22 abr 2014

Montevideo en bicicleta y una cita con Paul McCartney: cuatro días en la vida, con una pequeña ayudita de mis amigos


Pedalear por las calles de Montevideo era una idea tentadora, pero que necesitaba estar acompañada de una fuerza importante que nos impulsara a visitar aquella ciudad. Ese empujón llegó de la mano de Paul McCartney, el talentoso Beatle de 71 años que generó una revolución a miles de kilómetros de su tierra, causando que argentinos y brasileños cruzaran la frontera con el fin de verlo y escuchar su música.

Día 1 - Arribo a Colonia desde Buenos Aires y traslado hacia Montevideo

Con nuestras bicicletas armadas y nuestros bolsos en el portaequipaje llegamos al puerto de embarque de la empresa Colonia Express. Tras un breve "check-in", pasamos al sector de migraciones, donde el personal retiró nuestras bicicletas, armadas, para ubicarlas en la bodega del buque.

Tras un pequeño retraso debido a la gran cantidad de gente que pretendía cruzar el charco, comenzamos a movernos por agua hasta llegar a Colonia, donde descendimos para tomar el colectivo que nos alcanzó hasta Montevideo. Allí también nuestras bicicletas viajaron armadas, en la baulera del micro, sin inconvenientes. Incluso fuimos nosotros mismos quienes las subimos y las bajamos, por sugerencia del personal de la empresa, para evitar daños en aquéllas.

Una vez que arribamos en Montevideo, sin esa pesada idea de tener que armar la bicicleta al llegar, volvimos a ubicar nuestros bolsos en el portaequipaje y emprendimos camino hasta un hostel llamado Willy Fog, lugar muy agradable en el que nos hospedamos durante cuatro días, rodeados de otras personas, en su mayoría enloquecidas por la llegada de Paul. Por momentos, dentro del hostel, no se hablaba de otra cosa.

Unas cervezas antes de dormir y a despertarse relativamente temprano al otro día para dar unas vueltas.

Día 2 - Visita al Parque Lecoq

Luego de interrogar a varios nativos, confirmamos una vez más el alto nivel de cipayismo que existe en Argentina, donde se suele hablar bien de todos los países menos del propio, pues comenzamos a enterarnos de que la vida en Uruguay no es tan fácil como suele decirse por estos lares. Es un país caro, tanto para nosotros como para ellos, donde tener un automóvil y mantenerlo es un verdadero lujo. Donde el transporte público cuesta cinco veces más que en Argentina, por tramos cinco veces menores. Donde los servicios cuestan seis veces más que en Argentina. Sólo por citar algunas cosas.

Su gente es amable y muy bien predispuesta con el turista. Todos se detienen a responder nuestras inquietudes y se toman el tiempo que sea necesario para explicar una y otra vez cómo llegar hasta un determinado lugar.

Uno de estos amables uruguayos fue Hugo, quien nos indicó la forma más segura de llegar al Parque Lecoq, porque hay que tener en cuenta que ciertos caminos están "vedados" para los ciclistas, ya que el riesgo de sufrir un robo es alto. Como en toda capital, hay zonas seguras y zonas inseguras. Y desde que el hombre puede apropiarse de algo, existe otro que quiere quitárselo.

Partimos desde el hostel, ubicado en la calle Maldonado al 900 (cerca de la Plaza Independencia), hacia la Av. 18 de Julio, para luego tomar Av. Libertador, hasta llegar al Palacio Legislativo, primera construcción que merece una parada obligada para admirar su impresionante diseño.







Posteriormente, tomamos la Av. Agraciada, que nace detrás del Palacio Legislativo, derecho hasta la calle Ramirez, donde tomamos una curva hacia la izquierda hasta la Av. Luis Battle Berres. Como referencia, se puede tomar un Santander Río que se encuentra sobre la mano derecha (sobre Av. Agraciada), para saber dónde girar. Pero no se preocupen, cualquier uruguayo les indicará amablemente cómo llegar a cualquier parte.

Una vez que llegamos a la Av. Luis Battle Berres, giramos a la derecha y a pedalear a través de los 12 km. que nos separaban de nuestro destino. Esta parte del camino es la menos pintoresca, aunque ofrece una hermosa vista de Montevideo al pasar por sobre la ruta 5.


El asfalto se encuentra en un estado desastroso, presentando enormes baches en determinadas partes que obligan a los autos a frenar a cero. En lo que a nosotros respecta, tenemos que lidiar con serruchos, lomos de burro y alguna que otra línea gruesa que mueve nuestra bicicleta. No es recomendable circular por la banquina, en los tramos donde hay, ya que los obstáculos son abundantes y el trayecto no se disfruta. Pero hay que prestar mucha atención al moverse por el carril derecho, ya que los autos pasan a una considerable velocidad.

De pronto, un cartel de madera, grande, ubicado a la derecha, nos indica que hemos llegado al Parque Lecoq. 


La fotografía fue tomada al salir del parque, no al ingresar, por lo cual sale sobre la izquierda. Dentro del Parque Lecoq podremos ver numerosas especies de animales, que cuentan con un amplio lugar para su esparcimiento, aunque tampoco dejan de estar encerrados, lo que genera en uno un pensamiento dicotómico.

Es ideal para andar tranquilo en bicicleta y tomar unos buenos mates. Más aún si toca una tarde de sol.






Regresamos por Battle Berres, hasta Ramirez, donde atravesamos el Prado y le dimos derecho hasta llegar al Estadio Centenario, para retirar nuestras entradas, mirarlas, olerlas y atesorarlas hasta el sábado a la tarde. El estadio se encuentra ubicado en una hermosa zona para recorrer.


La fiebre por Paul crecía: argentinos, brasileños, uruguayos y alguno que otro hablando en inglés, se acercaban hasta el estadio para retirar sus papeles.




Regresamos al hostel por la Av. 18 de Julio, visitando el Obelisco -Homenaje a los Constituyentes-, el Ministerio de Salud Pública, la Universidad de la República, la Biblioteca Nacional y la Intendencia. Finalmente, vimos el mar a pocas cuadras y regresamos al Willy Fog, con más de 50 km pedaleados encima y un cansancio considerable, no mayor que la ansiedad que teníamos por ver a Paul en poco más de 24 horas.




















Día 3 - Parte I - Paseo por la Rambla, pasando por Ciudad Vieja y Plaza Independencia

El día del recital había llegado, pero había que aprovecharlo íntegramente, por lo que salimos para Ciudad Vieja, a pocas cuadras del hostel, con el fin de recorrer los 25 km. de Rambla que tiene Montevideo, con la constante postal del mar sobre nuestra derecha y playas y espacios verdes muy bonitos. Incluso posee una ciclovía en la que se puede circular, pero es poco práctica ya que hay que esquivar a los peatones constantemente y esto entorpece mucho nuestro andar. Es mejor ir por la avenida.

Pero antes de ver el mar, hicimos una escala en el impresionante mausoleo de Artigas, ubicado en la Plaza Independencia. Desde allí puede admirarse un hermoso alrededor. Es realmente una preciosa postal de Montevideo.






















Luego, no hicimos más que tomar la rambla, pedalear, respirar el aire y disfrutar. La batería de la cámara nos abandonó a los pocos kilómetros, pero ello nos importó poco y nada. Al regreso, pasamos por el Parque Rodó y nos fuimos directo para el hostel, para darnos una buena ducha, almorzar y partir para el Estadio Centenario...

