22 abr 2014

Montevideo en bicicleta y una cita con Paul McCartney: cuatro días en la vida, con una pequeña ayudita de mis amigos


Pedalear por las calles de Montevideo era una idea tentadora, pero que necesitaba estar acompañada de una fuerza importante que nos impulsara a visitar aquella ciudad. Ese empujón llegó de la mano de Paul McCartney, el talentoso Beatle de 71 años que generó una revolución a miles de kilómetros de su tierra, causando que argentinos y brasileños cruzaran la frontera con el fin de verlo y escuchar su música.

Día 1 - Arribo a Colonia desde Buenos Aires y traslado hacia Montevideo

Con nuestras bicicletas armadas y nuestros bolsos en el portaequipaje llegamos al puerto de embarque de la empresa Colonia Express. Tras un breve "check-in", pasamos al sector de migraciones, donde el personal retiró nuestras bicicletas, armadas, para ubicarlas en la bodega del buque.

Tras un pequeño retraso debido a la gran cantidad de gente que pretendía cruzar el charco, comenzamos a movernos por agua hasta llegar a Colonia, donde descendimos para tomar el colectivo que nos alcanzó hasta Montevideo. Allí también nuestras bicicletas viajaron armadas, en la baulera del micro, sin inconvenientes. Incluso fuimos nosotros mismos quienes las subimos y las bajamos, por sugerencia del personal de la empresa, para evitar daños en aquéllas.

Una vez que arribamos en Montevideo, sin esa pesada idea de tener que armar la bicicleta al llegar, volvimos a ubicar nuestros bolsos en el portaequipaje y emprendimos camino hasta un hostel llamado Willy Fog, lugar muy agradable en el que nos hospedamos durante cuatro días, rodeados de otras personas, en su mayoría enloquecidas por la llegada de Paul. Por momentos, dentro del hostel, no se hablaba de otra cosa.

Unas cervezas antes de dormir y a despertarse relativamente temprano al otro día para dar unas vueltas.

Día 2 - Visita al Parque Lecoq

Luego de interrogar a varios nativos, confirmamos una vez más el alto nivel de cipayismo que existe en Argentina, donde se suele hablar bien de todos los países menos del propio, pues comenzamos a enterarnos de que la vida en Uruguay no es tan fácil como suele decirse por estos lares. Es un país caro, tanto para nosotros como para ellos, donde tener un automóvil y mantenerlo es un verdadero lujo. Donde el transporte público cuesta cinco veces más que en Argentina, por tramos cinco veces menores. Donde los servicios cuestan seis veces más que en Argentina. Sólo por citar algunas cosas.

Su gente es amable y muy bien predispuesta con el turista. Todos se detienen a responder nuestras inquietudes y se toman el tiempo que sea necesario para explicar una y otra vez cómo llegar hasta un determinado lugar.

Uno de estos amables uruguayos fue Hugo, quien nos indicó la forma más segura de llegar al Parque Lecoq, porque hay que tener en cuenta que ciertos caminos están "vedados" para los ciclistas, ya que el riesgo de sufrir un robo es alto. Como en toda capital, hay zonas seguras y zonas inseguras. Y desde que el hombre puede apropiarse de algo, existe otro que quiere quitárselo.

Partimos desde el hostel, ubicado en la calle Maldonado al 900 (cerca de la Plaza Independencia), hacia la Av. 18 de Julio, para luego tomar Av. Libertador, hasta llegar al Palacio Legislativo, primera construcción que merece una parada obligada para admirar su impresionante diseño.







Posteriormente, tomamos la Av. Agraciada, que nace detrás del Palacio Legislativo, derecho hasta la calle Ramirez, donde tomamos una curva hacia la izquierda hasta la Av. Luis Battle Berres. Como referencia, se puede tomar un Santander Río que se encuentra sobre la mano derecha (sobre Av. Agraciada), para saber dónde girar. Pero no se preocupen, cualquier uruguayo les indicará amablemente cómo llegar a cualquier parte.

Una vez que llegamos a la Av. Luis Battle Berres, giramos a la derecha y a pedalear a través de los 12 km. que nos separaban de nuestro destino. Esta parte del camino es la menos pintoresca, aunque ofrece una hermosa vista de Montevideo al pasar por sobre la ruta 5.


