25 jul. 2016

Piriápolis, Punta del Este y Montevideo (Uruguay) en bicicleta

Una vez más decidimos cruzar el charco para recorrer la costa uruguaya en bicicleta. En esta oportunidad, los destinos elegidos fueron Piriápolis, Punta del Este y Montevideo. El plan: unirlos en dos días, pedaleando alrededor de 200 km. en total.

Embarcamos el día miércoles (20/7/2016) por la mañana, desde el Puerto de Buenos Aires, hasta Colonia, vía Colonia Express, para llegar posteriormente a Piriápolis mediante una conexión en ómnibus. En el barco, pudimos subir nuestras bicicletas armadas. Luego nos enteraríamos de que, desde hace poco tiempo, las bicicletas viajan en la bodega de los automóviles, razón por la cual hasta se pueden dejar las alforjas y los bolsos puestos, lo que antes no era recomendable porque las ubicaban al descubierto y se podía mojar el equipaje. Para subirlas al ómnibus, debimos quitarles las ruedas delanteras. De esta manera, entraron perfectamente en la bodega del micro. Si el personal de AFIP no lo hace espontáneamente, recomiendo que les pidan que coloquen un precinto en sus bicicletas (además de llevar la factura de compra, si es que la tienen), para evitar que a la vuelta, pretendan cobrarles una multa por creer que han comprado la bicicleta en Uruguay. 

A media tarde, ya habíamos llegado a Piriápolis. Nos alojamos en el Hostel de los Colores, que está muy cerca de la terminal y a una cuadra de la costa. Un lugar recomendable para hospedarse. En lo que quedó del miércoles, recorrimos la rambla y cenamos en Lo De Anita, adonde volveríamos al día siguiente, con mucha más hambre, causada por la pedaleada.

El jueves, siendo todavía bastante temprano y con mucho frío pero bien abrigados, partimos hacia Punta del Este, destino al que llegamos al mediodía, para regresar, luego, nuevamente a Piriápolis, habiendo pedaleado unos 95 km.

Tomamos la Rambla de los Ingleses, un camino muy vistoso y entretenido, con el mar a nuestra derecha, que se transforma en Américas Unidas, ruta que nos permitió llegar a la Interbalnearia.





Después, no quedó más que pedalear en dirección hacia Punta Ballena, donde luego de trepar una importante cuesta, llegamos a un precioso mirador.






Mirador Punta Ballena.


Descanso y mates en Punta del Este.


En la impactante construcción del Hotel Conrad de Punta del Este.

Continuando por la misma Interbalnearia, que se convierte en la Rambla Claudio Williman y luego en la Rambla Gral. Artigas, arribamos a Punta del Este, una ciudad muy bonita para recorrer en bicicleta. Tomamos unos mates en la punta de la península, para emprender el regreso más tarde, por idéntico recorrido, hacia Piriápolis.









Como dije anteriormente, volvimos a cenar en Lo De Anita, para reponer energías para el día siguiente.

El viernes por la mañana, partimos desde Piriápolis hasta Montevideo, listos para pedalear màs de 100 km., esta vez con nuestras alforjas a cuestas. Por suerte, no hizo tanto frío como el día anterior.

Desde el Hostel de los Colores, tomamos la ruta 10, en dirección a Montevideo. Este tramo es precioso, ya que el mar acompaña a la izquierda, mientras uno va atravesando diferentes pueblitos. La ruta 10 desemboca en la Interbalnearia y a partir de allí, todo fue pedalear y comenzar a dejar atrás los diferentes pueblos que nos fuimos cruzando: Jaureguiberry, Cuchilla Alta, Biarritz, Santa Lucìa del Este, Araminda, La Tuna, Los Titanes, San Luis, Guazuvirá, Bello Horizonte, Costa Azul y La Floresta, para llegar a Atlántida, lugar que elegimos para almorzar, debido a que se encuentra a mitad de camino entre Piriápolis y Montevideo.






Para llegar a Atlántida, una vez que dejamos atrás La Floresta y cruzamos el Arroyo Solís, nos desviamos hacia la costa, volviendo al contacto directo con el mar. El lugar elegido para reponer energías fue Indigo, un restaurante con una vista exquisita y unas pastas que merecen idéntico calificativo.




Camino a Atlántida.




Vista desde el Restaurante Índigo.

Al salir de Atlántida, volvimos a la Interbalnearia y llegamos a Montevideo tomando la Av. Giannattasio y después, la Av. Italia, hasta que advertimos la peligrosidad de esta última y regresamos a la rambla. Fue un error haber tomado la Av. Giannattasio. Lo hicimos para no extender demasiado el recorrido, pero nos dimos cuenta de que hubiera convenido haber pedaleado por la Rambla, ya que el estado de la Av. Giannatasio y el caudal de tránsito, nos generaron cierta ofuscación en el tramo final. También hay que aclarar que por la rambla, no fue demasiado pacífico el tránsito vehicular. Lo cierto es que tratándose de un viernes, en hora pico y en una ciudad Capital, no podíamos esperar algo diferente.