Día 3 - Parte II - El recital

Llegamos al Centenario cerca de las 18 horas, para encontrarnos con un mundo de gente y una organización espantosa, además de una cola de incontables metros para ingresar a la Tribuna Colombres. Allí abandonamos a Jess, que tenía que quedarse allí y nos dirigimos hacia la entrada del campo, que en este caso se llamaba "cancha".

No hicimos ninguna cola porque la puerta estaba vacía e ingresamos en pocos minutos al estadio.

Nos esperaban dos horas de ansiedad, durante las cuales tratábamos de evitar que nuestra alma se escapara del cuerpo. Nos pusimos de pie cuando sonó el himno uruguayo, que fue entonado con mucha fuerza por los locales y no volvimos a sentarnos más.

Fiel a la puntualidad inglesa, a las 20:30 horas, comenzó el show. Quince minutos de imágenes en las enormes pantallas en alta definición fueron la antesala de la salida de Paul y su banda.




Ahora llega la parte más difícil del relato: tratar de describir con palabras lo que uno sintió habiendo estado en ese momento y lugar. Quien relata, es un gran admirador de The Beatles, y de algunas piezas de la carrera solista de Paul McCartney Mucho más "Beatle" que seguidor de Paul como solista, sin que ello signifique que no existan temas de estos últimos de los cuales esté enamorado.

El comienzo, inmejorable, con un clásico a toda prueba: "Eight Days a Week", aplausos y locura generalizada. Se me escaparon las primeras lágrimas al ver a un tipo de 71 años que nos tenía a todos en la palma de la mano con solamente levantar su brazo para saludarnos.
El concierto siguió con "Save Us", temazo de su último disco. Minutos después, sonó "All My Loving", con un sonido ya totalmente perfecto -corregidas algunas pequeñísimas fallas-, para llevarse más lágrimas de mi cuerpo. "Listen to the What Man Said" y "Let Me Roll It", de The Wings y "Paperback Writer".

Hasta acá, todo era hermoso, pero a partir de este momento se tornó único, irrepetible y emocionante. Los siguientes nueve temas generaron en mí algo que pocas veces sentí viendo a un músico en vivo. Una suerte de menú a la carta al que Paul respetó, tocando las canciones que más quería escuchar, a excepción de "For No One", que parece ser la figurita más difícil del álbum.

Ellas fueron "My Valentine", canción que supe admirar y valorar en vivo, "1985", con esa introducción inigualable, una canción que podría salir en diez años y sorprender al mundo, "The Long and Winding Road", trillado pero necesario y perfecto, "Maybe I'm Amazed", después de haber aclarado que la canción era para Linda, lo que me hizo pensar que iba a venirse "My Love". Pero no, sonó esta impresionante composición que comenzó a quebrarme la voz mientras intentaba cantar bajito para no perturbar al resto de la gente.

Dentro del menú a la carta, el plato principal fueron dos canciones que formaban parte de mi podio personal de temas esperados para esta noche, junto con la mencionada "For No One": "I've Just Seen a Face" y "We Can Work It Out". A esa altura el cuerpo ya se iba para donde quería.

Luego, sonó "Another Day", una de las grandes sorpresas de la noche. Incluso pensé que nunca había escuchado ese tema, hasta que llegó el famoso "ch ch ch ch ch" del estribillo y caí en que lo conocía.

Y de postre: una versión inconmensurable de "And I Love Her", con un final alternativo con Paul silbando, "Blackbird", siempre necesaria, una de las canciones que más me gustan sobre la tierra y "Here Today", dedicada a John, también perfectamente compuesta e interpretada.

Luego tuvieron lugar "New" y "Queenie Eye", de su último disco. Lindas canciones, relajantes luego de tanta euforia vivida. Llegó "Lady Madonna" y todos pensábamos que, de ahí en más, todo sería lo esperado, lo de siempre. Pero no: "All Togheter Now", comenzó para sorpresa de todos, seguida por una de las mayores sorpresas de la noche, "Lovely Rita". "Every Body Out There" y después, la eterna "Eleanor Rigby".

A pedido de un fanático que no paraba de pedir su tema, Paul tocó "One After 909". Al principio, pensé que el tema se encontraba originalmente en la lista y que Paul no había hecho más que engañarnos, haciéndonos pensar que lo había tocado para él. Pero estaba equivocado. Al volver a casa y revisar la lista de canciones, me encontré con que durante todo el año 2013 no tuvo modificaciones. En este recital, Paul añadió este tema porque una persona se lo pidió, y además se lo dedicó, tanto antes de tocarlo como al final. Esa persona no se va a olvidar jamás de ese momento y seguramente pasará a ser uno de los más importantes de su vida.

Acto seguido, empezaron a escucharse los primeros acordes de una canción que jamás pensé que podía llegar a escuchar en vivo, "Being for the Benefit of Mr. Kite!". Maravillosa interpretación, acompañada por láseres y animaciones acordes a tamaña obra.

Luego siguieron las anunciadas: "Something", dedicada a George, "Ob-La-Di, Ob-La-Da", otro tema que no es de los preferidos pero que se presta para un coro generalizado, la siempre esperada "Band on the Run", "Back in the USSR", "Let It Be", "Live and Let Die", con una secuencia de fuegos artificiales y explosiones demencial, y "Hey Jude", para cerrar lo que sería la parte principal del recital.

El primer bis llegó de la mano de "Day Tripper", "Hi, Hi, Hi" y "Get Back". El segundo, con "Yesterday", que me hizo pensar, al igual que el 10 de noviembre de 2010, mientras lo veía en Argentina, cuántas veces habrá tocado, en vivo, Paul, esa perla de dos minutos que nos deja a todos sedados. Más adelante, "Helter Skelter", con la potencia de siempre, para cerrar con "Golden Slumbers", "Carry That Weight" y "The End".

Despedida de Paul, caras anonadadas por lo que acabábamos de ver y escuchar: se iba del escenario un pibe de 71 años, con la voz intacta, simpático, que habló durante todo el recital en español y se mostró amable con el público. Un Beatle.

Salí del Estadio junto a Lau, para encontrarme con Jess, que empezó a llorar ni bien nos vio, presa de la emoción.

Día 4 - Regreso a Buenos Aires

Después de muy pocas horas de sueño y de no haber hablado de otra cosa que no fuera Paul, emprendimos la vuelta para nuestro país. Pedaleamos hasta la terminal Tres Cruces, para encontrarnos con Jess, que iba en taxi, y tomar el micro que nos llevaría hacia Colonia, para embarcar una vez más y llegar a Puerto Madero.

Unas pocas cuadras nos recordaron lo hermosa que se ve siempre Buenos Aires desde la bicicleta.

A modo de corolario: se trató de un viaje positivamente extraño, porque pude mezclar la pasión por la música con el amor por andar en bicicleta, todo esto con la hermosa compañía de Laura y Jésica, más toda la gente hermosa que nos cruzamos, tanto en el hostel como en la ciudad.

Cuatro días en la vida, con una pequeña ayudita de mis amigos.


Actualización 24/1/2024. Por cualquier comentario o requerimiento de información, escribirme a leonelciliberto@gmail.com, ya que Blogspot dejó de notificarme acerca de la existencia de nuevos comentarios.

5 feb 2014

La ruta de los siete lagos (y algo más) en bicicleta

Un día nos decidimos y comenzamos a planear lo que luego serían unas espectaculares y diferentes vacaciones.

La idea de recorrer parte del sur argentino en bicicleta, más precisamente el tramo comprendido entre Bariloche y San Martín de los Andes, entusiasma hasta al que nunca se ha subido a una en su vida.