El asfalto se encuentra en un estado desastroso, presentando enormes baches en determinadas partes que obligan a los autos a frenar a cero. En lo que a nosotros respecta, tenemos que lidiar con serruchos, lomos de burro y alguna que otra línea gruesa que mueve nuestra bicicleta. No es recomendable circular por la banquina, en los tramos donde hay, ya que los obstáculos son abundantes y el trayecto no se disfruta. Pero hay que prestar mucha atención al moverse por el carril derecho, ya que los autos pasan a una considerable velocidad.

De pronto, un cartel de madera, grande, ubicado a la derecha, nos indica que hemos llegado al Parque Lecoq. 


La fotografía fue tomada al salir del parque, no al ingresar, por lo cual sale sobre la izquierda. Dentro del Parque Lecoq podremos ver numerosas especies de animales, que cuentan con un amplio lugar para su esparcimiento, aunque tampoco dejan de estar encerrados, lo que genera en uno un pensamiento dicotómico.

Es ideal para andar tranquilo en bicicleta y tomar unos buenos mates. Más aún si toca una tarde de sol.






Regresamos por Battle Berres, hasta Ramirez, donde atravesamos el Prado y le dimos derecho hasta llegar al Estadio Centenario, para retirar nuestras entradas, mirarlas, olerlas y atesorarlas hasta el sábado a la tarde. El estadio se encuentra ubicado en una hermosa zona para recorrer.


La fiebre por Paul crecía: argentinos, brasileños, uruguayos y alguno que otro hablando en inglés, se acercaban hasta el estadio para retirar sus papeles.




Regresamos al hostel por la Av. 18 de Julio, visitando el Obelisco -Homenaje a los Constituyentes-, el Ministerio de Salud Pública, la Universidad de la República, la Biblioteca Nacional y la Intendencia. Finalmente, vimos el mar a pocas cuadras y regresamos al Willy Fog, con más de 50 km pedaleados encima y un cansancio considerable, no mayor que la ansiedad que teníamos por ver a Paul en poco más de 24 horas.




















Día 3 - Parte I - Paseo por la Rambla, pasando por Ciudad Vieja y Plaza Independencia

El día del recital había llegado, pero había que aprovecharlo íntegramente, por lo que salimos para Ciudad Vieja, a pocas cuadras del hostel, con el fin de recorrer los 25 km. de Rambla que tiene Montevideo, con la constante postal del mar sobre nuestra derecha y playas y espacios verdes muy bonitos. Incluso posee una ciclovía en la que se puede circular, pero es poco práctica ya que hay que esquivar a los peatones constantemente y esto entorpece mucho nuestro andar. Es mejor ir por la avenida.

Pero antes de ver el mar, hicimos una escala en el impresionante mausoleo de Artigas, ubicado en la Plaza Independencia. Desde allí puede admirarse un hermoso alrededor. Es realmente una preciosa postal de Montevideo.






















Luego, no hicimos más que tomar la rambla, pedalear, respirar el aire y disfrutar. La batería de la cámara nos abandonó a los pocos kilómetros, pero ello nos importó poco y nada. Al regreso, pasamos por el Parque Rodó y nos fuimos directo para el hostel, para darnos una buena ducha, almorzar y partir para el Estadio Centenario...

Día 3 - Parte II - El recital

Llegamos al Centenario cerca de las 18 horas, para encontrarnos con un mundo de gente y una organización espantosa, además de una cola de incontables metros para ingresar a la Tribuna Colombres. Allí abandonamos a Jess, que tenía que quedarse allí y nos dirigimos hacia la entrada del campo, que en este caso se llamaba "cancha".

No hicimos ninguna cola porque la puerta estaba vacía e ingresamos en pocos minutos al estadio.

Nos esperaban dos horas de ansiedad, durante las cuales tratábamos de evitar que nuestra alma se escapara del cuerpo. Nos pusimos de pie cuando sonó el himno uruguayo, que fue entonado con mucha fuerza por los locales y no volvimos a sentarnos más.

Fiel a la puntualidad inglesa, a las 20:30 horas, comenzó el show. Quince minutos de imágenes en las enormes pantallas en alta definición fueron la antesala de la salida de Paul y su banda.




