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18 mar 2018

Desde Montevideo hasta Colonia del Sacramento (Uruguay) en bicicleta

Una vez más cruzamos el charco para aprovechar un fin de semana largo y pedalear por tierras uruguayas. En esta oportunidad, el tramo elegido fue el que va desde Montevideo hasta Colonia del Sacramento, haciendo escala en Nueva Helvecia (Colonia Suiza). Dos días de pedaleo y un total de 197 kilómetros.

Saliendo desde el centro Montevideo, tomamos la ruta 1 en sentido oeste. Tras haber pasado la zona portuaria -un lugar bastante inseguro dentro de Montevideo-, llegamos a dicha ruta y comenzamos a sentir las primeras gotas de agua. Una lluvia importante se avecinaba.

La lluvia es la causa de que no haya fotografías del tramo realizado el primer día, a excepción de unas pocas que tomamos antes de llegar a Colonia Suiza por un denominado "camino alternativo".

La ruta 1, desde Montevideo hasta Nueva Helvecia, presenta el atractivo de poder cortar con su monotonía ingresando a los poblados que aparecen en el camino: Ciudad del Plata, Libertad, Puntas de Valdez, Rafael Perazza y Ecilda Paullier. Libertad es el punto medio entre Montevideo y Colonia Suiza. En todos los puntos anteriores existe la posibilidad de comprar comida y bebidas.

La lluvia no paró, sino que se intensificó. En Libertad estábamos completamente empapados, hasta que por suerte empezó a divisarse algo de cielo celeste, allá a lo lejos. Llegamos a Colonia Suiza, ingresando por un camino de pasto, completamente inundado, pero con un sol radiante sobre nuestras cabezas, y prácticamente secos.


Maxi pensando, como tantas otras veces, por qué nos hace caso.


Pero salimos adelante y el camino alternativo se dejó transitar.


Ellas también querían salir en la foto.


Llegada a Colonia Suiza y encuentro con su misterioso Gran Motel.

El segundo día de pedaleo presentó condiciones climáticas mucho más favorables y un tramo de 73 kilómetros para llegar a Colonia del Sacramento.

Tomamos la ruta 1, nuevamente, y optamos por desviarnos a la altura del balneario Artilleros, para luego continuar hasta Santa Ana y hacer una parada para almorzar.

Una vez concluido el almuerzo, retornamos a la ruta 1, a través de Playa el Ensueño, para pedalear los últimos kilómetros pendientes hasta llegar a Colonia del Sacramento.

Una nueva aventura en bicicleta, que en lo personal, me permitió completar la totalidad del tramo Carmelo - Punta del Este. Ahora, falta pedalear la otra mitad del país vecino.



Plaza de los fundadores




Balneario Santa Ana

Recorrido en Wikiloc

Tramo 1 - Montevideo - Colonia Suiza


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Tramo 2: Colonia Suiza - Colonia del Sacramento


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1 dic 2017

Colonia del Sacramento - Nueva Helvecia (Uruguay) en bicicleta

Una vez más, Uruguay se mostró como un destino más que apto para salir a pedalear en un fin de semana largo, pero corto. Tres días son suficientes para cruzar el Río de la Plata y aprovechar las rutas que ofrece la costa uruguaya.

Esta vez, el destino elegido fue Nueva Helvecia, partiendo desde Colonia del Sacramento.


Los poco más de 60 km que unen ambas ciudades, son en constante subida y bajada, por lo cual el atractivo para pedalear es mayor.


Saliendo desde Colonia del Sacramento, no queda más que tomar la ruta 1 para dirigirse hacia Nueva Helvecia. En el camino, quedan atrás pequeños pueblos como Santa Ana y Artilleros, los cuales habíamos visitado en una pedaleada anterior.


Algunos pocos kilómetros antes de llegar a Nueva Helvecia, decidimos desviarnos hacia la derecha, en la rotonda que marca el ingreso a La Paz, para tomar, apenas unos metros después, un sendero de tierra llamado Juan Bonjour.

Tras pedalear unos pocos kilómetros (no más de dos o tres), dicho sendero llega a su intersección con la Avenida Ugon, principal de la ciudad de Colonia Valdense.



Pedaleando por la Avenida Ugon, conocimos la pintoresca ciudad de Colonia Valdense, a mi juicio, mucho más bonita que Nueva Helvecia.

Continuando por dicha avenida, arribamos a la intersección con la ruta 1, por la cual veníamos pedaleando anteriormente. Tras cruzar la ruta 1 y continuando siempre derecho, llegamos a Nueva Helvecia y a la posada en la cual pasaríamos la noche.