Para planear el viaje, fuimos recolectando información de distintos sitios, blogs de viajeros, páginas dedicadas al ciclismo, y similares. Habiendo regresado de nuestra travesía, todos estuvimos de acuerdo en que ninguna página visitada nos ofreció información suficiente, ni siquiera básica, como para emprender esta aventura. Por tal motivo, es que se me ocurrió escribir sobre lo que hemos vivido, con un fin principalmente informativo y alentador para cualquiera que tenga ganas de hacer este viaje. Invito a todos aquellos que lo hayan realizado a aportar, a través de los comentarios, cualquier consejo que crean necesario para complementar esta entrada.

Omitiré los comentarios sobre la inmensa hermosura de cada uno de los lugares recorridos, ya que eso lo descubrirán por sí solos realizando el viaje o a través de las fotos.

El viaje comienza antes de llegar

No todo empieza cuando llegamos a la ciudad de destino, sino mucho antes. Es fundamental planear el viaje con tiempo, sobre todo si se va a viajar en avión, ya que sacar el pasaje con anticipación puede significar un ahorro de dinero muy importante.
Para el caso de que se viaje en avión, la bicicleta deberá ser desarmada e introducida en una caja para bicicletas, la cual deberá estar embalada. Si bien existen muchos videos en internet, que explican cómo embalar una bicicleta, cabe mencionar que lo básico consiste en sacar la rueda delantera, el asiento, los pedales y el manubrio. Todas estas partes, debidamente precintadas para evitar que se muevan, quedan dentro de la caja, a la que le podremos adicionar el casco, para que no nos ocupe lugar en otra parte. Recomiendo comprar un espejo para bicicleta, en caso de que se vaya a pedalear por ruta, ya que resulta de excesiva utilidad. Nosotros no lo hemos utilizado y hemos sentido la falta del mismo en varias oportunidades.
Si se viaja en micro, basta con sacar la rueda delantera y los pedales, cubriendo la bicicleta con algún papel para embalar o con dos bolsas de consorcio.

Algo para resaltar: para quienes viajen en micro, es fundamental que sepan que, si bien en la mayoría de los casos, después de una leve discusión con el maletero, al que le deberán tirar algunos pesos, podrán subir la bicicleta, no están obligados a permitir que la suban, en tanto debería ser enviada por encomienda ya que no se trata de equipaje convencional que pueda ser subido al micro. Repito: es muy raro que no puedan subirla haciendo un "aporte" al maletero, pero no por eso puedo dejar de advertir este detalle.

Para quienes viajen en avión, la bicicleta podrá subirse siempre, pero puede que tengan que abonar exceso de equipaje. La reglamentación dice que si superan los 15 kg, la bicicleta se abonará como exceso de equipaje. En cuanto a nuestra experiencia personal, a la ida (saliendo desde Aeroparque -AEP-) nos cobraron el exceso de equipaje por las bicicletas, pero a la vuelta (desde San Martín de los Andes), unos empleados muy copados de la aerolínea nos dijeron que, si bien pesaban más, las podíamos llevar gratis.

Pero lo bueno es saber que, ya sea pagando el exceso de equipaje o no, la bicicleta llegará a destino.

¿Cómo llegará? Otra gran pregunta. Aquí se trata un poco de jugar con la buena o mala fortuna. En lo personal, he oído experiencias de todo tipo en cuanto a traslado de bicicletas. Nuestra experiencia fue buena, ya que las tres bicicletas que viajaron en avión, llegaron intactas. Pueden proteger las zonas críticas con algún material que crean conveniente, pero lo cierto es que nada las deja exentas de los golpes que puedan propinarles quienes cargan y descargan el equipaje. Recuerden que ellos no aman ni tratan a nuestras bicicletas como nosotros.

También es fundamental desinflar las cámaras si se viaja en avión, ya que por la presión pueden llegar a explotar y no está para nada bueno llegar a destino debiendo cambiar ambas cámaras.

Llegada a Bariloche - Traslado al hostel - Ascenso al Cerro Catedral



Arribamos a la ciudad de San Carlos de Bariloche aproximadamente a las 20:30 horas, luego de un excelente vuelo. Tras una espera bastante prolongada, llegó la combi de la empresa "Auto Jet", que contratamos en el mismo aeropuerto, que nos trasladó  hacia el hostel Achalay, con nuestras bicicletas, alforjas, carpas y bolsas de dormir.

De haber llegado más temprano, como estaba planeado antes de que la aerolínea modificara nuestro horario de vuelo, podríamos haber aprovechado la luz del día, armado nuestras bicicletas en el aeropuerto, cargado nuestras cosas y movido hasta el hostel sin problemas.

Esa misma noche, optamos por dejar las bicicletas embaladas, ir a cenar, tomar un buen descanso y armar todo al otro día.

Despertamos bastante temprano y a eso de las ocho de la mañana, ya estábamos emprendiendo el armado de nuestras bicicletas. Es fundamental tomarse el tiempo necesario para el armado de la bicicleta, asegurándose de que todas las partes queden bien ajustadas, ya que una falla en el armado puede significar una rotura y dolor de cabeza posterior. Por tal motivo, recomiendo desarmar y armar la bicicleta varias veces, antes de emprender el viaje, sobre todo si lo van a hacer solos y sin nadie cerca que pueda darles una mano. También es bueno contar con un buen portaequipajes, que soporte la cantidad de kilos que vamos a llevar sobre nuestras bicicletas, y que el mismo esté bien ajustado a nuestra bicicleta.

Luego de inflar las bicicletas y realizar algunos ajustes en los frenos de una de ellas, partimos para el Cerro Catedral, tomando la Avenida de los Pioneros en la dirección que vemos en el mapa que se encuentra debajo, hasta la única rotonda que veremos, donde deberemos girar hacia la izquierda, para luego seguir unos 6 km de subidas, para después encarar, por asfalto, el ascenso al Cerro Catedral. Si bien en el mapa figura el trazado por la Avenida Bustillo, optamos por ir por la Avenida de los Pioneros y luego volver por Bustillo, esta última muy, pero muy transitada, sobre todo en temporada de verano.


Se trata de un excelente camino para tomar contacto con las primeras cuestas y aclimatarse, sobre todo si estamos acostumbrados a pedalear sin demasiadas subidas y bajadas, en ciudades más llanas.

Una vez llegados al Cerro Catedral, optamos por tomar un buen descanso en la base para luego regresar por la bajada del Balcón de Gutierrez, un hermoso camino de tierra que, tras una leve subida, nos ofrece una impresionante bajada, con curvas y contracurvas, a medida que el Lago Gutierrez se va descubriendo a nuestro costado, desembocando en el mismo en su final, donde se puede apreciar un precioso paisaje. Luego, cruzando un pequeño puente, seguimos camino hasta la Avenida Bustillo, por la cual volvimos hasta el hostel -ubicado en el centro-, aproximadamente a las 18 horas, con un tránsito bastante importante, que por momentos no nos dejaba disfrutar como hubiéramos querido de la maravilla que teníamos a nuestra izquierda: el lago Nahuel Huapí.

Así finalizaba nuestro primer día, habiendo realizado un hermoso camino de alrededor de 50 km.

Desde Bariloche hacia Villa la Angostura. La famosa "ruta que no ofrece mayores complicaciones" y el primer contacto con la ruta 40.