Parada en la ruta, camino a Montevideo.



Llegada al Obelisco de los Constituyentes, Montevideo.

Llegamos al Hostel Che Lagarto, en donde nos alojamos hasta el domingo por la mañana, día en que regresamos a Buenos Aires, partiendo de la Terminal Tres Cruces, conectando en micro con Colonia. Al llegar al puerto de Buenos Aires, como nuestras bicicletas se encontraban en la bodega de los automóviles, salimos directamente a la calle, previa revisión de Aduana.





"La educación, bienvenida en todas las clases sociales"

Gracias por tomarse unos minutos para leer el relato y mirar las fotos. Espero que sea de utilidad para emprender un viaje en bicicleta y disfrutar de este tan hermoso hábito.

Hasta el próximo relato.




11 feb. 2016

Cuba en bicicleta: desde Santiago de Cuba hasta La Habana


Un viaje diferente a todos los demás comenzó a planearse mientras regresábamos, con Maxi, del norte argentino, hace un año (el relato puede verse a través del siguiente enlace: http://respiraelaire.blogspot.com.ar/2015/02/noroeste-argentino-en-bicicleta-desde.html). La idea de recorrer Cuba en bicicleta apareció hace ya bastante tiempo y finalmente se concretó.

Cabe la advertencia al lector: los comentarios de este blog tienen como objetivo alentar la práctica del cicloturismo y a la vez, servir de base informativa para aquellos que tengan pensado realizar un viaje similar. Por tal motivo, contendrá datos que tal vez resulten irrelevantes para ciertas personas pero no para el ciclista (dirección de los vientos, altitud de los terrenos, elevaciones ganadas, estado de las rutas, etc.)

Principales "mitos" sobre la isla

Antes de emprender un viaje en bicicleta, es necesario realizar muchas averiguaciones para tratar de evitar imprevistos típicos de esta clase de recorridos.

Un país no tan llano...

En numerosos blogs he leído que Cuba es un país completamente llano o que carece de zonas montañosas de extrema dificultad, por lo que, supuestamente, resulta fácil para pedalear. Lo cierto es que pedaleando la isla de punta a punta, hemos descubierto que desde Santiago de Cuba hasta La Habana, la mayoría de los tramos, a excepción de unos pocos, tienen cuestas de variada dificultad. El detalle de la elevación ganada y perdida se encuentra detallado en cada uno de los tramos. Si bien ninguno de los tramos es "imposible" para un ciclista medianamente preparado y acostumbrado a pedalear distancias largas, tampoco se debe creer que se trata de un simple paseo por terrenos llanos, ya que esto puede llevar a una planificación y ejecución errónea del viaje.

La dirección de los vientos

También habíamos leído, en numerosos blogs, que los vientos se dirigen siempre desde el este hacia el oeste, pero nos dimos cuenta de que no siempre es así. En el invierno cubano -desde diciembre hasta marzo-, suelen ingresar frentes fríos provenientes de México que modifican sustancialmente la dirección de los vientos, motivo por el cual hemos tenido que soportarlos en contra o cruzados, durante varios tramos. Y todo ciclista sabe que el viento es el principal enemigo y generador de fastidio. Por eso, a no confiarse con que van a tener siempre al viento empujando.

La amabilidad del cubano

Cuba es un país plagado de gente servicial, amable y dispuesta a ayudar al turista en todo momento. La sociedad cubana se caracteriza por su solidaridad. Pero esto no significa que dicha conducta siempre sea desinteresada. Así como existe quien, sin pretender nada a cambio, brinda segundos, minutos u horas para aconsejar o hablar de su país, también están los que lo hacen exclusivamente con el fin de "cazar turistas", para terminar obteniendo una comisión de alguna de las miles de cosas que intentan venderle al extranjero.
Con el correr de los días, uno le va tomando la mano, a fuerza de ir respondiendo "no, gracias" y seguir caminando. Al principio, es realmente cansador. Después, uno se acostumbra.
Pero no quiero, con esto, generar una mala impresión sobre los cubanos, porque realmente son personas agradables y amables como pocas, pero uno se va dando cuenta de que el trato que brindan al extranjero, muchas veces es sincero pero otras es sumamente interesado, lo que puede llevar a que uno termine desgastándose a los pocos días de haber arribado. No es porque no suceda en otros países, pero la insistencia en Cuba es bastante más alta.

El recorrido

El viaje en bicicleta comenzó en Santiago de Cuba y terminó en La Habana. Salvo en contados tramos que se detallarán a continuación, circulamos por la Carretera Central de Cuba. El estado de asfalto es bastante malo y en ciertos lugares, nefasto. Lo verán en las fotos. Pero nada que impida que podamos pedalear con normalidad.

Detalles del viaje

Tuvo una duración total de 19 días, partiendo desde Buenos Aires el 19 de enero y habiendo regresado desde La Habana el 6 de febrero.