Ahora llega la parte más difícil del relato: tratar de describir con palabras lo que uno sintió habiendo estado en ese momento y lugar. Quien relata, es un gran admirador de The Beatles, y de algunas piezas de la carrera solista de Paul McCartney Mucho más "Beatle" que seguidor de Paul como solista, sin que ello signifique que no existan temas de estos últimos de los cuales esté enamorado.

El comienzo, inmejorable, con un clásico a toda prueba: "Eight Days a Week", aplausos y locura generalizada. Se me escaparon las primeras lágrimas al ver a un tipo de 71 años que nos tenía a todos en la palma de la mano con solamente levantar su brazo para saludarnos.
El concierto siguió con "Save Us", temazo de su último disco. Minutos después, sonó "All My Loving", con un sonido ya totalmente perfecto -corregidas algunas pequeñísimas fallas-, para llevarse más lágrimas de mi cuerpo. "Listen to the What Man Said" y "Let Me Roll It", de The Wings y "Paperback Writer".

Hasta acá, todo era hermoso, pero a partir de este momento se tornó único, irrepetible y emocionante. Los siguientes nueve temas generaron en mí algo que pocas veces sentí viendo a un músico en vivo. Una suerte de menú a la carta al que Paul respetó, tocando las canciones que más quería escuchar, a excepción de "For No One", que parece ser la figurita más difícil del álbum.

Ellas fueron "My Valentine", canción que supe admirar y valorar en vivo, "1985", con esa introducción inigualable, una canción que podría salir en diez años y sorprender al mundo, "The Long and Winding Road", trillado pero necesario y perfecto, "Maybe I'm Amazed", después de haber aclarado que la canción era para Linda, lo que me hizo pensar que iba a venirse "My Love". Pero no, sonó esta impresionante composición que comenzó a quebrarme la voz mientras intentaba cantar bajito para no perturbar al resto de la gente.

Dentro del menú a la carta, el plato principal fueron dos canciones que formaban parte de mi podio personal de temas esperados para esta noche, junto con la mencionada "For No One": "I've Just Seen a Face" y "We Can Work It Out". A esa altura el cuerpo ya se iba para donde quería.

Luego, sonó "Another Day", una de las grandes sorpresas de la noche. Incluso pensé que nunca había escuchado ese tema, hasta que llegó el famoso "ch ch ch ch ch" del estribillo y caí en que lo conocía.

Y de postre: una versión inconmensurable de "And I Love Her", con un final alternativo con Paul silbando, "Blackbird", siempre necesaria, una de las canciones que más me gustan sobre la tierra y "Here Today", dedicada a John, también perfectamente compuesta e interpretada.

Luego tuvieron lugar "New" y "Queenie Eye", de su último disco. Lindas canciones, relajantes luego de tanta euforia vivida. Llegó "Lady Madonna" y todos pensábamos que, de ahí en más, todo sería lo esperado, lo de siempre. Pero no: "All Togheter Now", comenzó para sorpresa de todos, seguida por una de las mayores sorpresas de la noche, "Lovely Rita". "Every Body Out There" y después, la eterna "Eleanor Rigby".

A pedido de un fanático que no paraba de pedir su tema, Paul tocó "One After 909". Al principio, pensé que el tema se encontraba originalmente en la lista y que Paul no había hecho más que engañarnos, haciéndonos pensar que lo había tocado para él. Pero estaba equivocado. Al volver a casa y revisar la lista de canciones, me encontré con que durante todo el año 2013 no tuvo modificaciones. En este recital, Paul añadió este tema porque una persona se lo pidió, y además se lo dedicó, tanto antes de tocarlo como al final. Esa persona no se va a olvidar jamás de ese momento y seguramente pasará a ser uno de los más importantes de su vida.

Acto seguido, empezaron a escucharse los primeros acordes de una canción que jamás pensé que podía llegar a escuchar en vivo, "Being for the Benefit of Mr. Kite!". Maravillosa interpretación, acompañada por láseres y animaciones acordes a tamaña obra.

Luego siguieron las anunciadas: "Something", dedicada a George, "Ob-La-Di, Ob-La-Da", otro tema que no es de los preferidos pero que se presta para un coro generalizado, la siempre esperada "Band on the Run", "Back in the USSR", "Let It Be", "Live and Let Die", con una secuencia de fuegos artificiales y explosiones demencial, y "Hey Jude", para cerrar lo que sería la parte principal del recital.