Al momento de idear el recorrido, planeamos agotar los 80 km que unen Bariloche y Villa la Angostura, en un solo día, ya que en algún blog de un viajero, leímos que la ruta no ofrecía mayores complicaciones. Esto solamente es una realidad si el clima y el tránsito ayudan. En nuestro caso, salimos a pedalear un día antes de un temporal que nos tendría dos días demorados en el camping Don Horacio, un lugar fantástico, a 30 km de Villa la Angostura, donde la Sra. Angélica nos alojó y nos ofreció lo mejor de su humanidad para hacernos más que amena la estadía.

La idea original de realizar los 80 km en un día, derivó en la realidad de haber pedaleado 50 km en alrededor de siete horas, con un viento en contra mortal (nos dijeron luego que ese día había ascendido casi a 100 km/h), muchísimo tránsito en la ruta y alguna que otra lluvia por el camino.

Moraleja: consultar cómo van a ser los vientos antes de salir, y si los mismos serán a favor o en contra.

Tres días en Don Horacio y salida hacia Villa la Angostura

Luego de haber pasado tres días en el camping Don Horacio, nos despedimos de este hermoso lugar para encarar finalmente nuestro viaje hacia Villa La Angostura. Al momento de partir, el clima se presentaba agradable, como para empezar a pedalear con shorts y mangas cortas. Pero todo cambió promediando la mitad de los 30 km que nos restaban recorrer, cuando se sintió un profundo descenso de la temperatura, que terminaría en una caída de aguanieve, que enrojeció nuestros cuerpos y nos obligó a detenernos para abrigarnos de inmediato.
Finalmente, luego de algunas cuestas, llegamos a Villa la Angostura.

Bosque de Arrayanes


Una vez que llegamos a Villa la Angostura, nos alojamos en la casa de una señora, muy popular en la Villa, que aloja a pasajeros en la misma casa donde vive. Necesitábamos pasar una noche bajo techo, después de dos noches de lluvia y frío dentro de la carpa.
Al día siguiente, decidimos visitar el Bosque de Arrayanes, único en el mundo, al cual se accede por un sendero denominado "Huella Andina", de 24 km de extensión (ida y vuelta). El trayecto es más que interesante, por supuesto, de tierra, lleno de subidas y bajadas, algunas señaladas como "peligrosas", donde un gracioso cartel indica que llevemos nuestra bicicleta en la mano para descender. El primer kilómetro y medio debe realizarse con la bicicleta al hombro, ya que se accede al sendero por una escalinata. El final del camino nos deja en una preciosa bahía, donde podemos comenzar a disfrutar del maravilloso bosque.




La vuelta por el sendero me resultó más atractiva que la ida, ya que pude andar a una mayor velocidad (porque había menos peatones en el sendero) y porque hay más bajadas que subidas.

Comienzo de la ruta de los Siete Lagos - Villa la Angostura - Lago Correntoso - Lago Espejo - Lago Espejo Chico



El plan principal de recorrer un lago por día, se vio desplazado por la demora ocasionada por el temporal y por la corta distancia existente entre algunos de los lagos, lo cual hizo que nos inclináramos por acampar solamente en los Lagos Espejo Chico y Falkner. El hecho de armar y desarmar las carpas, lleva tiempo y debe ser tenido en cuenta como parte de la aventura. El hecho de hacer menos paradas en campings, nos benefició, ya que solamente tuvimos que armar las carpas en los Lagos Espejo Chico y Falkner.



Partimos desde Villa la Angostura cerca del mediodía. A los tres kilómetros, llegamos al Lago Correntoso, al cual se accede por una bajada de ripio de unos 700 metros. Estuvimos unos veinte minutos admirando su belleza y continuamos camino al Lago Espejo, por una ruta con miradores asombrosos y paisajes constantes. Hay alguna que otra cuesta importante, pero ninguna imposible ni demasiado pronunciada. El camino es agradable. Hicimos una parada en el camping libre del Lago Espejo, para tomar un poco de agua y comer algo, para luego hacer los últimos 8 km hasta el Lago Espejo Chico, de los cuales los primeros son en leve ascenso, para luego llegar a una impresionante bajada que nos depositó en el ingreso del Lago Espejo Chico. Allí acampamos y pasamos la noche.

Lago Espejo Chico - Lago Falkner - Donde el ripio es el gran protagonista



Saliendo del lago Espejo Chico, nos esperan 8 km de asfalto, hasta la bifurcación de la ruta en dos caminos, uno que va hacia Villa Traful y otro que va hacia San Martín de los Andes. Tomamos este último y a los pocos metros, nos encontramos con el comienzo de un tramo de ripio muy lindo para pedalear, que deberemos atravesar y el cual consta de unos 30 km. Para este tramo, es indispensable ajustar bien todo nuestro equipaje y asegurarse de que nada se mueva demasiado, ya que los "serruchitos" pueden desestabilizar nuestra bicicleta y que se enganche una alforja o se caiga algo sobre la rueda, podría resultar peligroso.



También es fundamental llevar lentes. Si bien a lo largo de todo el recorrido debemos llevarlos puestos, tanto como los guantes, en ese tramo resulta de extrema importancia, ya que en caso de no tenerlos, con el tránsito vehicular, no tardarán en llenarse nuestros ojos de tierra, impidiéndonos pedalear con normalidad.
Una vez finalizado el arduo tramo de ripio, una bajada preciosa nos deposita en el lago Falkner, que cuenta con un excelente camping, que resultó el preferido de todos los viajeros, con una excelente vista.

Lago Falkner - Lago Hermoso - Lago Machónico - Lago Lacar - San Martín de los Andes



Luego de dos días completos en el Falkner, partimos para San Martín de los Andes, dispuestos a realizar los últimos 45 km del recorrido de la ruta de los Siete Lagos, en un día.

Esta vez, lo logramos, con creces.



Los últimos 45 km son un verdadero encanto. Además de pasar por el Lago Hermoso y el Machónico, la ruta ofrece un paisaje constante y dinámico, que no deja de maravillarnos. Los primeros 20 km de recorrido no ofrecen ninguna dificultad. Las pocas cuestas que encontramos, se suben fácilmente gracias al impulso de las bajadas. Al llegar al cartel que nos indica que tenemos a San Martín de los Andes a 25 km, luego de una excelente bajada, tendremos unos kilómetros de cuesta ascendente, de dificultad media-elevada.



Pero todo vale la pena cuando llegamos al mirador del Pil Pil, el último de la ruta de los Siete Lagos, que es la antesala de la parte más hermosa de todo el recorrido: 15 km de constante bajada, con el Lacar descubriéndose a nuestra izquierda. Gritos y lágrimas de emoción no se hacen esperar en este tramo, donde el premio por los casi 300 km realizados llega. Solamente estos 15 km alcanzan para justificar todos los esfuerzos que puede demandar este viaje y todos los contratiempos que podamos llegar a tener que superar.

Una vez llegados a San Martín de los Andes, nos alojamos en el Hostel La Colorada, donde pasamos cuatro días de descanso previo a la vuelta a Buenos Aires.

Un viaje sin igual.



CONSEJOS:

Más allá del relato del recorrido realizado, me parece importantísimo dejarles una serie de consejos a todos aquellos que quieran animarse a hacer este viaje, sobre todo si es la primera vez que lo hacen en bicicleta.