Pedaleamos un total de 928 kilómetros.

El recorrido en bicicleta fue realizado en 13 días, de los cuales hemos tomado dos completos de descanso, por lo que el tramo Santiago de Cuba - La Habana fue realizado en 11 días de pedaleo. Recomendamos intercalar más días de descanso que nosotros no agregamos, debido a que optamos por recorrer más cantidad de lugares en los días que teníamos disponibles.

Días 1 y 2 - Viaje desde Argentina, llegada a La Habana y traslado hacia Santiago de Cuba

Partimos desde Ezeiza hacia La Habana en un vuelo directo de Aerolíneas Argentinas. Despachamos las bicicletas embaladas en cajas y las alforjas. La agradable empleada de la aerolínea de bandera que me atendió en el check-in, se mostró muy interesada por el viaje y hasta me preguntó los pormenores de la aventura que emprenderíamos. No me cobró ningún cargo por la bicicleta. Sin embargo, quien atendió a Maxi no se mostró tan amable e insistió con que pagáramos 100 dólares por haber excedido la cantidad de piezas permitidas. Al partir desde La Habana, surgió el mismo inconveniente, con la diferencia de que el dependiente del aeropuerto cubano registró que solamente llevábamos 1 kg. de exceso cada uno, abaratando los costos.

Al llegar al Aeropuerto José Martí, en La Habana, después de 9 horas de vuelo, nos dirigimos en taxi (una van), con las bicis embaladas, hacia la casa de Gustavo y Alicia, en Virtudes 216, entre Águila y Amistad (Habana Vieja), para depositar las cajas de las bicicletas, con la idea de utilizarlas para nuestro regreso al país, ya que es muy complicado conseguir unas similares en Cuba.

Desde que entramos en la casa de Gustavo, nos dimos cuenta de que se trataba de un anfitrión de lujo. Sin dudas fue, junto a su esposa Alicia, uno de los que más recuerdos hermosos dejó en nuestras mentes.

Tras tomar el café de bienvenida que nos sirvieron, armamos las bicicletas para dirigirnos, unas horas más tarde, hacia la terminal de Viazul y tomar el micro -allá lo llaman "guagua"- que saldría a medianoche con destino a Santiago de Cuba.
Para transportar las bicicletas en Viazul, alcanza con desmontar la rueda delantera y bajar el asiento. No es necesario cubrirlas ni embalarlas. Esto es una gran ventaja porque es sumamente práctico ubicar la bicicleta en la bodega del micro. Hay que abonar un adicional de 7 CUC.


Así viajaron nuestras bicicletas en la bodega del Viazul.


Tras 16 horas de viaje, arribamos en Santiago de Cuba a las 16 horas del segundo día, montamos la rueda delantera, nuestro equipaje y emprendimos la búsqueda de alojamiento en esta hermosa ciudad.

Llegaríamos, gracias a la "colaboración" de un transeúnte cubano -que luego pasaría a buscar su comisión- a la casa de Rosalina y Felix (San Basilio 557, entre Clarín y San Agustín), quienes nos trataron de manera excelente durante nuestra estadía.

Aprovechamos el resto del día para recorrer un poco las cercanías. En esas fechas, hubo varios temblores en Santiago, y aunque nosotros no percibimos ninguno, la población estaba alarmada.

Día 3 - Visita al Castillo del Morro (San Pedro de la Roca) y recorrido por Santiago de Cuba. 

El tercer día fue destinado a conocer los puntos claves de la segunda ciudad más importante de Cuba, después de La Habana.

Por la mañana, y para aflojar un poco las piernas, pedaleamos hasta el Castillo del Morro, ubicado a sólo 9 kilómetros del centro, desde donde se puede apreciar un muy bonito paisaje mientras se disfruta de un buen mate.


Camino al Castillo del Morro


Castillo del Morro

Por la tarde, decidimos caminar por la ciudad y visitar, entre otros lugares, la estación de ferrocarril, el puerto, el Parque Céspedes, la Ciudad Escolar 26 de Julio, el Palacio de Justicia y la Plaza Marte. Habiendo permanecido tan solo unos días en Cuba, ya nos dimos cuenta de que la propagando oficial nos acompañaría a cada momento, como se verá en las fotografías.


Cartel ubicado en una de las rotondas principales de Santiago de Cuba


El puerto, próximo a la estación del ferrocarril.


Antiguo vagón dentro del cual ahora funciona un restaurante.


El imponente Parque Céspedes


Parque Céspedes


Ciudad Escolar 26 de Julio


Ciudad Escolar 26 de Julio


Palacio de Justicia


Los carteles que enarbolan a la revolución son moneda corriente en la isla.


El transporte de pasajeros se encuentra en una situación crítica.
Los coches de uso particular cobraron importancia y trasladan a los ciudadanos.

