26 feb. 2010



La noche llega regalándonos su paz.
El mejor momento del día. No caben dudas.
Ya siendo chicos la usamos para hacer lo que no se debe hacer (¿Quién dice qué se debe hacer y qué no?).
Cuando crecemos un poco (un poco nada más) nos damos cuenta de que es superior al día.
Les escribo con una mágica temperatura envolviéndome y un tango del gran maestro Astor Piazzolla, interpretado por el genial Al Di Meola...
Es tan pero tan linda la noche, que nos permite divagar y pensar una vez más en lo excelsa que es la música, cuántas fronteras atraviesa, a cuántas almas alegra.. Y de pronto se me cruza por la mente "No soy de aquí, ni soy de allá, no tengo edad ni porvenir", al ratito "La Balsa", luego "Help!" y más tarde "Libertango", para confirmar la teoría.
Se necesita ser noctámbulo para amar estos ratos de relajación pura. Me recuerda algo que leí hoy por ahí: "Las mejores cosas pasan de noche. Nadie se arrepintió a la noche por no haber salido de día..."
Y qué bronca nos da cuando no podemos permanecer despiertos por tener que cumplir nuestras obligaciones... Pero qué grande es el placer cuando sí podemos hacerlo. Se disfruta el doble.
Definitivamente hay que aprovechar cada noche en la que no dormimos.
Cada noche dormida es una noche perdida, donde podrían haber sucedido eventos mágicos que no se dieron por haber estado con los ojos cerrados.
Me gustaría poder, mediante un grito que no despierte a los que duermen, saludar a todos los colegas que disfrutan de la noche, a esos que no duermen, donde quiera que estén... ¡Salud!



2 comentarios:

Valèrie dijo...

Excelente reflexión, me adhiero al cien por ciento.

Tom/Shine. dijo...

Tiendo a dormir mas tarde ahora, mas es por lo tranquila que es la noche. Pero quedarse dormido tampoco es una perdida, uno descansa y hasta podría soñar si se lo permite.
Hare Krishna.