10 feb. 2015

Noroeste argentino en bicicleta: desde Tilcara hasta San Miguel de Tucumán

Luego de varios meses de planificación, recolección de información y ansiedad creciente, llegó el momento de emprender nuestro viaje por el noroeste argentino en bicicleta, esta vez junto con Cach, pero sin la presencia de Lis y Lau, que nos acompañaron el año pasado a recorrer Bariloche/Villa la Angostura/San Martín de los Andes (http://respiraelaire.blogspot.com.ar/2014/02/un-dia-nos-decidimos-y-comenzamos.html), y esta vez no pudieron venir con nosotros.

El viaje que tomamos como guía fue el de otro viajero en bicicleta (http://www.bikemap.net/en/route/1933088-jujuysaltatucuman/), y lo modificamos, de manera de agregar varios ascensos de mediana y extrema dificultad, más otros puntos intermedios donde fuimos parando. El recorrido tomado como base fue realizado en dos semanas, mientras que nuestro viaje comenzó el 18 de enero, finalizando el 7 de febrero de 2015.

Los lugares recorridos fueron: Tilcara, Garganta del diablo, Pucará de Tilcara, Maimará, Purmamarca, Salinas Grandes, El Carmen, Salta, Coronel Moldes, Alemanía, Cafayate, Ruinas de los Quilmes, Amaicha del Valle, Tafí del Valle, El Mollar y San Miguel de Tucumán.

Tomamos un vuelo de Aerolíneas Argentinas, desde Buenos Aires hasta San Salvador de Jujuy, donde muy fácilmente nos trasladamos hasta la terminal de ómnibus en una combi, para luego llegar a Tilcara en micro, todavía con las bicis desarmadas y embaladas en sus respectivas cajas. Es importante señalar que Aerolíneas Argentinas no cobra un monto extra por llevar las bicicletas, sino que otorga una franquicia de 15 kg para que el pasajero pueda llevar su bici desarmada, mientras que LAN sí lo cobra, razón por la cual -entre muchas otras- recomiendo viajar siempre por Aerolíneas Argentinas.

Armamos nuestras bicicletas en la terminal de Tilcara y pedaleamos unas pocas cuadras hasta llegar al Hostel Waira, que habíamos reservado previamente. A poco de ingresar, nos quedamos conversando largo y tendido con el Vasco, ya que también es ciclista y realizó muchos viajes en bicicleta. Comenzaba lo que sería un viaje plagado de encuentros y momentos mágicos.

El día que arribamos al hostel, no hicimos más que armar las bicis, comer y tomar algo, para luego comenzar a pedalear al día siguiente.

DÍA 2 - Ascenso a la Garganta del Diablo y visita al Pucará - Tilcara

Fue nuestro destino elegido para comenzar a pedalear con cierta tranquilidad y baja exigencia, y así evitar el apunamiento, entre otros fantasmas que nos perseguían y que nunca se materializaron. La realidad es que nunca sentimos el tema de la altura, aún habiendo pedaleado a 4200 MSNM, pero así y todo es recomendable arrancar los viajes con recorridos livianos, por si acaso.

Existen dos caminos para llegar a la Garganta del Diablo: el camino para los autos y el camino para los peatones. Debemos tomar el camino para los autos, ya que es aquel que tiene el ancho apto para transitar. Se trata de un camino enteramente de ripio, en subida (aproximadamente 400 metros), de unos 8 km de extensión. Una vez en la entrada de la Garganta del Diablo, podrán dejar sus bicicletas bajo el cuidado de los encargados de lugar y emprender la caminata.

La vuelta es realmente una hermosura ya que los 8 km de ascenso se transforman ahora en una maravillosa bajada, que nos depositará en el puente que nos lleva al Pucará de Tilcara y luego al centro de la ciudad.