A la noche, cenamos en la casa de Dulce y Gladys, ubicada frente a lo de Rosalina y Felix. Fue un gran banquete previo al primer día de pedaleo duro que se venía. Un integrante de la familia que conversó con nosotros en la sobremesa, nos comentó los primeros aspectos que conoceríamos acerca de la verdadera realidad cubana. Uno de los objetivos de nuestro viaje era conocer el estilo de vida cubana, derrumbar mitos y enterarnos qué hay de cierto y qué de incierto en el sistema en el que viven.

"Los cubanos no somos ningunos santos, aunque digan que somos socialistas", nos dijo en medio de una charla acerca de la famosa libreta, en la que a cada cubano se le asignan determinadas cantidades ,de distintos alimentos, que pueden comprar en algunos mercados específicos, a precios más económicos. Una vez adquiridas dichas cantidades, deben pagar el precio normal del producto si desean otro igual, aunque existe un mercado negro y vendedores a domicilio que los consiguen y entregan más baratos. El cubano tiene que rebuscársela para poder vivir bien y según varios de ellos, "robarle al Estado" ni siquiera está mal visto y se entiende como una compensación.

Día 4 - Desde Santiago de Cuba hasta Bayamo

Distancia: 122 kilómetros.
Elevación ganada: 1057 metros.
Elevación perdida: 1096 metros.

Dejamos la casa de Rosalina y Felix para emprender nuestro primer día de pedaleo pleno hacia Bayamo. Al salir de la ciudad de Santiago de Cuba, visitamos la Plaza Antonio Maceo, en la que se puede ver un monumento fantástico.


Plaza Antonio Maceo

Después, vendría el tramo más duro de todo el viaje. Unir Santiago de Cuba y Bayamo implica pedalear una de las zonas montañosas del oriente cubano y esto no es una tarea sencilla. Las cuestas se vuelven extensas e interminables y hay que salir preparado para ello, sobre todo mentalmente. Desde Santiago de Cuba hasta Contramaestre, el camino contiene numerosos kilómetros en ascenso.

Ni bien salimos de Santiago de Cuba, un trabajador que se encontraba en las afueras de las ciudad nos preguntó hasta dónde íbamos a pedalear aquel día, y ante nuestra respuesta, gritó "¡Bayamo, ay mi madre!", tomándose la cabeza con ambas manos. Fue una escena que nos quedaría grabada por el resto de los días, ya que en el momento resultó muy graciosa la expresión del cubano ante nuestra contestación. Las bicicletas que circulan en Cuba, suelen ser bastante antiguas y por eso el ciudadano cubano no se representa la posibilidad de pedalear tantos kilómetros en un día. Apenas uno llega con una bicicleta con componentes Shimano, a la mayoría le llama la atención porque en estas latitudes cuesta mucho conseguirlos.


Los carros tirados por caballos transitan por la misma carretera que los camiones de 30 metros de extensión


La zona montañosa de oriente ofrece paisajes muy vistosos


Maxi capturó el momento de la llegada al primer descanso del tramo. Todavía faltaban varios kilómetros de cuestas


Bananas, naranjas y mandarinas para evitar los calambres y reponer fuerzas


Cerca de Bayamo


Que quede claro...

Con mucho cansancio en nuestros cuerpos y con la ayuda de las frutas que se venden en algunos de los puestos ubicados entre ambas ciudades, llegamos a Bayamo a media tarde, luego de haber atravesado varios pueblos, entre ellos El Cobre, Palma Soriano y Contramaestre. En nuestro debut en la Carretera Central nos sorprendería la convivencia de autos modernos, autos de los años '50, carros tirados por caballos o yuntas de bueyes, personas montando a caballo, sidecars y camiones particulares transportando personas en condiciones precarias. Al principio esto resulta un poco extraño, hasta que los días pasan y uno comienza a acostumbrarse a la realidad del país que está conociendo, así como también a sentir aroma a café y a dulce mientras circula por la ruta.

Al arribar a la ciudad de Bayamo, nos dirigimos a la casa de Olga Rizo, ubicada en la calle Parada al 16, entre Martí y Marmol. Linda ubicación y un trato excepcional.

Cerramos el día recorriendo la pequeña ciudad de Bayamo, a lo que seguiría una gran cena y un buen descanso.

También tuvimos la posibilidad de conversar con gente de Bayamo. Allí nos contaron que las posibilidades de viajar la exterior con las que cuentan los cubanos son escasas. Ya no es necesaria la carta de invitación, como sí lo era en otra época, pero aunque se pueda viajar a algunos países sin permiso especial otorgado por el gobierno, es muy difícil para un cubano -sin ayuda- salir de la isla. Cualquier asalariado debería ahorrar muchos -muchos- años para pensar en la mera posibilidad de adquirir un pasaje de avión. La mayoría de los que tienen la posibilidad de viajar -generalmente a Estados Unidos-, reciben ayuda económica de sus familiares en el exterior, y aprovechan las estadías fuera de la isla para recaudar dinero y comprar artefactos que no se consiguen dentro de Cuba.