El primer bis llegó de la mano de "Day Tripper", "Hi, Hi, Hi" y "Get Back". El segundo, con "Yesterday", que me hizo pensar, al igual que el 10 de noviembre de 2010, mientras lo veía en Argentina, cuántas veces habrá tocado, en vivo, Paul, esa perla de dos minutos que nos deja a todos sedados. Más adelante, "Helter Skelter", con la potencia de siempre, para cerrar con "Golden Slumbers", "Carry That Weight" y "The End".

Despedida de Paul, caras anonadadas por lo que acabábamos de ver y escuchar: se iba del escenario un pibe de 71 años, con la voz intacta, simpático, que habló durante todo el recital en español y se mostró amable con el público. Un Beatle.

Salí del Estadio junto a Lau, para encontrarme con Jess, que empezó a llorar ni bien nos vio, presa de la emoción.

Día 4 - Regreso a Buenos Aires

Después de muy pocas horas de sueño y de no haber hablado de otra cosa que no fuera Paul, emprendimos la vuelta para nuestro país. Pedaleamos hasta la terminal Tres Cruces, para encontrarnos con Jess, que iba en taxi, y tomar el micro que nos llevaría hacia Colonia, para embarcar una vez más y llegar a Puerto Madero.

Unas pocas cuadras nos recordaron lo hermosa que se ve siempre Buenos Aires desde la bicicleta.

A modo de corolario: se trató de un viaje positivamente extraño, porque pude mezclar la pasión por la música con el amor por andar en bicicleta, todo esto con la hermosa compañía de Laura y Jésica, más toda la gente hermosa que nos cruzamos, tanto en el hostel como en la ciudad.

Cuatro días en la vida, con una pequeña ayudita de mis amigos.


Actualización 24/1/2024. Por cualquier comentario o requerimiento de información, escribirme a leonelciliberto@gmail.com, ya que Blogspot dejó de notificarme acerca de la existencia de nuevos comentarios.

5 feb 2014

La ruta de los siete lagos (y algo más) en bicicleta

Un día nos decidimos y comenzamos a planear lo que luego serían unas espectaculares y diferentes vacaciones.

La idea de recorrer parte del sur argentino en bicicleta, más precisamente el tramo comprendido entre Bariloche y San Martín de los Andes, entusiasma hasta al que nunca se ha subido a una en su vida.

Para planear el viaje, fuimos recolectando información de distintos sitios, blogs de viajeros, páginas dedicadas al ciclismo, y similares. Habiendo regresado de nuestra travesía, todos estuvimos de acuerdo en que ninguna página visitada nos ofreció información suficiente, ni siquiera básica, como para emprender esta aventura. Por tal motivo, es que se me ocurrió escribir sobre lo que hemos vivido, con un fin principalmente informativo y alentador para cualquiera que tenga ganas de hacer este viaje. Invito a todos aquellos que lo hayan realizado a aportar, a través de los comentarios, cualquier consejo que crean necesario para complementar esta entrada.

Omitiré los comentarios sobre la inmensa hermosura de cada uno de los lugares recorridos, ya que eso lo descubrirán por sí solos realizando el viaje o a través de las fotos.

El viaje comienza antes de llegar

No todo empieza cuando llegamos a la ciudad de destino, sino mucho antes. Es fundamental planear el viaje con tiempo, sobre todo si se va a viajar en avión, ya que sacar el pasaje con anticipación puede significar un ahorro de dinero muy importante.
Para el caso de que se viaje en avión, la bicicleta deberá ser desarmada e introducida en una caja para bicicletas, la cual deberá estar embalada. Si bien existen muchos videos en internet, que explican cómo embalar una bicicleta, cabe mencionar que lo básico consiste en sacar la rueda delantera, el asiento, los pedales y el manubrio. Todas estas partes, debidamente precintadas para evitar que se muevan, quedan dentro de la caja, a la que le podremos adicionar el casco, para que no nos ocupe lugar en otra parte. Recomiendo comprar un espejo para bicicleta, en caso de que se vaya a pedalear por ruta, ya que resulta de excesiva utilidad. Nosotros no lo hemos utilizado y hemos sentido la falta del mismo en varias oportunidades.
Si se viaja en micro, basta con sacar la rueda delantera y los pedales, cubriendo la bicicleta con algún papel para embalar o con dos bolsas de consorcio.