Ascenso a la Garganta del Diablo


Caminata hasta la cascada


En la cascada que luego desembocará en la Garganta del Diablo


El camino hacia la cascada visto desde arriba


Indicador de altura en la entrada a la Garganta del Diablo


Regreso hacia Tilcara, en bajada pronunciada y con una vista espectacular


Ingreso al Pucará de Tilcara

DÍA 3 - Desde Tilcara hasta Purmamarca, pasando por Maimará. Visita al Cerro de los Siete Colores (Paseo de los Colorados)

Dejamos Tilcara para dirigirnos hacia uno de los lugares más hermosos que hemos visitado durante el viaje, pero haciendo una breve escala en un pueblo llamado Maimará, que se encuentra a unos 5 km de Tilcara, cuyo principal atractivo es el paisaje denominado "La paleta del pintor", que puede verse desde la ruta. Tomamos la ruta 9, para luego ingresar a Purmamarca por la ruta N° 52. El trayecto es breve y bastante sencillo, aunque tuvimos la mala suerte de pinchar la rueda trasera, mientras que se largaba una tormenta importante que duró alrededor de una hora y nos empapó completamente. Afortunadamente, al llegar al hostal Mama Coca de Purmamarca, pudimos darnos una ducha caliente y comer unas ricas tortillas para reponernos.




Paleta del pintor - Maimará

El clima en la región noroeste es muy particular: puede llover muchísimo durante unos minutos, pero a rato podemos encontrarnos con un día fantástico. Esto nos pasó al llegar a Purmamarca: tras la lluvia, un día soleado se mostró ante nosotros y el mismo día nos fuimos a visitar el Cerro de los Siete Colores, pedaleando por el denominado Paseo de los Colorados.


















DÍA 4 - Desde Purmamarca hasta las Salinas Grandes por la Cuesta del Lipán: el gran desafío del viaje

Al momento de planificar el viaje por la región noroeste de nuestro país, sabíamos que las Salinas Grandes era un destino ineludible. Partiendo desde Purmamarca, y tomando la ruta N° 52 en dirección al oeste, comenzamos lo que sería una subida impresionante, durísima y de extrema dificultad: La Cuesta del Lipán. Se trata de un ascenso de 2000 metros en unos 30 km de recorrido, con la particularidad de que desde Purmamarca hasta la Puerta del Lipán, el ascenso es gradual, pero una vez que se ingresa en la cuesta, el camino no para de subir con unas pendientes muy pronunciadas. Se trata de un desafío realmente digno y exigente, pero que otorga una gratificación sin igual al llegar al punto más alto, que nos encontrará pedaleando a una altura de 4170 metros sobre el nivel del mar. Varias horas de pedaleo, caminata y descansos para llegar al objetivo, y luego descender 1000 metros por una de las mejores y más bonitas bajadas del recorrido hasta las Salinas Grandes.

La gente nos contagiaba su buena onda durante todo el recorrido, y hasta nuestro amigo Gonzalo nos alentaba desde la combi en la cual se dirigía hacia las Salinas.











Vista inmejorable, a pocos -pero eternos- kilómetros del punto más alto del recorrido


Boutique Andino ubicado a 1 km del punto más alto del recorrido, donde paramos a refrescarnos y comprar algunas bebidas y alimentos




El gran objetivo del viaje fue cumplido, luego de ascender 2000 metros en unos pocos kilometros, llegamos al punto más alto.


Vista desde el punto más alto de la ruta N°52




Conmovedora bajada hacia las Salinas Grandes



De pronto, la ruta está rodeada de blancura.









En Salinas Grandes.

Habiendo arrancado a pedalear desde Purmamarca a las 7:30 horas, demorados por una amenazante lluvia que nunca llegó (un nuevo acierto de Windguru), llegamos a las Salinas Grandes aproximadamente a las 16:30 horas. Una jornada durísima. Por precaución habíamos llevado con nosotros nuestras bolsas de dormir, pero no la carpa, para evitar agregarle excesivo peso a la bicicleta. La idea original era buscar alguna forma de volver una vez que hubiéramos llegado, o hacer noche en algún pueblo cercano. Como el viaje estaba programado en una cantidad de días específica, no podíamos darnos el lujo de quedarnos un día a descansar en algún pueblo cercano y recién dos días después regresar a Purmamarca, por lo que comenzamos a buscar la forma de volver a Purmamarca. Claro está que pedaleando era imposible, siendo las 17:30 horas, con viento en contra, y debiendo subir 1000 metros luego de haber dejado el alma a la ida en los 2000 metros de ascenso.