Sin embargo, existen muchos cubanos que se muestran muy felices con su estilo de vida. Si bien son conscientes de que los salarios son bajos, están muy satisfechos de que en su país la medicina y la educación sean totalmente gratuitas. Los robos violentos no existen, por lo que tampoco deben invertir parte de su salario en seguridad privada, que por supuesto, tampoco existe. La gente camina por la calle a cualquier hora, sin temor. Cualquier cubano sube al auto de otro compatriota y lo alcanza hasta su destino a cambio de algunos pesos. Nadie juzga al otro por su aspecto o por su cara. No muchos países pueden darse el lujo de contar con estos factores tan positivos para todo el pueblo.

Los médicos son adorados por el pueblo cubano. Su reputación es excelente. El nivel educativo también es admirado por todos y el porcentaje de analfabetos no llega al 1%. El cubano es un pueblo muy culto. Todos los enfermos son tratados gratuitamente, tengan una infección en la muela o un cáncer.  También los extranjeros, con la diferencia de que a estos últimos se les cobra, mientras que a los cubanos se los atiende completamente gratis. El "bloqueo" complica un poco las cosas, pero la inteligencia de los médicos, en muchas ocasiones, es suficiente para suplir lo que en su país no se puede conseguir.

Muchos cubanos dicen que prefieren ganar poco y contar con estos beneficios por parte del estado, mientras que otros -generalmente los que han tenido la oportunidad de viajar y haber visto "otro mundo"- dicen que arriesgarían un poco más a cambio de obtener la posibilidad de progresar de manera cualitativa. Mientras unos dicen "Yo no podría vivir en un país que no fuera socialista", otros opinan que "El comunismo es una desgracia" o que prefieren estar en Cuba "pobres, pero felices".

Distintos puntos de vista de personas que viven en un mismo lugar, como sucede en cualquier país.

Día 5 - Bayamo - Las Tunas

Distancia: 77 kilómetros.
Elevación ganada: 254 metros.
Elevación perdida: 235 metros.



Vista desde el balcón

Dejamos Bayamo para emprender un tramo de pedaleo que se presentaba ameno -en los planes-, hasta la ciudad de Las Tunas. De ameno, terminó teniendo poco, debido a que el frente frío que había entrado de México nos obligó a pedalear los casi 80 kilómetros con viento en contra. Por momentos, comenzó a caer una fina garúa, que no llegó a convertirse en lluvia.

Lo positivo de este tramo fue que abandonamos la Carretera Central para dirigirnos por la ruta 152, que se encuentra en un estado mucho más decente que aquélla.


Azucarera "Grito de Yara"


Bienvenida a Las Tunas

Cuando llegamos a Las Tunas, nos alojamos en la casa de Doña Nelly, en la calle Lucas Ortiz 111, quien nos recibió con jugo, café y dos sanguchitos de jamón y queso que nos vinieron como anillo al dedo.

Aprovechamos la tarde y la noche para recorrer la bonita ciudad y comer algo.


Museo provincial


Parque


Parque


Ideales cubanos


Las calles de Las Tunas


La 10 de Messi, en todas partes


Academia de Ajedrez


Unión de escritores y artistas de Cuba, muy interesante galería.

Día 6 - Las Tunas - Guáimaro

Distancia: 50 kilómetros.
Elevación ganada: 262 metros.
Elevación perdida: 294 metros.

Como los primeros días de pedaleo nos provocaron un cansancio importante, decidimos hacer un tramo corto el sexto día. Por eso nos dirigimos a Guáimaro, un pequeño poblado que se encuentra a sólo 50 kilómetros de Las Tunas.


Allí nos esperó Luis, para indicarnos dónde estaba su casa. Allí nos quedamos esa noche.



Sorpresa al ver un Ford Falcon por las calles cubanas


Aprovechamos el día para descansar, dar algunas vueltas por el pueblito, hablar con la familia de Maiby y Luis y cerramos la jornada con una agradable charla junto a su familia y amigos.


Plaza central de Guáimaro

Día 7 - Guáimaro - Camagüey - Florida

Distancia: 116 kilómetros
Elevación ganada: 382 metros.
Elevación perdida: 405 metros.

El plan original era llegar a Camagüey y dormir allí, pero solamente almorzamos en "El Rincón de Candita" -un lugarmás que recomendable-, recorrimos la preciosa ciudad y luego continuamos hasta Florida, un pequeño pueblo, no tan apabullante como la turística Camagüey.


Llegada a Camagüey


El Rincón de Candita


El Rincón de Candita


El Rincón de Candita




Bicitaxi con la bandera estadounidense

En Florida, encontramos la casa de Laura y Jorge, quienes nos recibieron y atendieron de manera inigualable. Muy cordiales, simpáticos y encantadores anfitriones, con quienes conversamos largo y tendido acerca de la vida cotidiana del cubano y sus bemoles.
Laura nos comentó que su padre había sido invitado, desde Argentina, en el año 2001, pero nunca pudo visitar nuestro país debido a que estalló la crisis de diciembre del 2001 y le aconsejaron no venir a la Argentina. Ella aún conserva la carta de invitación de su padre.




