6 abr. 2015

Desde Colonia del Sacramento hasta Carmelo en bicicleta

Se acercaban cuatro días feriados y enseguida se me ocurrió la idea de realizar un recorrido que desde hace tiempo tenía en mente: los casi 80 km que separan a las ciudades vecinas de Colonia del Sacramento y Carmelo.
Recuerdo que al volver de Montevideo, en mi anterior visita a nuestro país vecino (http://respiraelaire.blogspot.com.ar/2014/04/montevideo-en-bicicleta-y-una-cita-con.html), unos chicos me comentaron que habían pedaleado dicho trayecto, desde Carmelo hasta Colonia, parando en el pueblo de Conchillas por una noche, en carpa.

Decidí organizar un plan similar, pero un poco más ambicioso: mi idea fue la de trasladarme desde Buenos Aires hacia Colonia el día jueves, para llegar a Carmelo el día viernes, regresando a Colonia el sábado, y a Buenos Aires el domingo. En total, 160 km de pedaleo. En principio, el plan era viajar en solitario, no por gusto o preferencia sino porque mis habituales compañeros de viajes en bicicleta no podían acompañarme esta vez.

Se me ocurrió publicar el plan de cruzar el charco en el grupo BiRuedas (https://www.facebook.com/groups/210728732456948/?fref=ts) y lo cierto es que la decisión fue muy fructífera, ya que se sumaron seis personas excelentes que hicieron de este viaje algo mucho más divertido y nutritivo. Además, tuve el placer de que también me acompañaran Jess y Yami, que pese a no viajar en bicicleta coincidieron en tiempo y lugar con el resto, pasando a ser parte del grupo.

El viaje se organizó de manera colectiva mediante un "evento" de Facebook y prácticamente todos los asistentes nos conocimos personalmente al momento de embarcar con destino a Uruguay. Esto puede significar un éxito o un fracaso total. En este caso, fue más que un éxito, ya que durante los cuatro días de estadía en Uruguay reinaron el buen humor, la energía positiva, el espíritu colaborativo y la buena predisposición por parte de todos.

Partimos desde Buenos Aires hacia Colonia el jueves 2 de abril a las 18:45 horas, por medio de Coloniaexpress, una alternativa económica a Buquebus que presta un servicio muy respetable. Antes de embarcar y luego de haber realizado el "check-in", sacamos todos los equipajes de nuestras bicicletas para que el personal de la empresa las cargara -completamente armadas y sin siquiera quitar la rueda delantera- en la embarcación.

Luego de una hora y media de viaje, arribamos en Colonia y pedaleamos hasta Las Barrancas Hostel, un lugar moderno y encantador, que presta excelentes servicios, tiene una muy linda terraza con vista a la costa y una agradable sala de estar, con barra, equipo de música y televisión. El costo es razonable, más aún teniendo en cuenta que luego pagaríamos un poco más en Carmelo por un hostel de una calidad notablemente inferior a éste.

El día viernes partimos con destino hacia Carmelo, por la ruta 21. Nos separaban unos 80 km aproximadamente (http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5658857). A juzgar por el trazado del mapa de Wikiloc, las cuestas a enfrentar no serían tan duras. El recorrido se planeó como paseo y terminó siendo un desafío para todos nosotros, debido a que el intenso viento en contra nos dificultó el pedaleo durante absolutamente toda la jornada.

Pedalear con viento en contra es lo más duro que a un ciclista le puede pasar. Ni la lluvia, el frío o el calor le llegan a los talones al viento en contra. Más aún si se trata de una zona costera, donde las ráfagas terminan por detenernos, a veces, hasta por completo.

De derecha a izquierda: Andrea, Patricia, Juan, Andrea, Pablo, Gabriel y yo.

Como antes adelanté, se trata de un trayecto que no debe subestimarse, ya que las interminables cuestas hacen que la dificultad del recorrido se eleve considerablemente, sobre todo si llevamos todo nuestro equipaje sobre nuestra bicicleta.

Sería tan difícil como inútil intentar describir las sensaciones que se adueñaron de nosotros durante el pedaleo hacia Carmelo, pero lo más destacable es que siempre estuvieron presentes, en todos los miembros, las ganas de llegar a destino. Y así fue que llegamos a Carmelo para presenciar la caída del sol, tras mucho esfuerzo, incontables paradas a causa del viento en contra que nos castigó durante todo el día y con un calor importante que nos obligó a tomar litros y litros de líquido.