  • Embalar la bici ajustando todas sus piezas, tratando de que nada quede suelto dentro de la caja.
  • Llevar todas las herramientas necesarias para su armado y desarmado. Hay unas muy buenas que contienen todas las herramientas necesarias para la bicicleta, en una sola herramienta. Resultan muy útiles.
  • Utilizar guantes y lentes. Llevar, por lo menos, dos cámaras de repuesto, inflador, tensores para las carpas, bolsas de dormir y alforjas. Una cadena de repuesto, también podría ayudar, pero no es indispensable.
  • No planificar tramos excesivamente extensos sin antes cotejar alternativas para parar a mitad de camino por cualquier inconveniente.
  • Llevar algún material para poder cubrir las bicicletas, evitando que queden a la intemperie.
  • Cotejar que el manubrio no se desajuste y, en caso de que haga algún juego, ajustarlo con una llave.
  • Llevar siempre agua y alimentos como barras de cereal, nueces o almendras. En caso de que nos quedemos sin agua, podemos tomar o llenar nuestras botellas con agua de los lagos.
  • Tratar de salir lo más temprano posible a pedalear. El límite debería ser el mediodía.
  • Consultar cómo vienen los vientos. Si no nos resulta posible por no tener señal, en caso de que sea notorio el viento en contra y, si el tiempo lo permite, postergar el pedaleo.
  • Cuando el cuerpo lo pida, detenerse. Si una cuesta es demasiado pronunciada, hacerla caminando. No es bueno quemar piernas. El camino debe disfrutarse y no convertirse en un padecimiento.
  • Acostumbrarse a pedalear con peso sobre la bicicleta. Recorrer algunos kilómetros con alforjas antes del viaje. Andar con peso detrás, no es lo mismo que no llevarlo. La bicicleta pierde algo de estabilidad y las curvas deben ser encaradas con más precaución que de costumbre.
  • Llevar un cubrealforjas o introducir la ropa en bolsas de consorcio, para evitar que se moje en caso de que nos agarre la lluvia. En la montaña, nunca sabremos cuándo puede largarse un chaparrón, y llegar al próximo camping con toda la ropa mojada, puede hacernos poner de bastante mal humor.
  • Si el viaje se planea en grupo, y cada uno posee ritmos de pedaleo distintos, cada uno debe ir a su ritmo, según lo que su cuerpo le permita. No es bueno obligar a los demás a adaptarse al ritmo de uno, ya sea más lento o más rápido. No seguir nuestro ritmo natural puede lastimarnos. Los caminos que recorrimos son poblados y nadie está solo en esa ruta. Siempre alguien puede ayudarnos en caso de que nos pase algo. Si todos llevan el mismo ritmo por estar entrenados en conjunto, mucho mejor.
  • Acostumbrarse previamente a andar en ruta si es que nunca lo han hecho. No es lo mismo que andar por la ciudad. La concentración requerida es mayor. Los automóviles pasan a velocidades muy altas, muy cerca nuestro, produciendo un leve "empujón" en nuestra contra. Estar atento a las bocinas de los camiones y prestar muchísima atención cuando tengamos un camión de frente y otro detrás nuestro.
  • Realizar el recorrido desde Villa la Angostura hacia San Martín de los Andes y no a la inversa. En caso de hacerlo en el sentido contrario, arrancaríamos con 15 km de cuesta ascendente que nos jugarían una verdadera mala pasada.
  • Planear el recorrido en menos días de los que tengas en total para tomarte. Siempre es conveniente dejar tres o cuatro días de resto, al final, por si es necesario detenerse por alguna razón, más de lo planeado.
  • No guiarse por la cantidad de kilómetros a recorrer, sino por la calidad del camino. Para ser gráfico, los últimos 45 km desde el Lago Falkner hasta San Martín de los Andes, resultan mucho menos cansadores que tramos de 5 o 6 km con cuesta ascendente pronunciada.
  • Para embalar la bicicleta a la vuelta, encontramos una bicicletería, sobre la calle Elordi, en San Martín de los Andes, que realiza "servicio de embalaje". Llevás tu bicicleta armada, y por ochenta pesos te la embala y envía al hostel o a la terminal (si te vas en micro).
  • Siempre saludá a los otros ciclistas y preguntales si necesitan algo. 
Espero que les resulte útil este relato. Invito a todos a sumar todos aquellos consejos que crean necesarios.


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14 sept 2013

Ideas sobre la Música, a partir de Queen

Queen es una de esas bandas que uno no puede escuchar sin pensar, mientras tanto, en su magnitud, calidad, importancia, trascendencia, etcétera. Es una bestia musical que derriba a cualquier oyente que quiera disfrutar de su arte. Esto está fuera de discusión.

Hace unos días mi mente se centró en Freddie por un lado, y en Brian, John y Roger por el otro. De este pensamiento surgió surgió en mi una idea acerca de una particularidad que posee la música, ausente en el resto de las artes o disciplinas. Se trata de la posibilidad de escisión entre la composición y la interpretación, entre la preparación de la obra y la demostración de lo que se ha logrado componer. No he descubierto la pólvora, pero comprender la música de esta manera, nos permite valorar con justicia a los artistas.

Comencé hablando de Queen, porque es una de las bandas en las que más se habla de la grandeza de Freddie por un lado, y de los otros miembros, por el otro. Y si bien es cierto que Freddie, como se dice en la jerga, "se comía el escenario". También lo es que tenía a su lado a tres verdaderos talentos de la composición y, también, de la interpretación.

Acá es donde surge la comparación entre la Música y las otras artes o disciplinas. En la pintura, el artista, una vez finalizada la creación, no debe hacer más que mostrarla a su público. El arquitecto, terminada la obra, la presenta y somete a la crítica. En otras palabras, todos son artistas o profesionales, pero en el músico, la interpretación es fundamental para el éxito de la obra, traducible en perdurabilidad, cantidad de oyentes, vigencia, influencia para otros músicos, etcétera. En el campo de la Música, el artista debe realizar un doble esfuerzo, o un esfuerzo magnífico, si desea trascender, ya que no se trata solamente de componer y de crear una obra maestra, sino que su éxito depende también de la manera en que la interprete cuando la transmita a su público.

Y creo que en este punto es donde se puede diferenciar al simple oyente del melómano. El primero, solamente se queda con la interpretación. Con lo que se muestra como producto terminado. En base a ello, critica, toma, deja, ignora o se enamora. En cambio, el melómano se emociona, en principio, con la interpretación, con el mismo producto que el simple oyente, pero luego levanta la baldosa para saber qué es aquello que la mantiene tan fija al suelo. El melómano necesita conocer los cimientos de la obra. Precisa saber quién ha sido el responsable de tal maravillosa canción, de tal disco, o hasta de un arreglo, por pequeño que sea. Necesita saberlo para admirar al artista como es debido.

Fue Queen la banda que despertó en mí esta idea, porque es una de las agrupaciones en las que más se suele elevar a su líder por encima del resto, menospreciando, involuntariamente y sin mala intención, claro está, a los tres talentos que lo acompañaban. Alcanza con investigar un poco, o prestar atención a los videos que se han capturado de sus presentaciones en vivo, para notar que si bien Freddie es un verdadero animal arriba del escenario, que opaca naturalmente al resto por su intensa actitud, Brian, John y Roger son tan responsables como él de todo ese vendaval de corcheas que era expulsado desde el escenario, con tanta fuerza y precisión.

En el plano de la interpretación, Freddie era un camión que arrasaba con todo. Pero en el plano compositivo, todos se encontraban en un pie de igualdad. Todos fueron los causantes de esa música que tanto amamos, de esa banda llamada Queen.






