la interpretación es fundamental para el éxito de la obra, traducible en perdurabilidad, cantidad de oyentes, vigencia, influencia para otros músicos, etcétera. En el campo de la Música, el artista debe realizar un doble esfuerzo, o un esfuerzo magnífico, si desea trascender, ya que no se trata solamente de componer y de crear una obra maestra, sino que su éxito depende también de la manera en que la interprete cuando la transmita a su público.

Y creo que en este punto es donde se puede diferenciar al simple oyente del melómano. El primero, solamente se queda con la interpretación. Con lo que se muestra como producto terminado. En base a ello, critica, toma, deja, ignora o se enamora. En cambio, el melómano se emociona, en principio, con la interpretación, con el mismo producto que el simple oyente, pero luego levanta la baldosa para saber qué es aquello que la mantiene tan fija al suelo. El melómano necesita conocer los cimientos de la obra. Precisa saber quién ha sido el responsable de tal maravillosa canción, de tal disco, o hasta de un arreglo, por pequeño que sea. Necesita saberlo para admirar al artista como es debido.

Fue Queen la banda que despertó en mí esta idea, porque es una de las agrupaciones en las que más se suele elevar a su líder por encima del resto, menospreciando, involuntariamente y sin mala intención, claro está, a los tres talentos que lo acompañaban. Alcanza con investigar un poco, o prestar atención a los videos que se han capturado de sus presentaciones en vivo, para notar que si bien Freddie es un verdadero animal arriba del escenario, que opaca naturalmente al resto por su intensa actitud, Brian, John y Roger son tan responsables como él de todo ese vendaval de corcheas que era expulsado desde el escenario, con tanta fuerza y precisión.

En el plano de la interpretación, Freddie era un camión que arrasaba con todo. Pero en el plano compositivo, todos se encontraban en un pie de igualdad. Todos fueron los causantes de esa música que tanto amamos, de esa banda llamada Queen.






9 sept. 2013

Prisionero


“[...] Y era serio, en efecto. Marius se hallaba en esa primera hora violenta y deliciosa en que comienzan las grandes pasiones. Una mirada había hecho todo esto. Cuando la mina está cargada, cuando el incendio está pronto, nada es más sencillo. Una mirada es una chispa.
Era una cosa hecha. Marius amaba a una mujer. Su destino entraba en lo desconocido.
La mirada de las mujeres se parece a ciertas maquinarias, tranquilas en apariencia, pero formidables. Pasamos a su lado todos los días tranquila e impunemente, sin sospechar nada. Pero llega un momento en que incluso olvidamos aquello que está allí. Se va, se viene, se sueña, se habla, se ríe. De pronto, nos sentimos presos. Todo terminó. La rueda nos detiene, la mirada nos ha hecho caer en la trampa. Nos ha apresado, no importa por dónde, ni cómo, por una parte cualquiera de nuestro pensamiento que se arrastraba sin objeto, por una distracción que hemos tenido. Y estamos perdidos. Un encadenamiento de fuerzas misteriosas se apodera de nosotros. En vano nos resistimos. No hay socorro humano posible. Vamos a caer de engranaje en engranaje, de agonía en agonía, de tortura en tortura, nosotros, nuestro espíritu, nuestra fortuna, nuestro porvenir, nuestra alma; y según nos hallemos en poder de una criatura malvada o de un noble corazón, no saldremos de esta espantosa máquina sino desfigurados por la vergüenza o transfigurados por la pasión".

Fragmento de "Los Miserables", de Victor Hugo. Tomo II, Libro Sexto, Acápite sexto.