Los lugareños y comerciantes no colaboraron con nuestro regreso pese a tener camionetas aptas para transportarnos, mientras que otros nos pedían una cantidad de dinero exorbitante, aprovechándose de nuestra necesidad. Claro estaba que en caso de no encontrar manera de volver, se podía hacer noche en algún pueblo cercano, pero luego de tan extenuante jornada, teníamos la necesidad -mental y física- de regresar a Purmamarca.

Una vez que se agotaron las posibilidades para regresar, Cach se paró en la ruta con la intención de hacer dedo y que alguna camioneta o camión nos transporte en la caja trasera.

En ese momento, mientras estaba sentado en la casa de sal, se acerca un señor que se presenta como Sosa, quien con notorio entusiasmo y conocimiento, comenzó a conversar sobre mi bicicleta y a consultarnos acerca del duro recorrido realizado. Se trataba realmente de un apasionado y de un experto en ciclismo. Más tarde se presentó ante nosotros su hijo, que también compartía nuestra pasión. A poco de conversar, y habiéndoles comentado nuestra imposibilidad de regresar, se ofrecieron amable y sinceramente a transportarnos de regreso a Purmamarca en la caja de su camioneta. Esto nos permitió admirar el paisaje recorrido desde un plano preferencial, dándonos cuenta de que realmente se había tratado de una hermosa locura.

Una vez que llegamos a Purmamarca, Sosa padre y Sosa hijo, que se habían encargado de atar las bicicletas, también se apresuraron a desatarlas y armarlas, ya que les habíamos quitado la rueda delantera para que entraran mejor.

Este fue el primer encuentro mágico de estas vacaciones. El ciclismo genera una empatía incomparable. Quienes andan en bicicleta, saben que cuando otro se encuentra en una situación dificultosa se debe prestar ayuda. Y esto es lo que hizo esta maravillosa familia, a la que luego obsequiamos algunos merecidos presentes. Y no contentos con todo el auxilio prestado, a los pocos días se comunicaron con nosotros para saber cómo continuaba nuestro viaje. Fue un verdadero placer habernos cruzado con estas enormes personas en el camino.


Vista desde la camioneta de la Familia Sosa, asimilando la locura hermosa que significó haber trepado esa cuesta.

De regreso a Purmamarca, fuimos a cenar a Casa del Sol, un hermoso restaurante donde tocan a diario Los Caminantes del Cielo, un dúo formado por Juan Pablo Balbo y Rodrigo Siamarella, que apostaron al folklore, editaron un disco y alegran las noches del restaurante con música, interacción constante con el público y clases de chacarera. Algunas personas que estaban cenando en el lugar nos comentaron que "habían visto a dos locos yendo en bici a las Salinas", y querían saber si los locos en cuestión éramos nosotros.

Una vez que terminaron de tocar, al haberse enterado de que estábamos viajando en bicicleta, se acercaron a compartir un buen rato con nosotros, ya que ellos habían realizado un extenso viaje por regiones similares hace unos cuantos años. Otro gratificante encuentro compartiendo la pasión por la bicicleta. Regresamos a cenar al día siguiente al mismo lugar, con la compañía de Lara y Flor, a quienes habíamos encontrado en Tilcara por casualidad y luego volvimos a encontrar en Purmamarca, también por obra del destino.

DÍA 5 - Descanso en Purmamarca. Visita al mirador del Cerro de los Siete Colores y despedida

Luego del arduo recorrido del cuarto día, destinamos el quinto a descansar y recorrer la ciudad. Cruzando la ruta, apenas saliendo del pueblo de Purmamarca, se puede acceder al mirador del Cerro de los Siete Colores, que ofrece una vista panorámica excelente.




Paseo por la ciudad.