9 sept 2013

Prisionero


“[...] Y era serio, en efecto. Marius se hallaba en esa primera hora violenta y deliciosa en que comienzan las grandes pasiones. Una mirada había hecho todo esto. Cuando la mina está cargada, cuando el incendio está pronto, nada es más sencillo. Una mirada es una chispa.
Era una cosa hecha. Marius amaba a una mujer. Su destino entraba en lo desconocido.
La mirada de las mujeres se parece a ciertas maquinarias, tranquilas en apariencia, pero formidables. Pasamos a su lado todos los días tranquila e impunemente, sin sospechar nada. Pero llega un momento en que incluso olvidamos aquello que está allí. Se va, se viene, se sueña, se habla, se ríe. De pronto, nos sentimos presos. Todo terminó. La rueda nos detiene, la mirada nos ha hecho caer en la trampa. Nos ha apresado, no importa por dónde, ni cómo, por una parte cualquiera de nuestro pensamiento que se arrastraba sin objeto, por una distracción que hemos tenido. Y estamos perdidos. Un encadenamiento de fuerzas misteriosas se apodera de nosotros. En vano nos resistimos. No hay socorro humano posible. Vamos a caer de engranaje en engranaje, de agonía en agonía, de tortura en tortura, nosotros, nuestro espíritu, nuestra fortuna, nuestro porvenir, nuestra alma; y según nos hallemos en poder de una criatura malvada o de un noble corazón, no saldremos de esta espantosa máquina sino desfigurados por la vergüenza o transfigurados por la pasión".

Fragmento de "Los Miserables", de Victor Hugo. Tomo II, Libro Sexto, Acápite sexto.

30 jul 2013

Respirando el aire de la sierra




Un viaje de pocos días, planeado en pocas horas.
Sin demasiadas precisiones. Un pasaje y la bicicleta embalada y lista para subir al micro.

Gente hermosa que la vida te regala e interpone en tu destino, transformando momentos efímeros en eternas caricias para el corazón.

El nene tiene su cochecito nuevo. Eso es lo que importa.

La estación "De la canal" conserva su paz, típica de esos pueblos pequeñísimos que no han sido invadidos ni penetrados por el demonio disfrazado de capitalismo.

Allí, el transcurso del tiempo no devora a nadie. El tiempo se mata, siguiendo las lecciones de Sábato.

La antigua almacén del pueblo recibe a quienes pasan allí sus días y también a los que estamos de paso. Sus dueños atienden a todos sus visitantes con el mismo altísimo grado de amabilidad.

Seguimos siendo los dueños de nuestras vidas.
Es nuestro deber seguir demostrando que somos humanos.

Afortunadamente, es tan simple, que depende pura y exclusivamente de nosotros mismos.




14 jul 2013

Respira el aire


Cuando creé este blog, entendí que su nombre era una expresión de deseo.

Habiendo pasado algún tiempo desde ese entonces, descubrí la verdadera forma de respirar el aire...

Si viste a alguien pedaleando y pensaste en que sería lindo volver a agarrar la bicicleta, ya diste el primer paso.


12 jul 2013

Las bocinas de los autos

Las bocinas de los autos deberían venir con una cantidad determinada de bocinazos para utilizar. Algo así como cien bocinazos disponibles, luego de los cuales haya que recargarlas. Deberían venderse paquetes de cien bocinazos, a un precio mínimo de mil pesos, pagaderos al contado y en efectivo.

Sería la única forma efectiva de lograr que cada energúmeno piense más de una vez antes de acostarse arriba de su bocina para mantenerla presionada durante siete u ocho segundos, sobre todo cuando tiene veinte autos más adelante y la aprieta como si con ese acto fueran a desaparecer todos los demás coches para cederle el paso.

1 dic 2012

Campanas del infierno y el prejuicio con respecto al rock

Este volante fue arrojado por debajo de la puerta de mi casa, hace mucho tiempo.
Pensé que nunca iba a volver a verlo, pero hoy lo encontré.
No puedo dejar de compartir mis risas con ustedes.




25 nov 2012

Artaud y los días grises


Cada día gris, este disco suele hacerme compañía. Hoy desperté con esa tapa verde y amarilla en mi mente.

Es imposible no compenetrarse con Artaud, dejar de prestar atención a cada nota, a cada arreglo del Flaco, a cada lírica...

Recuerdo el día -tan especial- en que compré este disco con enorme alegría...

Fue uno de esos momentos en los que uno siente que alguien ingresa en su alma para no salir nunca más.


9 nov 2012

Hermann Hesse, su lobo estepario y un diálogo para reflexionar...



“-¿Eres tu éste?- preguntó Armanda señalando a mi nombre-. Pues te has proporcionado serios adversarios, Harry... ¿Te molesta esto?
Leí algunas líneas; era lo de siempre; desde hace años cada una de estas frases difamatorias estereotipadas me era conocida hasta la saciedad.
-No –dije-; no me molesta; estoy acostumbrado a ello hace muchísimo tiempo. Un par de veces he expresado la opinión de que todo pueblo y hasta todo hombre aislado, en vez de sonar con mentidas <> políticas, debía reflexionar dentro de sí, y saber hasta qué punto él mismo, por errores, negligencias y malos hábitos, tiene parte también en la guerra y en todos los demás males del mundo; éste acaso sea el único camino de evitar la próxima guerra. Esto no me lo perdonan, pues es natural que ellos mismos se crean perfectamente inocentes: el Káiser, los generales, los grandes industriales, los políticos, los periódicos, nadie tiene que echarse en cara lo más mínimo, nadie tiene ninguna clase de culpa. Se diría que todo estaba magníficamente en el mundo..., sólo que dentro de la tierra yacen una docena de millones de hombres asesinados. Y mira, Armanda, aun cuando estos artículos difamatorios ya no puedan molestarme, alguna vez no dejan de entristecerme. Las dos terceras partes de mis compatriotas leen esta clase de periódicos, leen todas las mañanas y todas las noches estos ecos, son trabajados, exhortados, excitados, los van haciendo descontentos y malvados, y el objetivo y fin de todo eso es otra vez, la guerra próxima que se acerca, que será aún más horrorosa que lo ha sido esta última. Todo esto es claro y sencillo; todo hombre podría comprenderlo, podría llegar a la misma conclusión con una sola hora de meditación. Pero ninguno quiere eso, ninguno quiere evitar la guerra próxima, ninguno quiere ahorrarse a sí mismo y a sus hijos la próxima matanza de millones de seres, si no puede tenerlo más barato. Meditar una hora, entrar un rato dentro de sí e inquirir hasta qué punto tiene una parte y es corresponsable en el desorden y en la maldad del mundo; mira, eso no lo quiere nadie. Y así seguirá todo, y la próxima guerra se prepara con ardor día tras día por muchos miles de hombres. Esto, desde que lo sé me ha paralizado y me ha llevado a la desesperación, ya que para mí no hay <> ni ideales, todo eso no es más que escenario para los señores que preparan la próxima carnicería. No sirve para nada pensar, ni decir, ni escribir nada humano, no tiene sentido dar vueltas a buenas ideas dentro de la cabeza; para dos o tres hombres que hacen esto, hay día por día miles de periódicos, revistas, discursos, sesiones públicas y secretas, que aspiran a lo contrario y lo consiguen.
Armanda había escuchado con interés.
-Sí, dijo al fin-, tienes razón. Es evidente que volverá a haber guerra, no hace falta leer periódicos para saberlo. Por ello es natural que esté uno triste; pero esto no tiene valor alguno. Es exactamente lo mismo que si estuviéramos tristes porque, a pesar de todo lo que hagamos en contra, un día indefectiblemente hemos de morir.
La lucha contra la muerte, querido Harry, es siempre una cosa hermosa, noble, digna y sublime: por lo tanto, también la lucha contra la guerra. Pero no deja de ser en todo caso una quijotada sin esperanza.
-Posiblemente sea verdad –exclamé violento-, pero con tales verdades como la de que todos tenemos que morir en plazo breve y, por tanto, que todo es igual y nada merece la pena, con eso se hace una la vida superficial y tonta. ¿Es que hemos de prescindir de todo, de renunciar a todo espíritu, a todo afán, a toda humanidad, dejar que sigan triunfando la ambición y el dinero y aguardar, la próxima movilización tomando un vaso de cerveza?
Extraordinaria fue la mirada que me dirigió Armanda, una mirada llena de complacencia, de burla y picardía y de camaradería, y al mismo tiempo tan llena de gravedad, de ciencia y de seriedad insondable.
-Esto no lo harás –dijo maternalmente-. Tu vida no ha de ser superficial y tonta, sólo porque sepas que tu lucha  ha de ser estéril. Es mucho más superficial, Harry, que luchas por algo bueno e ideal y creas que has de conseguirlo. ¿Es que los ideales están ahí para que los alcancemos? ¿Vivimos nosotros los hombres para suprimir la muerte? No; vivimos para temerla, y luego, para amarla, y precisamente por ella se enciende el poquito de vida alguna vez de modo tan bello durante una hora. Eres un niño, Harry. Sé dócil ahora y vente conmigo, tenemos mucho que hacer. Hoy no he de volver a ocuparme de la guerra y de los periódicos. ¿Y tu?