Casas de colores en Nueva Helvecia.


La Posada de Ofelia.



No se hubieran molestado.


Árbol Cantonal.

Uruguay es un destino que aparece siempre como apropiado para llevar adelante este hermoso pasatiempo que es el cicloturismo. Esperamos poder volver pronto y continuar sumando recorridos.


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Hasta el próximo relato.


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4 ago 2015

Pedaleando desde Colonia hasta Santa Ana y Artilleros (Uruguay)

A medida que se iba acercando la mitad del año, iba creciendo la necesidad de realizar un viaje en bicicleta para regalarle al alma uno de esos particulares descansos. Dejar el ambiente medieval de los Tribunales para respirar el aire de las rutas siempre es una tentación.

Esta vez, el destino elegido fue nuevamente Colonia del Sacramento, Uruguay, donde hicimos base junto con mi querida colega Carla, compañía más que grata durante los cuatro días de estadía en el país vecino. Partimos el miércoles a la tarde/noche desde Buenos Aires, llegando a Colonia del Sacramento para la hora de la cena.

Desde allí planeamos realizar dos pedaleadas. La primera hacia Santa Ana, y la segunda hacia Artilleros. Ambos pueblos se encuentran relativamente cerca entre sí, aunque los pocos kilómetros que separan al primero del segundo presentan unas cuestas realmente cansadoras.

El primer día, partimos desde Colonia hacia Santa Ana, tomando la ruta 1 -hacia el este-, que jamás abandonaríamos hasta llegar al cartel que indica que por un camino de asfalto se ingresa al balneario. El viento en contra de la ida nos dificultó bastante lo que en los planes era una pedaleada simple. La vuelta, en cambio, fue un verdadero paseo, aunque llegando a Colonia comenzó a llover levemente.

La ruta se encuentra en excelentes condiciones y cuenta con una banquina, no muy ancha pero suficientemente espaciosa para circular con tranquilidad sobre nuestra bicicleta.

El viernes, la lluvia matutina nos impidió realizar un recorrido extenso, pero aprovechamos la tarde para recorrer Colonia y a la noche nos sacamos las ganas de andar en bicicleta, y tras una abundante cena y un par de cervezas, recorrimos parte de la ciudad sobre nuestras dos ruedas, llegando hasta la Plaza de Toros.

Cualquiera que haya pedaleado durante la noche sabe que la sensación es maravillosa. En Colonia, la tranquilidad que nos otorga el escaso tránsito vehicular en horas de la madrugada, nos dejó aún más satisfechos.

El sábado fue nuestro último día de pedaleo, ya que el domingo por la mañana regresamos hacia Buenos Aires. Optamos por repetir parte del recorrido del día jueves, pero llegando esta vez hasta Artilleros. Para ello, en lugar de ingresar al balneario Santa Ana, seguimos andando por la ruta 1, atravesando tres o cuatro cuestas realmente duras, para luego ingresar al balneario Artilleros. Recorrimos el lugar, tomamos algunas fotografías, y no encontrando ningún restaurante abierto, optamos por regresar a Santa Ana, pero tomando un camino paralelo al río que se abre a poco de salir de Artilleros.

Volvimos a recurrir a la hostería Don Guillermo, el único lugar disponible para almorzar que encontramos en dicho pueblo.

Tras el almuerzo, disfrutamos del sol que iba y venía sobre la playa, para regresar luego a Colonia y pasar allí la última noche, previo a nuestro regreso hacia Buenos Aires.

Nos trasladamos por intermedio de Colonia Express, empresa que permite al pasajero llevar su bici armada y sin costo alguno. Esto le otorga un alto grado de practicidad a cualquier viaje corto en bicicleta y merece ser destacado.

En síntesis, han sido unos días muy lindos, pedaleando por el país vecino. Y como suelo decir, la idea de cada relato es lograr que una persona más se anime y decida emprender su viaje en bicicleta. Las sensaciones que a uno lo invaden en esos momentos son indescriptibles y la única forma de experimentarlas, es viviendo.

Algunas fotos de los días pedaleados, debajo.

Gracias por su tiempo.



A punto de partir desde Las Barrancas Hostel, en Colonia del Sacramento.


Antigua Panadería "La Nueva Pompeya" ubicada al costado de la Ruta 1







Pedaleada nocturna por Colonia. Plaza de Toros.


