14 may. 2014

La quiosquera de la calle Uruguay


Mientras uno va "haciendo Tribunales", como habitualmente denominamos a esta actividad que consiste en ir de Juzgado en Juzgado procurando pequeñas gotas de justicia al estilo protagonista de "El Proceso", de Franz Kafka, se ve obligado a conocer gradualmente todos los cafés, quioscos y comercios presentes en la zona, porque se tornan necesarias las compras al paso.

Hace tiempo ya, que todos los productos que puedo comprar en un quiosco, los adquiero en el mismo lugar. Desde la oficina hasta este quiosco, ubicado en Uruguay, entre Tucumán y Lavalle, debe haber por lo menos otros seis o siete, pero siempre voy al mismo, aunque no me quede siempre de paso. Realmente, no sé si vende más caro, igual o más barato que el resto, pero hay algo que me atrae de ese lugar.

Y eso que me atrae está a la vista de todos aquellos que somos capaces de disfrutarlo: la dulzura con la que esa mujer recibe a cada uno de los clientes que entran a comprar a su local es un verdadero tesoro. En un mundo donde nos miramos cada vez menos a los ojos y por el cual deambulan zombis aggiornados mirando las pantallas de sus celulares y generando comunicación basura minuto a minuto, estas actitudes adquieren un valor relativamente mayor. La valoración de los pequeños gestos y actos, que son los terminan nutriendo la mayor parte de nuestro día a día. De eso se trata.

Hoy por la mañana, le comenté el motivo por el cual siempre acudo a comprar a su local, porque aunque seguramente se lo habrán reconocido anteriormente, no debemos permanecer callados ante personas tan nobles como ella.

Si con un saludo de buenos días, un comentario agradable, una sonrisa o un chiste, el otro nos transmite amor y mejora nuestro día, comunicarle nuestro beneplácito se transforma en un deber moral.

El día continúa, ya de vuelta en la oficina. El buen trato que esta mujer me propinó hoy, no va a aligerar ninguno de los juicios pendientes, ni lograr un acuerdo en un juicio controvertido, ni generará que un expediente salga más rápido que otro del despacho en el que se encuentre, ni que las cédulas de notificación regresen a mi poder en tiempo oportuno y antes de las audiencias, pero cuánto ayuda para alimentar el alma. Éste, y cada uno de los pequeños -pero hermosos- actos y gestos de los que somos receptores. De esos que nos recuerdan que todavía, y afortunadamente, necesitamos seguir demostrando que somos humanos.


6 may. 2014

Desde Santa Clara del Mar hasta Sierra de los Padres, en bicicleta


Sábado gris y lluvioso en Santa Clara del Mar. Después de haber ajusticiado un café y un chocolate, me dieron ganas de relatar el viaje en bicicleta realizado ayer.

Como he mencionado en anteriores entradas: la idea de estos relatos es que cada vez más personas se suban a la bicicleta y sepan cuáles son los lugares que se pueden recorrer, en atención a su nivel de preparación y estado físico. También trato de ser lo más descriptivo en cuanto a los caminos que hay que tomar en cada caso, aunque en esta ocasión el recorrido es más que sencillo.

Los puntos unidos fueron, esta vez, Santa Clara del Mar, Mar del Plata y Sierra de los Padres. Un total de 90 km. (ida y vuelta) muy agradables para recorrer en bicicleta.

Partiendo desde la hermosa ciudad costera de Santa Clara del Mar, tomando la ruta 11, luego de unos 12 km, llegamos a Mar del Plata. Este tramo es el más bonito del recorrido, porque la ruta 11 presenta, sobre su izquierda y bordeando los acantilados, una bicisenda que nos permite andar con total tranquilidad, con los autos bien lejos, respirando el aire del mar, sin el ruido de los motores y admirando un bonito paisaje.











Una vez que llegamos a Mar del Plata, ésta nos recuerda por qué es una ciudad inmensa y con vida durante todo el año. “Una especie de Buenos Aires con mar”, dirían muchos. Atravesamos la ciudad, tomando la Av. Independencia, hasta llegar a la Av. Luro. Una vez allí, doblamos hacia la derecha y no hacemos más que pedalear siempre en la misma dirección, hasta llegar a Sierra de los Padres. Cabe aclarar que la Av. Luro, se transformará luego en la ruta 226. La circulación en bicicleta se encuentra prohibida, como en toda ruta nacional, aunque el camino cuenta con una generosa banquina, que nos permite pedalear a unos cuántos metros del camino principal.







Cruzaremos primero el ingreso a la Laguna de los Padres, y continuando unos kilómetros más, llegaremos a la entrada a Sierra de los Padres.

Allí contaremos con numerosos comercios para comprar tanto recuerdos, como alimentos, parar a comer en algún restaurante, o simplemente admirar la belleza del lugar.

Ascendiendo hacia la Sierra por la calle principal, por la que se ingresa al barrio residencial Sierra de los Padres, llegaremos a un punto panorámico muy interesante para detenernos.


















Luego, continuamos ascendiendo y el mismo circuito nos depositará nuevamente en la calle principal. El regreso hacia Santa Clara del Mar se realiza exactamente por el mismo recorrido: volvemos a tomar la ruta 226, que luego se transformará en la Av. Luro. Podemos regresar por Av. Independencia o bien llegar a la costa y doblar a la izquierda. Hasta aquí, la vuelta es un verdadero paseo, porque la leve subida de la ida –recordemos que al dirigirnos hacia Sierra de los Padres, el camino lógicamente es en ascenso- se transforma en una benévola bajada para el regreso, ideal para descansar mientras se pedalea y poner el plato grande para circular a una excelente velocidad sin dejar las piernas en el camino.

Una vez que llegamos a la costa marplatense, volvemos hacia Santa Clara del Mar por la bicisenda que tomamos al principio, que cuenta con cinco puntos de descanso intermedios en los cuales podemos realizar alguna escala, de ser necesario.





Es importante señalar que el viento es un factor importantísimo cuando circulamos cerca del mar. El regreso a Santa Clara del Mar desde Mar del Plata, suele ser más duro que la ida, porque a la hora de volver, generalmente las ráfagas son más fuertes. No ha sido éste el caso, pero en anteriores ocasiones, esos insignificantes 12 km se han tornado un verdadero padecimiento a causa de fuertes vientos en contra.

En síntesis, se trata de un precioso paseo, que generalmente se realiza desde Mar del Plata, pero que resulta mucho más atractivo arrancando desde Santa Clara del Mar, o incluso desde Mar Chiquita, circulando por el nuevo tramo de la ruta 11, que cuenta con banquina de ambos lados.

Cualquier comentario que complemente el presente relato es recibido con gusto.

No se olviden de respirar, y de salir a andar en sus bicicletas.