Fragmento de "El Lobo Estepario", de Hermann Hesse. Año 1927.

27 oct 2012




I know that I want you
I know that I need you
But I can't pretend that
This'll make it right

You whisper your name
But I can't hear you
Don't leave me behind
Lend me your hand

I can feel them
I think they're closing in
Don't leave me behind
Lend me your hand

Let me feel you
By my side
Be where I can hear you
I long to feel


Hablar de música...


"Señor Pablo –le dije; iba jugando con un bastoncito delgado, negro y con adornos de plata- Usted es amigo de Armanda; este es el motivo por el cual yo me intereso por usted. Pero he de decir que usted no me hace la conversación precisamente fácil. Muchas veces he intentado hablar con usted de música; me hubiera gustado oír su opinión, sus contradicciones, su juicio, pero usted ha desdeñado darme siquiera la más pequeña respuesta.
Me miró riendo cordialmente, y en esta ocasión no me dejó a deber la contestación, sino que dijo con toda tranquilidad.
-¿Ve usted? A mi juicio no sirve de nada hablar de música. Yo no hablo nunca de música. ¿Qué hubiese podido responder yo a sus palabras tan inteligentes y apropiadas? Usted tenía tanta razón en todo lo que decía... Pero vea usted, yo soy músico y no erudito, y no creo que en música el tener razón tenga el menor valor. En música no se trata de que uno tenga razón, de que se tenga gusto y educación y todas esas cosas.
- Bueno: pero, entonces, ¿de qué se trata?
-Se trata de hacer música, señor Haller, de hacer música tan bien, tanta y tan intensiva, como sea posible. Así es, monsieur. Si yo tengo en la cabeza todas las obras de Bach y de Haydn y sé decir sobre ellas las cosas más juiciosas, con ello no se hace un servicio a nadie. Pero si yo tomo mi tubo y toco un shimmy de moda, lo mismo da que sea bueno o malo, ha de alegrar sin duda y a la gente se les mete en las piernas y en la sangre. De esto se trata nada más. Fíjese usted en un salón de baile y en las caras en el momento en que se desata la música después de un largo descanso; ¡cómo brillan entonces los ojos, se ponen a temblar las piernas, empiezan a repir los rostros! Para eso se toca la música.
- Correcto, señor Pablo. Pero no hay sólo música sensual, la hay espiritual. No hay sólo aquella que toca precisamente para el momento, sino también música inmortal, que continúa viviendo, aun cuando no se toque. Cualquiera puede estar solo tendido en su cama y despertar en sus pensamientos una melodía de La Flauta encantada o de la Pasión de San Mateo; entonces se produce la música sin que nadie sople en una flauta ni rasque en un violín.
- Conforme, señor Haller. También el Yearning y el Valencia son reproducidos calladamente todas las noches por personas solitarias y soñadoras; hasta la más pobre mecanógrafa en su oficina tiene en la cabeza el último onestep y teclea en las letras llevando su compás. Usted tiene razón, todos estos seres solitarios, yo les concedo a todos la música muda, sea el Yearning o La Flauta encantada o el Valencia. Pero ¿de dónde han sacado, sin embargo, estos hombres su música solitaria y silenciosa? La toman de nosotros, de los músicos. Antes hay que tocarla y escucharla y tiene que entrar en la sangre, para luego poder uno en su casa pensar en ella en su cámara y soñar con ella.
- De acuerdo –dije secamente-. Sin embargo, no es posible colocar en un mismo plano a Mozart y al último fox-trot. Y no es lo mismo que tyoque usted a la gente música divina y eterna, que barata música del día.
Al percibir Pablo la excitación en mi voz, puso en seguida su rostro más delicioso, me pasó la mano por el brazo, acariciándome, y dio a su voz una dulzura asombrosa.
-¡Ah!, caro señor; con los planos puede que tenga usted razón por completo. Yo no tengo ciertamente nada en contra de que usted coloque a Mozart y a Haydn y al Valencia en el plano que usted guste. A mí me es enteramente lo mismo; yo no soy quien ha de decidir en esto de los planos, a mí no han de preguntarme sobre el particular. A Mozart quizá lo toquen todavía dentro de cien años, y el Valencia acaso dentro de dos ya no se toque; creo que esto se lo podemos dejar tranquilamente al buen Dios, que es justo y tiene en su mano la duración de la vida de todos nosotros y la de todos los valses y todos los foxtrots y hará seguramente lo más correcto. Pero nosotros los músicos tenemos que hacer lo mismo, lo que constituye nuestro deber y nuestra obligación; hemos de tocar tan bien, tan bella y persuasivamente como sea posible."

Fragmento de "El lobo estepario", de Hermann Hesse, publicado en 1927.

8 sept 2012

“[...]No es raro que en nuestros días ya no se escriban distopías: el mundo 'fluido-moderno"'posfordiano de individuos con libertad de elección no se preocupa por el siniestro Gran Hermano que castigaría a todos los que no siguieran las normas. Pero en ese mundo tampoco hay demasiado lugar para el benévolo y amante Hermano Mayor, en quien se podría confiar en el momento de decidir qué cosas vale la pena hacer o tener, y que seguramente protegería a su hermanito de los matones que lo persiguen; así, tampoco se escriben utopías de una buena sociedad. Por así decirlo, todo recae ahora sobre el individuo. Sólo a él le corresponde descubrir qué es capaz de hacer, ampliar esa capacidad al máximo y elegir los fines a los cuales aplicar esa capacidad -o sea, aquellos que le produzcan la mayor satisfacción-. Al individuo le corresponde 'domesticar lo inesperado para convertirlo en entretenimiento'.”


Fragmento de "Modernidad Líquida", de Zygmunt Bauman.Año 2000.Capítulo II: "Individualidad"

18 ago 2012

Teléfonos inteligentes. Personas, ¿tontas?

No puedo -ni quiero- concebir el término "teléfono inteligente". ¿Se supone que se ha venido a reemplazar el ejercicio del razonamiento con un teléfono? El vocabulario utilizado en una determinada época marca lo que somos. Si los teléfonos hoy son lo más inteligente que tenemos, algo anda mal. Llamémosle "de avanzada", "sofisticados" o como se nos ocurra, pero no le atribuyamos a una cosa la capacidad de realizar algo que es exclusivo de los seres humanos. Valorémonos. Comuniquémonos de verdad.

