16 abr. 2012

Este blog no tiene aguante

A medida que se suceden hechos como los de ayer y antes de ayer, me doy cuenta de que haber dejado de lado el vivir el fútbol desde lo que se denomina “hincha”, fue una de las mejores decisiones que tomé, en lo personal.
La mediocridad del ambiente futbolero se acentúa a medida que los torneos transcurren. Se le pide a la gente que concurre al estadio que no se violente, porque un equipo de fútbol no es la vida, ni el que tiene otra camiseta es un enemigo a quien hay que destruir, pero simultáneamente, un jugador desenfunda un revolver en un vestuario, mientras otros se rebajan al nivel de la concurrencia para intercambiar golpes de puño con ellos. Y elijo la palabra “rebajan”, porque el protagonista del espectáculo – que se supone que es el jugador y no la hinchada – desciende al nivel de ese fanático* que no busca más que violencia al acudir a un estadio. La cultura del “aguante” y del “dejo todo”, confluye en actos de lo más deleznables, como los que han sucedido tanto el sábado, en el vestuario de Racing, como ayer, en la salida de los jugadores de Boca.
No justifico de ninguna manera la violencia de la concurrencia, en base a la violencia de los jugadores, pero no les quito responsabilidad a estos últimos por lo que hacen los primeros, ya que comportándose tan indignamente como lo vienen haciendo, no hacen más que fomentar

* = fanático, ca.
1. adj. Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas. U. t. c. s.

pasión.
1. f. Acción de padecer.

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