Recorrimos el pequeño pueblo por la noche y cenamos en "Doña Mary". Después, seguimos conversando con los dueños de casa y estudiando en mapas los futuros caminos que atravesaríamos.

Día 8 - Florida - Ciego de Ávila

Distancia: 70 kilómetros.
Elevación ganada: 171 metros.
Elevación perdida: 174 metros.

Otro tramo ameno fue el que une a Florida con Ciego de Ávila. En estos sitios puede decirse que uno pedalea por terrenos prácticamente llanos. Atravesamos el punto medio de la isla, llamado "El Centro" y llegamos, con la tierra roja dándonos la bienvenida, a Ciego de Ávila. Ésta fue la única ciudad en donde notamos que, para su magnitud, la oferta de casas de renta era escasa.





Hicimos el -ya habitual- recorrido por el centro de la ciudad, pasando por La Turbina, y regresamos a la casa.






La turbina


Originalidad en la turbina

Día 9 - Ciego de Ávila - Sancti Spiritus

Distancia: 77 kilómetros.
Elevación ganada: 352 metros.
Elevación perdida: 338 metros.


Muchas bicicletas en la mañana de Ciego de Ávila

Otro tirón y llegamos a Sancti Spiritus, que cuenta con un parque central encantador. Lo negativo de esta escala fue la casa en la que nos alojamos, ya que no nos trataron bien y fue el único lugar de Cuba en el que no nos hemos sentido cómodos (Rosa María, en calle Guardiola 65).




Es recomendable visitar la Biblioteca Provincial de la ciudad, una construcción muy interesante, que además ofrece preciosas vistas desde sus balcones.






Día 10 - Sancti Spiritus - Santa Clara

Distancia: 81 kilómetros.
Elevación ganada: 564 metros.
Elevación perdida: 522 metros.

Para el décimo día de nuestro viaje se nos presentaría un duro panorama. El tramo que une Sancti Spiritus y Santa Clara es bastante duro, sobre todo por dos motivos. En primer lugar, el estado de la Carretera Central es peor que en otros lugares, ya que como nace una arteria de la Autopista Nacional, aquélla se encuentra completamente descuidada por la competencia de ésta. Hay que tener especial cuidado al pedalear porque un bache puede llegar a dañar de forma severa nuestra bicicleta. En segundo lugar, el camino contiene numerosas cuestas en forma de subida y bajada, que en caso de que la temperatura sea elevada -así fue nuestra suerte-, puede complicarse un poco.

A todo esto, aclaro que llevábamos siete días de pedaleo, sin descanso, lo que ayudó para que nuestro agotamiento fuera mayor.


Asfalto en estado complicado


Pero como las ganas de llegar siempre triunfan, pudimos arribar en Santa Clara, una de las ciudades más importantes de Cuba. "Si los argentinos no pasan por Santa Clara, cuando salen, les rompen el pasaporte", nos decían algunos cubanos a modo de broma, debido a que en dicha ciudad se encuentra el mausoleo del "Che" Guevara.


Mausoleo Ernesto "Che" Guevara




Cuando uno viaja en bicicleta, las fotos de a dos no abundan y se sacan solamente en lugares claves


Día 11 - Recorrido por Santa Clara

Finalmente llegó el ansiado día de descanso. Nos alojamos en la casa de Miguel, ubicada frente al parque Vidal, donde fuimos recibidos de manera espectacular. Luego, tuvimos que cambiar de casa porque tenía todo reservado para las noches posteriores.


Vista del Parque Vidal desde la casa de Miguel, que salió en la foto


El hotel Santa Clara que desentona con la arquitectura del parque y no por casualidad


Parque Vidal y sus alrededores

Visitamos el sitio-museo "Acción contra el Tren Blindado", nuevamente el mausoleo, y esta vez ingresamos al museo y al memorial. Dos datos importantes para tener en cuenta: el mausoleo, el museo y el memorial se encuentran cerrados los días lunes, y no se puede ingresar al museo con cámara fotográfica. Por la noche, cenamos en Big Bang Latino, un restaurante excelente y con muy buenos precios, ubicado en la calle Buen Viaje al 70. Recomendamos visitarlo.

Santa Clara es una ciudad donde vale la pena quedarse, caminar y recorrer.


Universales


Sitio-museo Acción contra el Tren Blindado


Interior de uno de los vagones de exposición


Máquina con la que se levantaron las vías para lograr el descarrilamiento del tren


El tren que actualmente pasa por ese lugar

Día 12 - Santa Clara - Colón

Distancia: 110 kilómetros.
Elevación ganada: 321 metros.
Elevación perdida: 423 metros.