Algo para resaltar: para quienes viajen en micro, es fundamental que sepan que, si bien en la mayoría de los casos, después de una leve discusión con el maletero, al que le deberán tirar algunos pesos, podrán subir la bicicleta, no están obligados a permitir que la suban, en tanto debería ser enviada por encomienda ya que no se trata de equipaje convencional que pueda ser subido al micro. Repito: es muy raro que no puedan subirla haciendo un "aporte" al maletero, pero no por eso puedo dejar de advertir este detalle.

Para quienes viajen en avión, la bicicleta podrá subirse siempre, pero puede que tengan que abonar exceso de equipaje. La reglamentación dice que si superan los 15 kg, la bicicleta se abonará como exceso de equipaje. En cuanto a nuestra experiencia personal, a la ida (saliendo desde Aeroparque -AEP-) nos cobraron el exceso de equipaje por las bicicletas, pero a la vuelta (desde San Martín de los Andes), unos empleados muy copados de la aerolínea nos dijeron que, si bien pesaban más, las podíamos llevar gratis.

Pero lo bueno es saber que, ya sea pagando el exceso de equipaje o no, la bicicleta llegará a destino.

¿Cómo llegará? Otra gran pregunta. Aquí se trata un poco de jugar con la buena o mala fortuna. En lo personal, he oído experiencias de todo tipo en cuanto a traslado de bicicletas. Nuestra experiencia fue buena, ya que las tres bicicletas que viajaron en avión, llegaron intactas. Pueden proteger las zonas críticas con algún material que crean conveniente, pero lo cierto es que nada las deja exentas de los golpes que puedan propinarles quienes cargan y descargan el equipaje. Recuerden que ellos no aman ni tratan a nuestras bicicletas como nosotros.

También es fundamental desinflar las cámaras si se viaja en avión, ya que por la presión pueden llegar a explotar y no está para nada bueno llegar a destino debiendo cambiar ambas cámaras.

Llegada a Bariloche - Traslado al hostel - Ascenso al Cerro Catedral



Arribamos a la ciudad de San Carlos de Bariloche aproximadamente a las 20:30 horas, luego de un excelente vuelo. Tras una espera bastante prolongada, llegó la combi de la empresa "Auto Jet", que contratamos en el mismo aeropuerto, que nos trasladó  hacia el hostel Achalay, con nuestras bicicletas, alforjas, carpas y bolsas de dormir.

De haber llegado más temprano, como estaba planeado antes de que la aerolínea modificara nuestro horario de vuelo, podríamos haber aprovechado la luz del día, armado nuestras bicicletas en el aeropuerto, cargado nuestras cosas y movido hasta el hostel sin problemas.

Esa misma noche, optamos por dejar las bicicletas embaladas, ir a cenar, tomar un buen descanso y armar todo al otro día.

Despertamos bastante temprano y a eso de las ocho de la mañana, ya estábamos emprendiendo el armado de nuestras bicicletas. Es fundamental tomarse el tiempo necesario para el armado de la bicicleta, asegurándose de que todas las partes queden bien ajustadas, ya que una falla en el armado puede significar una rotura y dolor de cabeza posterior. Por tal motivo, recomiendo desarmar y armar la bicicleta varias veces, antes de emprender el viaje, sobre todo si lo van a hacer solos y sin nadie cerca que pueda darles una mano. También es bueno contar con un buen portaequipajes, que soporte la cantidad de kilos que vamos a llevar sobre nuestras bicicletas, y que el mismo esté bien ajustado a nuestra bicicleta.

Luego de inflar las bicicletas y realizar algunos ajustes en los frenos de una de ellas, partimos para el Cerro Catedral, tomando la Avenida de los Pioneros en la dirección que vemos en el mapa que se encuentra debajo, hasta la única rotonda que veremos, donde deberemos girar hacia la izquierda, para luego seguir unos 6 km de subidas, para después encarar, por asfalto, el ascenso al Cerro Catedral. Si bien en el mapa figura el trazado por la Avenida Bustillo, optamos por ir por la Avenida de los Pioneros y luego volver por Bustillo, esta última muy, pero muy transitada, sobre todo en temporada de verano.


Se trata de un excelente camino para tomar contacto con las primeras cuestas y aclimatarse, sobre todo si estamos acostumbrados a pedalear sin demasiadas subidas y bajadas, en ciudades más llanas.