Atardecer en Colonia del Sacramento


Ruta 1. Camino hacia Santa Ana / Artilleros


Se acaban las palmeras, el viento se torna más intenso y la ruta se vuelve algo monótona. No importa, hay que seguir pedaleando.


Parada técnica.


Poco antes de llegar a Santa Ana, vuelven los árboles como compañía.






Artilleros.




Parada para almorzar.



Descanso en Santa Ana.



Regreso hacia Colonia, desde Santa Ana.


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6 abr 2015

Desde Colonia del Sacramento hasta Carmelo en bicicleta

Se acercaban cuatro días feriados y enseguida se me ocurrió la idea de realizar un recorrido que desde hace tiempo tenía en mente: los casi 80 km que separan a las ciudades vecinas de Colonia del Sacramento y Carmelo.
Recuerdo que al volver de Montevideo, en mi anterior visita a nuestro país vecino (http://respiraelaire.blogspot.com.ar/2014/04/montevideo-en-bicicleta-y-una-cita-con.html), unos chicos me comentaron que habían pedaleado dicho trayecto, desde Carmelo hasta Colonia, parando en el pueblo de Conchillas por una noche, en carpa.

Decidí organizar un plan similar, pero un poco más ambicioso: mi idea fue la de trasladarme desde Buenos Aires hacia Colonia el día jueves, para llegar a Carmelo el día viernes, regresando a Colonia el sábado, y a Buenos Aires el domingo. En total, 160 km de pedaleo. En principio, el plan era viajar en solitario, no por gusto o preferencia sino porque mis habituales compañeros de viajes en bicicleta no podían acompañarme esta vez.

Se me ocurrió publicar el plan de cruzar el charco en el grupo BiRuedas (https://www.facebook.com/groups/210728732456948/?fref=ts) y lo cierto es que la decisión fue muy fructífera, ya que se sumaron seis personas excelentes que hicieron de este viaje algo mucho más divertido y nutritivo. Además, tuve el placer de que también me acompañaran Jess y Yami, que pese a no viajar en bicicleta coincidieron en tiempo y lugar con el resto, pasando a ser parte del grupo.

El viaje se organizó de manera colectiva mediante un "evento" de Facebook y prácticamente todos los asistentes nos conocimos personalmente al momento de embarcar con destino a Uruguay. Esto puede significar un éxito o un fracaso total. En este caso, fue más que un éxito, ya que durante los cuatro días de estadía en Uruguay reinaron el buen humor, la energía positiva, el espíritu colaborativo y la buena predisposición por parte de todos.

Partimos desde Buenos Aires hacia Colonia el jueves 2 de abril a las 18:45 horas, por medio de Coloniaexpress, una alternativa económica a Buquebus que presta un servicio muy respetable. Antes de embarcar y luego de haber realizado el "check-in", sacamos todos los equipajes de nuestras bicicletas para que el personal de la empresa las cargara -completamente armadas y sin siquiera quitar la rueda delantera- en la embarcación.

Luego de una hora y media de viaje, arribamos en Colonia y pedaleamos hasta Las Barrancas Hostel, un lugar moderno y encantador, que presta excelentes servicios, tiene una muy linda terraza con vista a la costa y una agradable sala de estar, con barra, equipo de música y televisión. El costo es razonable, más aún teniendo en cuenta que luego pagaríamos un poco más en Carmelo por un hostel de una calidad notablemente inferior a éste.

El día viernes partimos con destino hacia Carmelo, por la ruta 21. Nos separaban unos 80 km aproximadamente (http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5658857). A juzgar por el trazado del mapa de Wikiloc, las cuestas a enfrentar no serían tan duras. El recorrido se planeó como paseo y terminó siendo un desafío para todos nosotros, debido a que el intenso viento en contra nos dificultó el pedaleo durante absolutamente toda la jornada.

Pedalear con viento en contra es lo más duro que a un ciclista le puede pasar. Ni la lluvia, el frío o el calor le llegan a los talones al viento en contra. Más aún si se trata de una zona costera, donde las ráfagas terminan por detenernos, a veces, hasta por completo.

De derecha a izquierda: Andrea, Patricia, Juan, Andrea, Pablo, Gabriel y yo.

Como antes adelanté, se trata de un trayecto que no debe subestimarse, ya que las interminables cuestas hacen que la dificultad del recorrido se eleve considerablemente, sobre todo si llevamos todo nuestro equipaje sobre nuestra bicicleta.