Una de las infinitas cuestas que tiene el trayecto.



Bodega.


Estación de servicio en la que paramos a almorzar tanto a la ida como al regreso. Ubicada en la entrada de Conchillas, prácticamente a mitad de camino entre Colonia y Carmelo.



Foto grupal en uno de los descansos. El buen humor siempre estuvo presente pese a que el camino se mostró desafiante.



Una compañera que nos recibió en Carmelo.


Llegamos y nos fuimos rápido al río para ver la caída del sol.



 

 

Platos cargados para reponer energías. 
El sueño nos ganaría a todos poco después de terminar de cenar.

El objetivo estaba cumplido: llegamos a Carmelo después de un extenuante día de pedaleo. Ahora, había que volver a Colonia.

Luego de haber pasado la noche en Carmelo, emprendimos le regreso hacia Colonia el sábado, saliendo aproximadamente a las 9:30 horas.

En principio, el viento era tan fuerte como el día anterior, y para colmo ¡otra vez en contra! Los primeros 15 km fueron durísimos. Esperábamos un día tan arduo como el anterior. Afortunadamente, el viento cesó luego de haber atravesado ese tramo y las bajadas comenzaron a ayudarnos para trepar algunas cuestas de este tobogán de asfalto constante que une ambas ciudades.

Las nubes cubrían el sol y no teníamos tanto calor. El viento prácticamente no soplaba. En consecuencia, el pedaleo se tornaba más amigable que el día anterior. Volvimos a parar en la estación de servicio que se encuentra en la entrada de Conchillas y emprendimos el segundo tramo, donde reaparecería nuestro gran enemigo: el viento en contra.


Existen varias escuelas rurales entre Colonia y Carmelo.


Otra amiga que nos recibió en Conchillas. 



Así nomás.




Un cartel algo gracioso. ¿Adónde vamos si crece el río?


Momento duro. El sol del mediodía.


Allá van: Andrea, Juan y Gabriel.



Los últimos 25 km atravesados para llegar a Colonia fueron un padecimiento. El viento en contra volvió a surgir y con más fuerza que el día anterior. También hizo lo suyo el sol una vez que se corrieron las nubes, aunque luego se nubló nuevamente y parecía que se venía la tormenta. Pero la meta era llegar y nuestras mentes se fijaron ese objetivo más que nunca, venciendo al cansancio del día, y también al acumulado del día anterior. Estábamos tan compenetrados en llegar que apenas bajamos el ritmo de pedaleo pese a los fuertes vientos que nos golpeaban.

Llegando a la ciudad, cruzamos a Gilberto Trotamundos, quien se encuentra dando su tercera vuelta al mundo en bicicleta, por 142 países. Se dirigía hacia Carmelo, con una cantidad de carga y equipaje sorprendente.

Una vez de vuelta en Colonia, regresamos al hostel y paseamos por la ciudad, para luego devorar los exquisitos fideos que prepararon Andrea y Patricia.

Nos quedamos despiertos hasta que nuestros cuerpos dijeron basta, teniendo en cuenta que, al día siguiente, deberíamos partir desde Colonia hacia Buenos Aires a las 10 horas.



Calle de los suspiros.






Plaza de Toros.




Plaza de toros desde adentro.

Para finalizar, fue un viaje excelente, de esos que se recuerdan más por aquellos que formaron parte que por los senderos recorridos. Los ánimos son fundamentales a la hora de andar en bicicleta y eso se notó sobradamente en este precioso recorrido. Nadie puede refutar la idea de que la buena onda del grupo ayuda considerablemente.

Y uno vuelve a confirmar, una y otra vez, que andar en bicicleta es realmente un placer supremo. La sensación de libertad e intimidad con el paisaje que se hace presente en cada viaje, genera una satisfacción inagotable, que crece aún más cuando el trayecto se dificulta. Ese doble rol, en el que uno forma parte de un grupo pero a la vez se encuentra solo con su bicicleta y su cuerpo, hace de esta actividad algo único. Es cuestión de terminar un viaje para ya estar pensando en planear otro.

Por muchos viajes más en bicicleta, recordando cada metro pedaleado.




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