5 ago 2012

La unión desmantelada


Un fantasma sobrevuela el planeta: el fantasma de la xenofobia. Las sospechas y animosidades tribales antiguas y modernas –que nunca se extinguieron por completo y han sido recientemente sacadas del congelador y puestas a recalentar- se han mezclado y combinado con la flamante sensación de inseguridad que se destila de la incertidumbre y desprotección de nuestra moderna existencia líquida.
Los individuos, consumidos y exhaustos por la seguidilla de interminables y nunca concluyentes exámenes de aptitud, y aterrorizados hasta el tuétano por la misteriosa e inexplicable precariedad de su suerte y la niebla global que se cierne sobre su futuro, buscan desesperadamente a quién culpar de sus padecimientos y tribulaciones. No es extraño entonces que los encuentren bajo la luz del farol más cercano, en el sitio exacto que tan diligentemente han iluminado para nosotros las fuerzas de la ley y el orden: “Los causantes de la inseguridad son los criminales, y los causantes del crimen son los extraños”; por lo tanto, “rodeando, encarcelando y deportando a los extraños recuperaremos nuestra perdida o robada seguridad”.
Donald G. McNeil Jr. dio a este resumen de los cambios más recientes del espectro político europeo el título “Los Políticos le siguen el juego al temor por la inseguridad”. De hecho, en todos los países regidos por gobiernos democráticos la frase “mano dura con el crimen” ha resultado ser una carta de triunfo sobre cualquier otra, pero la mano ganadora suele ser invariablemente la combinación de una promesa de “más cárceles, más policías, condenas más largas” con un juramento de “no a la inmigración, no al derecho de asilo, no a la naturalización”. Como señala McNeil, “Los políticos de toda Europa hacen uso del estereotipo de que ‘los causantes del crimen son los extranjeros’ para conectar el odio étnico, en la actualidad indigerible, con el temor en boga por la propia seguridad”. [...]

Fragmento de "Amor líquido". Acerca de la fragilidad de los víncutos humanos. Capítulo cuarto. Zygmunt Bauman. 2003.


"Los libros no piensan por nosotros: son objetos que nos hacen pensar". Umberto Eco.

2 ago 2012

Disco es cultura

Cuando nos sentamos a leer un libro, ¿elegimos cualquier capítulo al azar, para leerlo y dejarlo, o empezamos por el principio y terminamos por el final para nutrirnos gracias a la obra en su conjunto?

Cuando admiramos una pintura, ¿la observamos en su totalidad o nos dedicamos a mirar sólo una pequeña parte?

Entonces, cuando escuchamos música, ¿por qué deberíamos optar por las canciones sueltas en lugar de reproducir el disco desde la primera hasta la última canción?

No dejemos morir al disco, al concepto, a lo que el artista quiso dejarnos plasmado en su trabajo realizado.


17 jul 2012

Hasta siempre Lord...


Hoy, la tierra le devuelve al reino de los cielos, a un músico que tal vez bajó por error, por equivocación, y se infiltró entre el resto de los seres humanos.
Hoy se nos fue el más digno de los músicos, se fue un auténtico señor, un verdadero Lord. 
Es triste saber que ya no habita este mundo quien hizo nacer esas canciones que son - y serán - las más escuchadas en mi vida. Gracias a él, amo la música, gracias a él disfruto cada recital como si fuera el último. Gracias a él aprendí lo que significa que un tipo sea capaz de montar un concierto y maravillar a miles de personas alrededor del mundo. Él fundó la banda que más me gusta escuchar, la compañía de toda la vida, mis solos de órgano preferidos, mi concierto favorito, mi disco preferido.
Cualquier amante de Deep Purple sabe que hoy, la tristeza que se siente es infinita, pese a que Jon había dejado la banda desde hace varios años, necesitábamos saber que sus pies seguían caminando sobre la tierra. Aunque cueste creerlo, a veces era tan solo un ser humano.
Nos dejó miles de notas, solos, canciones, melodías, que no me cansaré de escuchar jamás, que siempre alegraran nuestra vida.
Hoy despedimos al tipo más elegante de la escena musical, agradeciéndole por haberse tomado setenta y un años en la tierra, para dejarnos una muestra de cómo es el cielo...



5 jul 2012

Relato desarticulado. Procedimiento desarticulado.



Hay aventuras que no admiten repeticiones, ni imitaciones baratas.

Son aquellas que - en palabras del Negro Dolina - mejoran el alma de quien las vive.

Es de noche y escuchás un disco, entonces llegan a tu mente de la mano de esa tapa verde, con un toque amarillento. También sucede cuando tropezás con recuerdos de hace unos años, antiguos pero no por ello desgastados. O al ver un libro, un trozo de papel, una calcomanía, la entrada de un concierto, o una remera... Asimismo, ello ocurre cuando llega esa canción particular. Te ubicás en un tiempo y un espacio que hoy no existen, para rememorar...

En ese momento, decidís sincerarte con tu alma y admitir que no hacías más que ir tras el recuerdo de aquella aventura, intentando engañarte, como para sentir que desembocaste en el mismo, cuando en realidad corrías tras él. Es que ni siquiera uno mismo, en ciertas oportunidades, quiere admitir que, de vez en cuando, es necesario sumirse en esta actividad particular.

Y es un recuerdo porque, lógicamente, ya pasó. Tuvo su comienzo, su desenlace y su final. Es por eso que nos aferramos a determinadas aventuras. Porque contaron con el factor determinante de la finalización. Sin finales no existen las añoranzas. Podrán ser tristes o alegres, pero deben ser concluyentes. Lo que no termina no se recuerda, sino que se vive. ¿Pero es más fuerte vivir que recodar?

Dudo que goce de más felicidad quien vive una historia eternamente. Prefiero comulgar con quienes recuerdan por las noches. Con los que tal vez olvidan recordar algo, pero no dejan de lado aquello que simulan, a sí mismos, haber olvidado.

Medimos la vida con la vara del tiempo. Entendemos al tiempo de manera utilitaria, como una medida necesaria a efectos de comprender cuándo se gana o se pierde dinero, o el mismo tiempo, el cual a su vez entendemos como monetario. Algo así nos dice Sábato en una de sus obras.

Prefiero seguirlo, mostrarme de acuerdo con él y valorar lo efímero. Pero lo efímero en los hechos. Lo que dura poco, si tenemos en cuenta las horas de duración de la aventura y las comparamos con las horas que llevamos en la tierra. Esa aventura se torna imposible de medir cuando tratamos de comprender cuánto tiempo lleva en nuestra alma, en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

Esto es lo que nos hace dudar de su verdadera duración. ¿Será que, independientemente de lo que suceda días, meses e incluso años después de la aventura, ese ápice de esperanza de que se repita algo de la misma magnitud nos enloquece?

Y en ese momento, pensamos. Recordamos con una precisión suiza que nos asombra a nosotros mismos. Somos conscientes de que nunca volverá a suceder. Podrán venir nuevas historias, pero afortunadamente, la aventura preferida de nuestras vidas seguirá gozando de un primer puesto en el podio que se encuentra a años luz del segundo lugar.

Pero posteriormente, la ilusión vuelve a nacer. Este procedimiento puede repetirse cientos y miles de veces. Cuanto más se repita, más felices podremos ser.

Qué grato es recordar, mientras contemos con un café, la protección de la noche y una buena obra musical.






Y ya es mañana...