Una vez llegados al Cerro Catedral, optamos por tomar un buen descanso en la base para luego regresar por la bajada del Balcón de Gutierrez, un hermoso camino de tierra que, tras una leve subida, nos ofrece una impresionante bajada, con curvas y contracurvas, a medida que el Lago Gutierrez se va descubriendo a nuestro costado, desembocando en el mismo en su final, donde se puede apreciar un precioso paisaje. Luego, cruzando un pequeño puente, seguimos camino hasta la Avenida Bustillo, por la cual volvimos hasta el hostel -ubicado en el centro-, aproximadamente a las 18 horas, con un tránsito bastante importante, que por momentos no nos dejaba disfrutar como hubiéramos querido de la maravilla que teníamos a nuestra izquierda: el lago Nahuel Huapí.

Así finalizaba nuestro primer día, habiendo realizado un hermoso camino de alrededor de 50 km.

Desde Bariloche hacia Villa la Angostura. La famosa "ruta que no ofrece mayores complicaciones" y el primer contacto con la ruta 40.



Al momento de idear el recorrido, planeamos agotar los 80 km que unen Bariloche y Villa la Angostura, en un solo día, ya que en algún blog de un viajero, leímos que la ruta no ofrecía mayores complicaciones. Esto solamente es una realidad si el clima y el tránsito ayudan. En nuestro caso, salimos a pedalear un día antes de un temporal que nos tendría dos días demorados en el camping Don Horacio, un lugar fantástico, a 30 km de Villa la Angostura, donde la Sra. Angélica nos alojó y nos ofreció lo mejor de su humanidad para hacernos más que amena la estadía.

La idea original de realizar los 80 km en un día, derivó en la realidad de haber pedaleado 50 km en alrededor de siete horas, con un viento en contra mortal (nos dijeron luego que ese día había ascendido casi a 100 km/h), muchísimo tránsito en la ruta y alguna que otra lluvia por el camino.

Moraleja: consultar cómo van a ser los vientos antes de salir, y si los mismos serán a favor o en contra.

Tres días en Don Horacio y salida hacia Villa la Angostura

Luego de haber pasado tres días en el camping Don Horacio, nos despedimos de este hermoso lugar para encarar finalmente nuestro viaje hacia Villa La Angostura. Al momento de partir, el clima se presentaba agradable, como para empezar a pedalear con shorts y mangas cortas. Pero todo cambió promediando la mitad de los 30 km que nos restaban recorrer, cuando se sintió un profundo descenso de la temperatura, que terminaría en una caída de aguanieve, que enrojeció nuestros cuerpos y nos obligó a detenernos para abrigarnos de inmediato.
Finalmente, luego de algunas cuestas, llegamos a Villa la Angostura.

Bosque de Arrayanes


Una vez que llegamos a Villa la Angostura, nos alojamos en la casa de una señora, muy popular en la Villa, que aloja a pasajeros en la misma casa donde vive. Necesitábamos pasar una noche bajo techo, después de dos noches de lluvia y frío dentro de la carpa.
Al día siguiente, decidimos visitar el Bosque de Arrayanes, único en el mundo, al cual se accede por un sendero denominado "Huella Andina", de 24 km de extensión (ida y vuelta). El trayecto es más que interesante, por supuesto, de tierra, lleno de subidas y bajadas, algunas señaladas como "peligrosas", donde un gracioso cartel indica que llevemos nuestra bicicleta en la mano para descender. El primer kilómetro y medio debe realizarse con la bicicleta al hombro, ya que se accede al sendero por una escalinata. El final del camino nos deja en una preciosa bahía, donde podemos comenzar a disfrutar del maravilloso bosque.




La vuelta por el sendero me resultó más atractiva que la ida, ya que pude andar a una mayor velocidad (porque había menos peatones en el sendero) y porque hay más bajadas que subidas.

Comienzo de la ruta de los Siete Lagos - Villa la Angostura - Lago Correntoso - Lago Espejo - Lago Espejo Chico



El plan principal de recorrer un lago por día, se vio desplazado por la demora ocasionada por el temporal y por la corta distancia existente entre algunos de los lagos, lo cual hizo que nos inclináramos por acampar solamente en los Lagos Espejo Chico y Falkner. El hecho de armar y desarmar las carpas, lleva tiempo y debe ser tenido en cuenta como parte de la aventura. El hecho de hacer menos paradas en campings, nos benefició, ya que solamente tuvimos que armar las carpas en los Lagos Espejo Chico y Falkner.