Vista desde el mirador del Cerro de los Siete Colores

DÍA 6 - Desde Purmamarca hasta El Carmen

Abandonamos el hostal Mama Coca, un lugar realmente encantador, con gente hermosa y amable con la que compartimos numerosas charlas, para continuar hacia el sur por la ruta N°9, con destino a El Carmen. En principio, el plan era pasar la noche en San Salvador de Jujuy, pero luego decidimos modificar el plan de viaje y visitar El Carmen, pueblo que se encuentra a 26 km, al sur de la capital. Esto significó haber pedaleado un poco más de 90 km en el día.


El comienzo del trayecto es emocionante por donde se lo mire. El paisaje de la ruta es una postal constante que no dejará de asombrarnos metro a metro. Comienza con una leve subida para luego regalarnos una bajada impresionante, que tiene su punto de partida en el cartel que verán debajo, en las fotografías.

La llegada a las cercanías de la capital es un poco pesada, el tránsito aumenta y la ruta se ve obstruida en varios tramos por una obra, por lo que se torna algo desgastante. Más aún lo son los próximos 26 km hasta llegar a El Carmen, que recomendamos hacer por la colectora de la ruta, ya que a esa altura, ésta se transforma en una suerte de autopista. Una vez que arribamos en El Carmen, guiados por un cartel que se encuentra en la ruta, nos alojamos en el Hostal El Molino, en donde no había lugar porque estaba completo, pero con toda gentileza la dueña del lugar nos preparó una habitación para que podamos quedarnos allí a pasar la noche.





La ruta ofrece una vista magnífica.


El gran cartel que indica que se aproxima una bajada alucinante.


El Río León anuncia el fin del tramo de bajada. De vuelta a pedalear.


Una pareja de ciclistas que pedaleaba en dirección opuesta, partieron desde Buenos Aires a principios de diciembre y su objetivo es llegar hasta Perú, sin prisa ni límite de tiempo. Admirable.


Llegamos a El Carmen, donde se pueden visitar sus Diques. Nosotros optamos por descansar para emprender camino al día siguiente, ya que los casi 100 km pedaleados, con un poco de lluvia de a ratos, nos dejaron realmente cansados.

DÍA 7 - Desde El Carmen hasta Salta (capital), por el Camino de Cornisa (Ruta N°9)

Si bien todo el viaje fue alucinante y todas las rutas ofrecen un paisaje hermoso, el camino de cornisa que va desde El Carmen hasta Salta tiene un atractivo particular. La ruta no tiene más de 4 km de ancho, por lo que solamente pueden transitar autos, camionetas pequeñas, motos y bicicletas. Toda la ruta se encuentra internada en una selva de yungas alucinante. Pedalear sintiendo tan cerca todo el verde que nos rodea, escuchando el sonido de todos los animales e insectos que allí viven, viendo caer el agua por pequeñas cascadas a nuestros costados, es una experiencia única. El camino es en subida hasta poco antes de llegar a Salta, pero el paisaje ayuda a que no se sienta tanto.















Camino de Cornisa. En la última foto alguien se interponía en nuestro camino.

Al llegar a Salta, nos alojamos en el hostal Salta por Siempre, un lugar verdaderamente cómodo y confortable, considerado por muchos la mejor opción para alojarse en Salta, en materia de hostales. Su precio es bueno y acorde a la calidad de lugar.

Allí conocimos a Eduardo, un futuro colega -se recibirá de abogado en poco tiempo- y amante de la bicicleta, con varios viajes en su haber. Compartimos con él y otros amigos del lugar unas cuantas conversaciones sobre lo hermoso que es andar en bicicleta. Nos dejó varios consejos para lo que seguía, ya que el es lugareño, y nos alentó para la gran cuesta que aún faltaba trepar: el infiernillo.







Salta (capital)

DÍA 8 - Desde Salta hacia Coronel Moldes

Pasamos la noche en el hostal, y con todas las ganas de quedarnos unos días más pero con el límite temporal como traba, seguimos camino al día siguiente, con destino a Coronel Moldes, por la ruta N° 9.



Dejando el hostal Salta por Siempre. 
Muy útil el mapa que se encuentra colgado en la recepción.




Un mensaje muy claro.


