27 mar. 2011

Declaro mi odio contra aquellos que se pasan los recitales filmando.
Amén del exagerado y sarcástico comentario, me irrita que se preocupen más por asegurarse una pieza que posteriormente les permitirá demostrar que han concurrido, que por vivir el momento. Ya lo dijo Don Airey, actual tecladista de Deep Purple, hace unos días: se lamenta por ellos, que no se entregan al disfrute que el artista está ofreciendo por estar ocupados en otra cosa.
Algunos dejan al descubierto su hipocresía: van solamente a capturar un momento en un video, que se escuchará mal y estará contaminado por gritos de la gente que se encontraba alrededor. Pagan su entrada exclusivamente para que otros sepan y vean que han estado. Dicen que les gusta el artista, que llena su alma, pero no es así. Todo se transforma en una enorme pantalla en pos del "qué dirán".

Y cuántas y cuántos hay...

2 comentarios:

Tom/Shine. dijo...

En una época donde las redes sociales permiten, para bien o mal, mostrarle a todo el mundo tu actividad diaria, nacen estos sujetos de los cuales uno duda que disfruten realmente del concierto.

Unas veces he grabado, pero he tenido que apagar la cámara, me gusta moverme con la multitud, cantando un gran himno rock a todo pulmón. Y toda esa energía de una noche, una cámara nunca podrá grabarla.
See ya!

Valèrie dijo...

Adhiero absolutamente, yo siempre saco alguna fotografía al comienzo del recital y nada de videos, además es realmente molesto cuando te tapan las cámaras, especialmente cuando vas al campo.

Quiero compartir unas palabras que leí el año pasado en un libro y que me quedaron grabadísimas:

"Ya no me despierto, el sueño está sobre mi espalda y no me abandona. Sólo puedo escaparme de él a fuerza de insurrecciones de insomnio, que me llevan a ayer. En todas partes, en todos los lugares públicos, el sueño me televisa, me celulariza, me internetiza, me webiza.
Por otra parte, yo también voy en ese sentido: saco fotos, filmo, grabo y lo pongo en un CD. Me imagino que después voy a usar todas estas imágenes guardadas y sonidos grabados. Le voy a decir a alguien: 'Ves, ahí estuve yo, pero no estaba ahí: no oí nada, no vi nada. Estaba demasiado ocupado en grabar para que tú lo vieras luego y estaba ausente. El desplazamiento en el tiempo me hace desaparecer del espacio actual. Me volví el turista de mi propia vida, recorro el museo de mi existencia (...)"

(Gérard Pommier, Los cuerpos angélicos de la posmodernidad).

Y además, para complementar:

"Ya todo el mundo debería saberlo. Vivimos una narración de la vida, ya no vivimos la vida, eso hay que aceptarlo".

(Indio Solari, última nota de la Rolling Stone).