Partimos desde Villa la Angostura cerca del mediodía. A los tres kilómetros, llegamos al Lago Correntoso, al cual se accede por una bajada de ripio de unos 700 metros. Estuvimos unos veinte minutos admirando su belleza y continuamos camino al Lago Espejo, por una ruta con miradores asombrosos y paisajes constantes. Hay alguna que otra cuesta importante, pero ninguna imposible ni demasiado pronunciada. El camino es agradable. Hicimos una parada en el camping libre del Lago Espejo, para tomar un poco de agua y comer algo, para luego hacer los últimos 8 km hasta el Lago Espejo Chico, de los cuales los primeros son en leve ascenso, para luego llegar a una impresionante bajada que nos depositó en el ingreso del Lago Espejo Chico. Allí acampamos y pasamos la noche.

Lago Espejo Chico - Lago Falkner - Donde el ripio es el gran protagonista



Saliendo del lago Espejo Chico, nos esperan 8 km de asfalto, hasta la bifurcación de la ruta en dos caminos, uno que va hacia Villa Traful y otro que va hacia San Martín de los Andes. Tomamos este último y a los pocos metros, nos encontramos con el comienzo de un tramo de ripio muy lindo para pedalear, que deberemos atravesar y el cual consta de unos 30 km. Para este tramo, es indispensable ajustar bien todo nuestro equipaje y asegurarse de que nada se mueva demasiado, ya que los "serruchitos" pueden desestabilizar nuestra bicicleta y que se enganche una alforja o se caiga algo sobre la rueda, podría resultar peligroso.



También es fundamental llevar lentes. Si bien a lo largo de todo el recorrido debemos llevarlos puestos, tanto como los guantes, en ese tramo resulta de extrema importancia, ya que en caso de no tenerlos, con el tránsito vehicular, no tardarán en llenarse nuestros ojos de tierra, impidiéndonos pedalear con normalidad.
Una vez finalizado el arduo tramo de ripio, una bajada preciosa nos deposita en el lago Falkner, que cuenta con un excelente camping, que resultó el preferido de todos los viajeros, con una excelente vista.

Lago Falkner - Lago Hermoso - Lago Machónico - Lago Lacar - San Martín de los Andes



Luego de dos días completos en el Falkner, partimos para San Martín de los Andes, dispuestos a realizar los últimos 45 km del recorrido de la ruta de los Siete Lagos, en un día.

Esta vez, lo logramos, con creces.



Los últimos 45 km son un verdadero encanto. Además de pasar por el Lago Hermoso y el Machónico, la ruta ofrece un paisaje constante y dinámico, que no deja de maravillarnos. Los primeros 20 km de recorrido no ofrecen ninguna dificultad. Las pocas cuestas que encontramos, se suben fácilmente gracias al impulso de las bajadas. Al llegar al cartel que nos indica que tenemos a San Martín de los Andes a 25 km, luego de una excelente bajada, tendremos unos kilómetros de cuesta ascendente, de dificultad media-elevada.



Pero todo vale la pena cuando llegamos al mirador del Pil Pil, el último de la ruta de los Siete Lagos, que es la antesala de la parte más hermosa de todo el recorrido: 15 km de constante bajada, con el Lacar descubriéndose a nuestra izquierda. Gritos y lágrimas de emoción no se hacen esperar en este tramo, donde el premio por los casi 300 km realizados llega. Solamente estos 15 km alcanzan para justificar todos los esfuerzos que puede demandar este viaje y todos los contratiempos que podamos llegar a tener que superar.

Una vez llegados a San Martín de los Andes, nos alojamos en el Hostel La Colorada, donde pasamos cuatro días de descanso previo a la vuelta a Buenos Aires.

Un viaje sin igual.



CONSEJOS:

Más allá del relato del recorrido realizado, me parece importantísimo dejarles una serie de consejos a todos aquellos que quieran animarse a hacer este viaje, sobre todo si es la primera vez que lo hacen en bicicleta.