Coronel Moldes nos da la bienvenida.


Viejito el cartel: Coca Cola a 50 centavos.


Hostal Casa Colonial

DÍA 9 - Desde Coronel Moldes hacia Alemanía

Al día siguiente, sin descanso mediante, partimos hacia Alemanía. Nos esperaría un agradable tramo de unos 45 km que logramos pedalear en unas pocas horas, aún haciendo escalas para sacar fotos y aprovechando esas ventajas que nos da la bicicleta.










El puente nos indica que hemos llegado a Alemanía, que se encuentra sobre la izquierda.


Alemanía es un lugar que cautiva a todo aquel que pasa por allí. El día entero y la noche que pasamos  en el pueblo nos generó una sensación de paz pocas veces experimentada. Se trata de un pueblo que fue asesinado por nuestros gobernantes neoliberales que se encargaron de llevar a cabo el desguace ferroviario, por lo que hoy en día viven allí solo unas pocas familias. Pero no se trata, hoy en día, año 2015, de un pueblo fantasma, como sí lo era hace unos tres o cuatro años, ya que allí comenzó a funcionar una despensa que vende productos variados, lácteos, bebidas, pizzas y las empanadas más ricas que probé en mi vida, superando levemente a las probadas en De La Canal, Tandil. Además, un joven muchacho ofrece alojamiento en la casa por él construida, que se encuentra al borde de la ruta, donde permite acampar en los alrededores y utilizar los servicios de su hogar.

También se puede realizar una extensa caminata por uno de los ríos que atraviesa Alemanía, lo que nosotros no hicimos porque preferimos descansar durante la tarde, suprimir el descanso del día siguiente y arrancar lo que sería, en lo que a mí respecta, el tramo más maravilloso de todo el recorrido.










Casa de Tupac, quien ofrece espacio para acampar.

DÍA 10 - Desde Alemanía a Cafayate, por la Quebrada de las Conchas

Comenzamos lo que sería nuestro quinto día de pedaleo consecutivo sin descanso. El plan original incluía un descanso cada dos días, pero preferimos pedalear cinco días seguidos para luego quedarnos varios días en Cafayate, con el fin de poder descansar, salir de noche a visitar las peñas sin restricciones horarias y despertarnos cuando nuestro cuerpo quiera y no cuando lo disponga el despertador, ya que todas nuestras pedaleadas comenzaban alrededor de las 7 am porque es clave salir temprano para evitar las lluvias, el viento y sobre todo el sol.

La tormenta que tuvo lugar al comienzo del día nos impidió salir a horario, razón por la cual tuvimos que aguardar hasta las 8:30 horas para poder comenzar a pedalear. Esto nos obligó a realizar los últimos 30 km del recorrido -falso plano en ascenso, monótono y sin un sólo árbol- partidos al medio por el intenso sol del mediodía. Pero que quede claro: esto no opacó la magnanimidad del paisaje recorrido, que no dejaba de impactarnos y obligarnos a bajar para admirarlo y tomar fotografías.








Momento "chivo" de pedaleo...










El anfiteatro.













Eddie The Head en la Quebrada de las Conchas.







DÍAS 11, 12, 13 - Estadía en Cafayate - Diversión, peñas, excelente grupo y escalada por las siete cascadas

Luego de la dura llegada a Cafayate, comenzamos a buscar lugar para alojarnos, hasta que llegamos al hostel en el que nos quedaríamos: Huayra Sanipy. Permanecimos allí durante cuatro días, para salir con rumbo a Amaicha del Valle al quinto día. Pudimos visitar las Cascadas (caminata de cinco horas con vista de cuatro cascadas), salir a visitar las peñas del lugar, despertarnos a la hora que nuestro cuerpo quería y conocer a gente maravillosa. Encontramos a Miguel y Lorena, que se encontraban también viajando en bicicleta y con quienes quedamos en contacto para un eventual futuro recorrido. Luego fueron llegando al hostel muchas otras personas igual de geniales que harían por demás divertida nuestra estadía en Cafayate.
Y como si esto fuera poco, festejamos mi cumpleaños con pizzas para todo el hostel y chocotorta incluída, que había preparado Daniela antes de irse.