De nuevo a la Carretera Central para realizar una distancia larga. Lo cierto es que si bien pedaleamos una buena cantidad de kilómetros, el tramo que une Santa Clara con Colón es relativamente sencillo para andar en bicicleta.

En el camino, hicimos una parada en la Pizzería Cascajal y en varios de los tantos puestos que se encuentran a lo largo de toda la Carretera Central, donde uno puede comprar alimentos y bebidas. En una de las paradas, conversamos con unos chicos que eran seguidores del fútbol español y del argentino. La referencia, como siempre, era la misma: Lionel Messi.


Cervecería


Pizzería Cascajal

Finalmente llegamos a Colón, pueblo al que solamente utilizaríamos de escala para poder llegar a tener nuestro primer contacto cercano con la playa caribeña al día siguiente.

Día 13 - Colón - Varadero

Distancia: 71 kilómetros.
Elevación ganada: 139 metros.
Elevación perdida: 187 metros.

Partimos bien temprano desde Colón para llegar a Varadero y poder aprovechar la tarde de playa. Afortunadamente, así fue. Pedaleamos unos kilómetros hasta un pueblo llamado Perico, luego del cual hay que desviarse y dejar la Carretera Central, para tomar un camino en dirección al norte que pasa por España Republicana y llega a Máximo Gómez. Desde allí, por el Circuito Norte, hacia occidente, se llega perfectamente a Varadero, entrando a Cárdenas. Si bien los carteles desvían el tránsito vehicular hacia las afueras del pueblo, el tramo se acorta penetrando Cárdenas.



Sistema de riego


A unos pocos de Varadero, la verdadera Cuba

De pronto, todo se vuelve una pantalla para el turista. Los caminos plagados de baches se transforman en una vía perfectamente asfaltada, señalizada y pintada, que tras pedalear unos pocos kilómetros, nos permitió cruzar el famoso puente, llegar a Varadero y poder disfrutar de su hermosa playa.


¡Al fin playa!


Día 14 - Varadero

Varadero es una ciudad netamente turística, que cuenta con una de las mejores playas de Cuba. Los precios de los alojamientos suben un poco, en comparación al resto de las ciudades, pero tampoco exageradamente. Los restaurantes cuestan lo mismo o menos que en otros sitios de Cuba. La ciudad está preparada para que el turista visite sus playas, coma en sus restaurantes y compre presentes para llevar de recuerdo.  No hay mucho más para hacer, pero con esa playa, alcanza y sobra. No se consigue en muchas partes del mundo.



Día 15 - Varadero - Guanabo

Distancia: 108 kilómetros.
Elevación ganada: 562 metros.
Elevación perdida: 568 metros.

Dejamos Varadero bien temprano, con una espesa niebla como paisaje, para dirigirnos hacia otro destino playero: Guanabo.


Decidimos tomar la Vía Blanca (Circuito Norte), que en 140 kilómetros une Varadero con La Habana. Partimos ese recorrido en dos tramos, para hacer una escala en Guanabo.
Esta parte del recorrido fue realmente magnífica y por demás entretenida, debido a las vistas y paisajes que ofrece. Ir pedaleando con el mar al lado es siempre algo gratificante. Si bien el trayecto presenta algunas cuestas extensas y pronunciadas, no es extremadamente dificultoso.
En el primero de los puentes, encontraríamos a una ciclista polaca, de unos 60 años de edad, que también venía pedaleando desde Santiago de Cuba. Estaba sola y con una bicicleta que había comprado en Cuba. Admirable su esfuerzo.


Más adelante, llegaría uno de los tramos más bonitos de todo el viaje: la llegada a Matanzas. Rodear la bahía es alucinante. Todos los intentos que podría realizar para describir las sensaciones que me generó haber descubierto ese paisaje serían vanos.






Pero lo mejor, lo que más me gustó, todavía estaba por venir... O mejor dicho, nosotros estábamos por ir. Tras pedalear un poco más, llegamos a una maravilla de la ingeniería civil en Cuba, tal como reza el cartel que se encuentra allí: el Puente de Bacunayagua, construido el 26 de septiembre de 1959. Bajar de la bicicleta genera un poco de vértigo al ser tan baja la baranda lateral. El paisaje que desde este punto podemos observar es increíble. Da ganas de quedarse horas. Apenas termina el puente, hay una escalera que nos lleva a un mirador, desde donde puede verse el puente completo.









El milagro ocurrió, una Coca Cola en Cuba.

Continuamos por la Vía Blanca, que siguió regalándonos paisajes preciosos. A fuerza de refrescos y jugos adquiridos en los puestos de las estaciones de servicio, llegamos a Guanabo con unas cuantas horas de playa disponibles para disfrutar.

Estábamos a tan solo 30 kilómetros de cumplir nuestro objetivo.


Día 16 - Guanabo - La Habana

Distancia: 33 kilómetros.
Elevación ganada: 278 metros.
Elevación perdida: 260 metros.