  • Embalar la bici ajustando todas sus piezas, tratando de que nada quede suelto dentro de la caja.
  • Llevar todas las herramientas necesarias para su armado y desarmado. Hay unas muy buenas que contienen todas las herramientas necesarias para la bicicleta, en una sola herramienta. Resultan muy útiles.
  • Utilizar guantes y lentes. Llevar, por lo menos, dos cámaras de repuesto, inflador, tensores para las carpas, bolsas de dormir y alforjas. Una cadena de repuesto, también podría ayudar, pero no es indispensable.
  • No planificar tramos excesivamente extensos sin antes cotejar alternativas para parar a mitad de camino por cualquier inconveniente.
  • Llevar algún material para poder cubrir las bicicletas, evitando que queden a la intemperie.
  • Cotejar que el manubrio no se desajuste y, en caso de que haga algún juego, ajustarlo con una llave.
  • Llevar siempre agua y alimentos como barras de cereal, nueces o almendras. En caso de que nos quedemos sin agua, podemos tomar o llenar nuestras botellas con agua de los lagos.
  • Tratar de salir lo más temprano posible a pedalear. El límite debería ser el mediodía.
  • Consultar cómo vienen los vientos. Si no nos resulta posible por no tener señal, en caso de que sea notorio el viento en contra y, si el tiempo lo permite, postergar el pedaleo.
  • Cuando el cuerpo lo pida, detenerse. Si una cuesta es demasiado pronunciada, hacerla caminando. No es bueno quemar piernas. El camino debe disfrutarse y no convertirse en un padecimiento.
  • Acostumbrarse a pedalear con peso sobre la bicicleta. Recorrer algunos kilómetros con alforjas antes del viaje. Andar con peso detrás, no es lo mismo que no llevarlo. La bicicleta pierde algo de estabilidad y las curvas deben ser encaradas con más precaución que de costumbre.
  • Llevar un cubrealforjas o introducir la ropa en bolsas de consorcio, para evitar que se moje en caso de que nos agarre la lluvia. En la montaña, nunca sabremos cuándo puede largarse un chaparrón, y llegar al próximo camping con toda la ropa mojada, puede hacernos poner de bastante mal humor.
  • Si el viaje se planea en grupo, y cada uno posee ritmos de pedaleo distintos, cada uno debe ir a su ritmo, según lo que su cuerpo le permita. No es bueno obligar a los demás a adaptarse al ritmo de uno, ya sea más lento o más rápido. No seguir nuestro ritmo natural puede lastimarnos. Los caminos que recorrimos son poblados y nadie está solo en esa ruta. Siempre alguien puede ayudarnos en caso de que nos pase algo. Si todos llevan el mismo ritmo por estar entrenados en conjunto, mucho mejor.
  • Acostumbrarse previamente a andar en ruta si es que nunca lo han hecho. No es lo mismo que andar por la ciudad. La concentración requerida es mayor. Los automóviles pasan a velocidades muy altas, muy cerca nuestro, produciendo un leve "empujón" en nuestra contra. Estar atento a las bocinas de los camiones y prestar muchísima atención cuando tengamos un camión de frente y otro detrás nuestro.
  • Realizar el recorrido desde Villa la Angostura hacia San Martín de los Andes y no a la inversa. En caso de hacerlo en el sentido contrario, arrancaríamos con 15 km de cuesta ascendente que nos jugarían una verdadera mala pasada.
  • Planear el recorrido en menos días de los que tengas en total para tomarte. Siempre es conveniente dejar tres o cuatro días de resto, al final, por si es necesario detenerse por alguna razón, más de lo planeado.
  • No guiarse por la cantidad de kilómetros a recorrer, sino por la calidad del camino. Para ser gráfico, los últimos 45 km desde el Lago Falkner hasta San Martín de los Andes, resultan mucho menos cansadores que tramos de 5 o 6 km con cuesta ascendente pronunciada.
  • Para embalar la bicicleta a la vuelta, encontramos una bicicletería, sobre la calle Elordi, en San Martín de los Andes, que realiza "servicio de embalaje". Llevás tu bicicleta armada, y por ochenta pesos te la embala y envía al hostel o a la terminal (si te vas en micro).
  • Siempre saludá a los otros ciclistas y preguntales si necesitan algo. 
Espero que les resulte útil este relato. Invito a todos a sumar todos aquellos consejos que crean necesarios.


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