Sería tan difícil como inútil intentar describir las sensaciones que se adueñaron de nosotros durante el pedaleo hacia Carmelo, pero lo más destacable es que siempre estuvieron presentes, en todos los miembros, las ganas de llegar a destino. Y así fue que llegamos a Carmelo para presenciar la caída del sol, tras mucho esfuerzo, incontables paradas a causa del viento en contra que nos castigó durante todo el día y con un calor importante que nos obligó a tomar litros y litros de líquido.



Una de las infinitas cuestas que tiene el trayecto.



Bodega.


Estación de servicio en la que paramos a almorzar tanto a la ida como al regreso. Ubicada en la entrada de Conchillas, prácticamente a mitad de camino entre Colonia y Carmelo.



Foto grupal en uno de los descansos. El buen humor siempre estuvo presente pese a que el camino se mostró desafiante.



Una compañera que nos recibió en Carmelo.


Llegamos y nos fuimos rápido al río para ver la caída del sol.



 

 

Platos cargados para reponer energías. 
El sueño nos ganaría a todos poco después de terminar de cenar.

El objetivo estaba cumplido: llegamos a Carmelo después de un extenuante día de pedaleo. Ahora, había que volver a Colonia.

Luego de haber pasado la noche en Carmelo, emprendimos le regreso hacia Colonia el sábado, saliendo aproximadamente a las 9:30 horas.

En principio, el viento era tan fuerte como el día anterior, y para colmo ¡otra vez en contra! Los primeros 15 km fueron durísimos. Esperábamos un día tan arduo como el anterior. Afortunadamente, el viento cesó luego de haber atravesado ese tramo y las bajadas comenzaron a ayudarnos para trepar algunas cuestas de este tobogán de asfalto constante que une ambas ciudades.

Las nubes cubrían el sol y no teníamos tanto calor. El viento prácticamente no soplaba. En consecuencia, el pedaleo se tornaba más amigable que el día anterior. Volvimos a parar en la estación de servicio que se encuentra en la entrada de Conchillas y emprendimos el segundo tramo, donde reaparecería nuestro gran enemigo: el viento en contra.


Existen varias escuelas rurales entre Colonia y Carmelo.


Otra amiga que nos recibió en Conchillas. 



Así nomás.




Un cartel algo gracioso. ¿Adónde vamos si crece el río?


Momento duro. El sol del mediodía.


Allá van: Andrea, Juan y Gabriel.



Los últimos 25 km atravesados para llegar a Colonia fueron un padecimiento. El viento en contra volvió a surgir y con más fuerza que el día anterior. También hizo lo suyo el sol una vez que se corrieron las nubes, aunque luego se nubló nuevamente y parecía que se venía la tormenta. Pero la meta era llegar y nuestras mentes se fijaron ese objetivo más que nunca, venciendo al cansancio del día, y también al acumulado del día anterior. Estábamos tan compenetrados en llegar que apenas bajamos el ritmo de pedaleo pese a los fuertes vientos que nos golpeaban.

Llegando a la ciudad, cruzamos a Gilberto Trotamundos, quien se encuentra dando su tercera vuelta al mundo en bicicleta, por 142 países. Se dirigía hacia Carmelo, con una cantidad de carga y equipaje sorprendente.

Una vez de vuelta en Colonia, regresamos al hostel y paseamos por la ciudad, para luego devorar los exquisitos fideos que prepararon Andrea y Patricia.

Nos quedamos despiertos hasta que nuestros cuerpos dijeron basta, teniendo en cuenta que, al día siguiente, deberíamos partir desde Colonia hacia Buenos Aires a las 10 horas.



Calle de los suspiros.






Plaza de Toros.




Plaza de toros desde adentro.

Para finalizar, fue un viaje excelente, de esos que se recuerdan más por aquellos que formaron parte que por los senderos recorridos. Los ánimos son fundamentales a la hora de andar en bicicleta y eso se notó sobradamente en este precioso recorrido. Nadie puede refutar la idea de que la buena onda del grupo ayuda considerablemente.

Y uno vuelve a confirmar, una y otra vez, que andar en bicicleta es realmente un placer supremo. La sensación de libertad e intimidad con el paisaje que se hace presente en cada viaje, genera una satisfacción inagotable, que crece aún más cuando el trayecto se dificulta. Ese doble rol, en el que uno forma parte de un grupo pero a la vez se encuentra solo con su bicicleta y su cuerpo, hace de esta actividad algo único. Es cuestión de terminar un viaje para ya estar pensando en planear otro.

Por muchos viajes más en bicicleta, recordando cada metro pedaleado.



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