DÍA 14 - Desde Cafayate hasta Amaicha del Valle, pasando por las Ruinas de los Quilmes

Abandonamos Cafayate luego de una increíble estadía, para dirigirnos hacia Amaicha del Valle, pueblo ubicado en la Provincia de Tucumán, pasando previamente por las ruinas de los Quilmes, donde abonando una módica entrada, se puede acceder a un sitio recuperado, donde los guías nos ofrecerán una breve explicación de sus formas de vida, costumbres, estrategias y la historia de la dominación por parte de los españoles invasores.

Tomamos la ruta 40 para dirigirnos hacia las Ruinas de los Quilmes, que se encuentran a 5 km de la ruta, por un camino de ripio en subida. Luego, retomamos la ruta 40 hasta su intersección con la ruta 307, que no abandonaríamos hasta prácticamente el final de nuestro viaje.

El estado de las rutas es excelente, a excepción de un pequeño tramo de la ruta 40 y de la ruta 307, que se encuentra en un estado patético desde que nace hasta la cuesta del infiernillo, mejorando notoriamente desde allí hacia su finalización, en sentido hacia Tafí del Valle y San Miguel de Tucumán.





Camino a las Ruinas de los Quilmes








Ruinas de los Quilmes.


El estado de la ruta 307 desde que nace hasta el abra del infiernillo.

Llegamos a Amaicha del Valle con un calor importante y luego de sortear una cuesta durísima de bienvenida, con el sol recto, justo encima de nosotros, y nos dirigimos hacia el Hostal Amancay, un lugar muy lindo para quedarse, con gente encantadora. Se trata de la casa de Sebastián Pastrana, que también ofrece excursiones interesantes para realizar. Al llegar, Ailén nos explicó muy amablemente todo lo que podíamos hacer en Amaicha, donde permaneceríamos durante dos días y dos noches, para partir luego hacia Tafí del Valle.


Llegada a Amaicha del Valle, dejando la ruta 40 y tomando la 307.

DÍA 15 - Paseo por Amaicha del Valle

Optamos por visitar la Virgen Tallada, obra de Ludwig Schumacer (ver detalles en las fotos), que se encuentra a pocas cuadras del hostel.






Virgen tallada. Obra de Ludwig Schumacher.

Una vez que abandonamos la obra, optamos por seguir otro consejo de Ailén, cruzando hacia el frente y ascendiendo a lo que nos había informado que era un mirador, desde donde se tenía la mejor vista de Amaicha del Valle.
Sucedería un nuevo momento mágico en el viaje: por equivocación, casi llegando a la cima, en lugar de dirigirnos hacia la izquierda, seguimos el sendero que desembocó en una casa.
Allí había una familia que estaba por almorzar, a la que le preguntamos cuál era el mirador. La dueña de casa respondió "el mirador es el patio de mi casa, pueden pasar y quedarse el tiempo que quieran"
Cruzamos una pequeña medianera para pasar a su patio y nos quedamos asombrados con el hermoso paisaje que desde allí se puede observar.



A los pocos minutos, llegó la dueña de casa, presentándose como Marta, con una humita al plato en sus manos, que trajo para que almorzáramos mientras observábamos el paisaje. Nos quedamos tan asombrados como felices por tan precioso gesto. Al rato, uno de sus hijos llegó con dos vasos de gaseosa para que nos refresquemos.


Marta nos invitó a recorrer su casa y a conversar con su familia. Todos ellos nos brindaron información muy valiosa para lo que sería el final de nuestro recorrido. Además, Marta nos comentó que alquila su casa para los turistas. Este dato es muy importante ya que la vista que se tiene desde el patio de esa casa es incomparable y el precio es muy bueno.






Algunas fotos de la casa de Marta.

Luego de una extensa charla con Marta y su familia, regresamos al hostel para descansar y afrontar el día siguiente, en el que treparíamos la cuesta del infiernillo para arribar en Tafí del Valle.