Nuestra idea original era quedarnos todo el día en Guanabo, y partir al día siguiente para La Habana, pero nos tentó la posibilidad de llegar un día antes a la capital de la isla y poder disponer de dos días completos para recorrerla. Por eso, tomamos la decisión de abandonar Guanabo al mediodía, luego de haber pasado la mañana en la playa, para pedalear los pocos kilómetros que nos separaban de La Habana.




Tuvimos que hacer un cambio de planes obligado, ya que por el túnel que da la bienvenida a La Habana Vieja, no se puede pasar en bicicleta sin subirla a un medio de transporte, porque está prohibido. Mientras pedaleábamos por la Vía Blanca, se nos acercaron dos ciclistas que estaban entrenando en sus bicicletas de ruta: formaban parte del equipo nacional de Cuba. Uno de ellos, llamado Marcos, y el otro, Vicente Sanabria, nada más y nada menos que el Campeón de la Copa Nacional de Ciclismo. Marcos ocupó el tercer lugar.

Y como un viaje mágico tenía que tener un final acorde, nos acompañaron durante varios kilómetros -pinchazo y cambio de cámara mediante-, para indicarnos cuál era la entrada que nos dejaría directamente en la Plaza de la Revolución José Martí, destino emblema del recorrido. Tras una charla con los dos deportistas, seguimos adelante.

Cargados de emociones y de imágenes en nuestras mentes, vimos aparecer ante nosotros las figuras de Ernesto "Che" Guevara y Fidel Castro Ruz, que nos indicaban que el recorrido -tan planeado, estudiado, alterado, craneado y afinado-, había concluido. Habíamos dejado atrás 928 kilómetros y logrado unir las dos costas cubanas a bordo de nuestras bicicletas y con nuestro equipaje a cuestas.




Uno sabe, apenas comienza a escribir estos relatos, que mil anécdotas, momentos y situaciones serán imposibles de transmitir y que otras tantas quedarán afuera, tal vez olvidadas y rememoradas en otra ocasión.

La intención es siempre la misma: mostrar que es cuestión de organizar el viaje y salir a pedalear. La bicicleta es el medio ideal para conocer determinados lugares, y como si fuera poco, abarata costos y te hace volver de tus vacaciones con unos kilos menos. "La mitad del camino es la puerta de tu casa", decía un querido viejo conocido.

El balance final es más que positivo. Los momentos de fastidio en esos días de cansancio quedan atrás ante el recuerdo del objetivo cumplido. Cuba es un país excepcional para recorrer en bicicleta. Nunca estás sólo y siempre alguien te va a dar una mano en caso de sufrir cualquier inconveniente. El hecho de poder investigar y adentrarse en la "verdadera Cuba" se transforma en un activo invaluable que genera un impacto notable en la vida de cualquiera que pueda descubrirlo.

Días 17, 18 y 19 - Recorrida por La Habana y regreso a Buenos Aires

Volvimos al lugar desde donde partimos: La Habana Vieja. Más precisamente, a la casa de Gustavo y Alicia, nuestros anfitriones de lujo. Con la misma amabilidad que habían tenido días antes, nos abrieron las puertas de su casa, en donde nos alojaríamos hasta el momento de nuestra despedida. Llegamos el 3 de febrero, día en que se cumplía un nuevo aniversario del decreto estadounidense de bloqueo total contra Cuba, tal como indicaba el diario "Granma", uno de los tres que se editan en el país.

Es difícil poder contar en algunas líneas la cantidad de momentos gratos que vivimos en esa casa. Uno se siente parte de la familia. En ninguno de los lugares en los que paramos, se nos trató tan maravillosamente.

En los días disponibles para visitar la capital de la isla, recorrimos La Habana Vieja, el Parque Lennon, varias librerías con ediciones y precios muy interesantes, la Universidad de La Habana, el Callejón de Hamel, el Malecón, la calle Obispo, El Capitolio, El Gran Teatro, el Hotel Inglaterra -ideal para tomar algo y escuchar música cubana tradicional- y algunos bares de la zona céntrica.



La Habana Vieja


Universidad de La Habana


Universidad de La Habana


Biblioteca de la Universidad de La Habana




Pintadas callejeras


Parque Lennon




Malecón


Capitolio


El Gran Teatro


El Gran Teatro


El Gran Teatro iluminado

Tras embalar las bicicletas para el regreso, con las cajas que habíamos dejado y que nos guardó Gustavo durante todo el viaje, conseguimos un taxi que nos llevaría hasta el aeropuerto, para regresar a Buenos Aires.




De esta manera se concretó nuestro ansiado plan de recorrer un país tan particular como Cuba, en bicicleta. De más está decir que recomiendo este viaje a cualquier persona que sienta ganas de realizarlo, así como también me ofrezco para responder cualquier duda o aclaración sobre el recorrido.

Saludos y gracias por haberse tomado un tiempo para leer estas líneas.