5 ago. 2012

La unión desmantelada


Un fantasma sobrevuela el planeta: el fantasma de la xenofobia. Las sospechas y animosidades tribales antiguas y modernas –que nunca se extinguieron por completo y han sido recientemente sacadas del congelador y puestas a recalentar- se han mezclado y combinado con la flamante sensación de inseguridad que se destila de la incertidumbre y desprotección de nuestra moderna existencia líquida.
Los individuos, consumidos y exhaustos por la seguidilla de interminables y nunca concluyentes exámenes de aptitud, y aterrorizados hasta el tuétano por la misteriosa e inexplicable precariedad de su suerte y la niebla global que se cierne sobre su futuro, buscan desesperadamente a quién culpar de sus padecimientos y tribulaciones. No es extraño entonces que los encuentren bajo la luz del farol más cercano, en el sitio exacto que tan diligentemente han iluminado para nosotros las fuerzas de la ley y el orden: “Los causantes de la inseguridad son los criminales, y los causantes del crimen son los extraños”; por lo tanto, “rodeando, encarcelando y deportando a los extraños recuperaremos nuestra perdida o robada seguridad”.
Donald G. McNeil Jr. dio a este resumen de los cambios más recientes del espectro político europeo el título “Los Políticos le siguen el juego al temor por la inseguridad”. De hecho, en todos los países regidos por gobiernos democráticos la frase “mano dura con el crimen” ha resultado ser una carta de triunfo sobre cualquier otra, pero la mano ganadora suele ser invariablemente la combinación de una promesa de “más cárceles, más policías, condenas más largas” con un juramento de “no a la inmigración, no al derecho de asilo, no a la naturalización”. Como señala McNeil, “Los políticos de toda Europa hacen uso del estereotipo de que ‘los causantes del crimen son los extranjeros’ para conectar el odio étnico, en la actualidad indigerible, con el temor en boga por la propia seguridad”. [...]

Fragmento de "Amor líquido". Acerca de la fragilidad de los víncutos humanos. Capítulo cuarto. Zygmunt Bauman. 2003.


"Los libros no piensan por nosotros: son objetos que nos hacen pensar". Umberto Eco.

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