DÍA 16 - Desde Amaicha del Valle hacia Tafí del Valle

Nos despertamos bien temprano para afrontar otro de los grandes desafíos del viaje: la cuesta del infiernillo. Unos 50 km separan a Amaicha del Valle de Tafí del Valle. En los primeros 30 km, se asciende gradualmente 1000 metros, para llegar a una altura de 3042 msnm y luego descender otros 1000 metros, en 20 km de extensión, para llegar a Tafí del Valle.

La cuesta del infiernillo, si bien no es sencilla, tampoco resulta compleja. No es ni siquiera comparable a la cuesta del Lipán, que realmente nos dejó muertos. Arrancamos a pedalear a las 6:46 am, como podrán ver, salimos con un poco de oscuridad e incluso algunas luces en la bicicleta. La idea era evitar el sol fuerte y el viento que siempre asciende hacia el mediodía en el abra del infiernillo.


  
Madrugón y salida temprana desde el hostel Amancay hacia Tafí del Valle.

Desde Amaicha del Valle hasta Ampimpa, donde verán el observatorio, la cuesta es bastante dura pero se puede trepar con paciencia y plato chico. Una vez que pasamos Ampimpa, mientras más vayamos subiendo, más leve se irá tornando la cuesta. Incluso tiene algunos descansos, con tramos llanos y una que otra bajada donde relajar los músculos.















Cuesta hacia el abra del infiernillo.


Objetivo cumplido, pero todavía faltaba subir un poquito más.



Captura involuntaria del pinchazo de la bici de Cach, a pocos metros de llegar al punto más alto.



 Abra del infiernillo. Se venía el agua... Y el chaparrón llegó al rato.

Una vez que llegamos al abra del infiernillo, punto más alto transitable de la provincia de Tucumán, y después de un chaparrón bastante fuerte, la bajada y el sol que nacía del lado de Tafí del Valle nos secó a la fuerza.

Los 20 km que separan el abra de Tafí del Valle son un sueño. No solamente porque el paisaje cambia completamente y se torna mucho más colorido y bonito -como dijo Cach en un momento: "estaba esperando que saliera Heidi"-, sino además porque se trata de un descenso de 1000 metros en 20 km, donde la ruta nuevamente se encuentra en un estado impecable. Antes de llegar a la ciudad de Tafí del Valle, el camino se torna extremadamente sinuoso, por lo que el descenso debe realizarse con más pausas y mayor precaución.

Llegamos a Tafí, donde pasaríamos dos noches, para completar posteriormente el último tramo del viaje.







Descenso de 1000 metros en 20 km, camino a Tafí del Valle.







Escala en el puente que ofrece una vista única y exclusiva para bicicletas, ya que no se puede parar en esa zona si van con otro vehículo.


Tafí nos da la bienvenida y la bajada no tendrá fin hasta que lleguemos a la ciudad.

DÍA 17 - Visita a El Mollar

Eran varias las personas que nos aconsejaban visitar El Mollar, un pueblo que se encuentra a unos 16 km de Tafí del Valle, en dirección al sur. Gracias al consejo de uno de los dueños de La Cumbre Hostel, el excelente hostal donde nos alojamos durante dos noches, tomamos un camino de tierra que nace del puente que se encuentra sobre la avenida principal (Perón). No hay que hacer más que seguir por dicho sendero, que una vez que lleguemos a El Mollar, se transformará en la Av. de los Menhires.

En El Mollar se puede visitar el Embalse la Angosura y el Museo de los Menhires. Todo a pocos metros de distancia. Tanto el trayecto como el pueblo son muy bonitos y ofrecen paisajes admirables.


Ida hacia El Mollar



Llegada a El Mollar








Museo Los Menhires. Un lugar interesantísimo para visitar.





Embalse La Angostura





Regreso hacia Tafí del Valle



 Cementerio

DÍA 18 - Desde Tafí del Valle hacia San Miguel de Tucumán

Llegó el último tramo del viaje: una impresionante bajada por la selva de las yungas. Sesenta kilómetros de bajada incesante por un paisaje sin igual. Salimos temprano, razón por la cual nos encontramos pedaleando por entre medio de las nubes, que estaban muy bajas, como suele suceder a esa hora de la mañana en este trayecto. El camino suele estar mojado hasta que no pasan unas cuántas horas de luz. No se puede describir la sensación que invade tu cuerpo al recorrer este último tramo: hay que vivirlo.

Salimos temprano desde La Cumbre Hostel, con los alfajores obsequiados en nuestras alforjas para ser ajusticiados momentos después.


Despedida de La Cumbre Hostel.


Plaza homenaje a Atahualpa Yupanqui.




















Pero no todo sería color de rosa, ya que cuando nos encontrábamos a 50 km de San Miguel de Tucumán, Cach pinchó dos veces a falta de una, lo que nos obligó a detenernos para cambiar las cámaras primero, y para emparchar e intercambiar las cubiertas después, ya que la trasera se encontraba notablemente desgastada por el peso soportado durante el viaje. Una vez hechas las reparaciones necesarias y maltratados por el calor y la humedad típicos de San Miguel y sus alrededores, transitamos con un sol intenso -que luego menguó un poco- el último tramo hasta la capital de la provincia, tomando la ruta 38 (con la cual empalma, depositándonos en ella, la ruta 307), hasta la rotonda de Famaillá, donde seguimos los carteles en dirección a Lules, pueblo en el que no ingresamos, continuando por la misma ruta hasta la capital. Este último tramo es algo angustiante, sobre todo porque está plagado de camiones, y el estado de la ruta no es el mejor. Una vez que llegamos a la capital, nos comentaron que muchos llaman a este camino "la ruta de la muerte", pero nos pareció bastante exagerada dicha clasificación.



Finalmente y tras 110 km recorridos, llegamos a San Miguel de Tucumán

DÍAS 19, 20 Y 21 - Recorrido por San Miguel y noche de gala forzosa

Luego de encontrar alojamiento en el excelente hostel A La Gurda, que otrora fue la casa del gobernador tucumano Celestino Gelsi -un edificio increíble, como verán en las fotografías- nos dedicamos a recorrer la capital de Tucumán, castigados por su habitual temperatura y su increíble índice de humedad.











Hostel A La Gurda. Hogar de Celestino Gelsi.




Catedral.




Casa Histórica de la Independencia



Casa de Gobierno.



Luego de tomar algo por la noche con Vicky y Fabricio, dos amigos que se fueron a vivir a Tucumán hace poco tiempo, llegó la hora de emprender el regreso a Buenos Aires. Nos dirigimos al Aeropuerto de Tucumán, pero el vuelo fue cancelado -una vez que ya habíamos despachado las valijas y nuestras bicicletas-, por desperfectos en el aeropuerto.

En consecuencia, la aerolínea nos alojó en el Hotel Catalinas Park hasta el día siguiente, cuando finalmente pudimos volar por la mañana.



Y así finalizó lo que fue un viaje muy planeado y esperado, que por suerte pudimos vivir intensamente y disfrutar de principio a fin, habiendo pedaleado alrededor de 700 km por la región noroeste de nuestra amada Argentina.

Viajar en bicicleta es algo realmente hermoso. Los paisajes se vuelven parte de uno y cada metro de recorrido queda impregnado en nuestra mente. Sentir los aromas, los ruidos, el calor, el frío, la lluvia, pedalear por el medio de una nube, esforzarse para trepar una cuesta y relajarse en una bajada para recibir el viento en la cara golpeando fuerte, son solamente algunas de las miles de sensaciones que se apoderan del ciclista.

Nuestro país es verdaderamente hermoso y no queda más que aprovechar estos increíbles tramos por los cuales podemos dejar nuestra huella en dos ruedas.

Cabe señalar, como siempre, que el objetivo de este tipo de relatos es incentivar, contagiar y fomentar los viajes en bicicleta. Por tal motivo, les agradezco el tiempo que destinan para su lectura y a su vez quedo a su disposición para cualquier tipo de consulta que quieran realizar, en caso de que estén planeando un viaje similar.

¡A respirar el aire!